Cristina de Kirchner cambió ayer el eje de su discurso de las últimas semanas en las que había reclamado a los gremios responsabilidad en los pedidos de aumento para las paritarias próximas a iniciarse, y eligió como blanco de sus mayores críticas al sector empresarial. Volvió a hablar de dispersión y distorsión de precios en lugar de inflación y fustigó a los sectores que «aumentan y luego echan la culpa al Gobierno», y pidió, entonces, que se debata «en serio sobre la puja distributiva», en referencia al proyecto en el Congreso para que las empresas repartan utilidades con los empleados (ver nota aparte).
La Presidente habló en extenso durante el acto realizado en el Salón de las Mujeres del Bicentenario en la Casa Rosada, donde anunció acuerdos para el desarrollo de Mercados Concentradores Regionales, y se firmó un convenio entre el Mercado Central de Buenos Aires y la provincia del Chaco. La mandataria se rodeó en la oportunidad de ministros de su gabinete como los de Economía, Amado Boudou; y de Industria, Débora Giorgi; además del secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini; el presidente de la Cámara de Senadores, José Pampuro; y los gobernadores Jorge Capitanich (Chaco) y Celso Jaque (Mendoza), entre otros. Quizá por el contenido de sus palabras, Cristina quiso rodearse de aliados del kirchnerismo, que ocuparon la primera fila (ver pág. 11).
Los que siguen son los principales conceptos del discurso presidencial:
Si uno ve los precios mayoristas del Mercado Central, ve que en realidad lo que hay -aunque a algunos les moleste el término que utilizó nuestro ministro de Economía- es dispersión, muchísima distorsión y muchísimo aprovechamiento de estas situaciones.
Existe una inmensa dispersión y distorsión, inclusive dentro de las propias cadenas de una sola marca, que según el barrio en el que esté ubicado el supermercado las cosas tienen un precio y si está en zona norte, otro.
Es curioso que los que más agitan expectativas inflacionarias son los formadores de precios. El inmenso esfuerzo que está haciendo el Gobierno en sostener la demanda agregada debería terminar con la costumbre consuetudinaria de algunos sectores de querer apropiarse de rentabilidad vía precios, y no aumentando la oferta.
Juegan mucho con nosotros desde lo mediático y desde la memoria. Llegó el momento de debatir en serio estas cuestiones: si realmente la puja se agrava, discutamos entonces sobre la rentabilidad de ganancias.
La verdad es que los precios que realmente causan expectativas inflacionarias son fundamentalmente los de las tarifas, porque si aumenta la luz, el gas y el agua, la gente no puede prescindir de estos elementos. El Ejecutivo, en lo que es su responsabilidad, la regulación de precios porque son bienes inelásticos, ha actuado fuertemente. Por su parte, Shell, más que una empresa, parece un partido político opositor.
Escuchar pronunciarse a centrales empresarias o empresarios acerca de los problemas de los precios resulta absurdo y, al mismo tiempo agarrar los diarios y ver que se caen de ofertas de precios y de bienes de consumo de la primera hasta la última página.
En todo caso, si realmente no hay tanta rentabilidad en las empresas, tampoco (hay que) molestarse cuando quiera discutir la participación de los trabajadores en la rentabilidad de las empresas porque es una forma de mediar en esta puja distributiva, y si no hay tanta rentabilidad y les va tan mal, qué problema habría en ver cómo se puede participar.
No se puede seguir con la ridiculez de leer el diario y ver a los comerciantes y empresarios quejarse porque aumentan los precios y echarle la culpa al Gobierno. El Estado tiene que garantizar actividad económica sosteniendo la demanda, con un fuerte mercado interno, con fuerte sesgo exportador. (Los empresarios) deben acompañar a una gestión que permitió alcanzar un boom de consumo.
En la Argentina se habla mucho de federalismo, pero siempre cuando es la Nación la que tiene que poner cosas, recursos e infraestructura. El federalismo es a dos partes. Es gestión con las provincias.
Somos el Gobierno que más ha desendeudado a la Argentina desde Bernardino Rivadavia para acá. Fuimos los que más reservas acumulamos en el Banco Central. La mejor calidad política la tienen que hacer los políticos, los que tienen necesidad no de decir «tengo un plan» (en alusión a Francisco de Narváez), porque eso ya lo escuché, sino los que cuentan el plan.
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