14 de enero 2010 - 00:00

Emotiva y singular comedia mortuoria

El delicado film japonés «Final de partida» puede parecer convencional y, por momentos, hollywoodense, pero tal vez sólo así el público general puede aceptar su contenido.
El delicado film japonés «Final de partida» puede parecer convencional y, por momentos, hollywoodense, pero tal vez sólo así el público general puede aceptar su contenido.
«Final de partida» (Okuribito, Japón, 2008, habl. en japonés). Dir.: Y. Takita. Guión: K..Koyama. Int.: M. Motoki, R. Hirosue, T. Yamazaki, K. Yo, K. Sasano, K. Yoshiyuki.

Para muchos puede resultar demasiado convencional esta película japonesa de controladas y suaves emociones, con una mezcla típica de realismo y caricatura, risa, ternura y seriedad, soluciones previsibles, e incluso momentos algo hollywoodenses (por ejemplo, esos fragmentos donde se sintetizan varias acciones representando el progreso del personaje), y la verdad es que de eso se trata. De una obra de estilo convencional. Porque tal vez sólo así podría el público general aceptar su contenido.

Vaga y libremente motivada por la lectura de «El hombre del cajón: diario de un amortajador budista», de Shinmon Aoki, empresario de pompas fúnebres, ésta es una emotiva y singular comedia mortuoria, donde un músico aprende el delicado oficio de nokanshi, un oficio bastante lúgubre pero bien remunerativo y, sobre todo, muy necesario y útil para el consuelo de la gente. Digamos eufemísticamente que se irá convirtiendo en un maestro de ceremonias fúnebres. Y que ciertos detalles de esas ceremonias es mejor no escribirlos.

Escritos, darían mala impresión. Paradójicamente, en pantalla se muestran con tal delicadeza que el espectador puede aceptarlos, y hasta puede admirarlos.

Sensaciones

En suma: convencional, delicada, emotiva, previsible, algo curiosa. A eso agreguemos que transmite calma y un poco de sabiduría. Y cada tanto, provoca sonrisas. La turbación del protagonista, la perplejidad de su aguantadora esposa, el desprecio del viejo compañero que por un momento se cree superior, la mirada tranquila, conocedora, del maestro y dueño del negocio (porque la muerte también es un negocio), las situaciones agridulces que viven los deudos en algunas ocasiones, empezando por los padres de un travesti cuando se les pregunta por el maquillaje que ha de emplearse en la ceremonia (porque la vida también es agridulce, y esta película se ocupa sobre todo de los vivos), van jalonando el relato, que dura lo suyo, pero se hace bien llevadero.

Autor, el veterano Yojiro Takita, que empezó su carrera haciendo pornosofts (queda más lindo decir pinku eiga). En el rol de patrón y padre sustituto, Tsutomu Yamazaki, recordado actor de «El cielo y el infierno», «Bondad humana», «Kagemusha», y otras de Akira Kurosawa, y protagonista de «El funeral», de Juzo Itami. Música, Joe Hisaishi, el mismo de los dibujos de Hayao Miyazaki y los asesinos melancólicos de Takeshi Kitano. Título original, «Okuribito», que según parece significa algo así como «el que envía». Oscar al mejor film extranjero 2008, dicho sea de paso.

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