Aunque la película no lo dice, el protagonista de «Rojo como el
cielo» está basado en el ingeniero Mirco Mencacci (director de
sonido de «La mejor juventud), quien perdió la vista en un accidente
cuando era niño.
«Rojo como el cielo» (Rosso come il cielo, It., 2005, habl. en it.). Dir.: C. Bortone. Guión: C. Bortone, P. Sassanelli, M. Zapelli. Int.: L. Capriotti, P. Sassanelli, S. Gulli, M. Cocci, F. Maturanza, S. Colombari, N. Mozzato.
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La película no lo dice, pero el personaje de esta emotiva, divertida, e inspiradora película, el niño Mirco Balleri, está basado en el ingeniero Mirco Mencacci, natural de la hermosa campiña toscana, que allá a comienzos de los '70 era un chico inquieto, alegre, hasta que, debido a un accidente, fue perdiendo la vista y pasó el resto de la infancia en un instituto para niños ciegos. Lo que no le impidió subirse a los árboles, pelearse a trompadas con otro chico interno, escaparse en bicicleta con la hija del portero, y llevar a los demás pibes al cine, a escuchar una cinta cómica. No siguió siendo exactamente el mismo chico alegre e inquieto. Lógicamente estaba amargado, se rebelaba a la idea de aprender braille y artesanías para ganarse la vida, sin más mundo que ése. Pero por suerte encontró algunos amigos, un vehículo maravilloso para sus energías creativas, y dos adultos (un cura y un izquierdista, también ciego) que lo respaldaron frente a la desconfianza de los mayores. Ese vehículo, era un grabador a cinta, con el que empezó a realizar sus propias ediciones de descubrimientos y cuentos sonoros. El mundo se le abría con sus maravillas, y él quería y podía transmitirlas, y contagiar a los demás niños su entusiasmo. Pero, ¿cómo hacer entender a los mayores ciertas cosas?, ¿cuándo cambiarían ciertas pautas educativas y sociales?, ¿y cuánto más le llevaría a él la aceptación de su propia ceguera?
Este es un relato sencillo, riquísimo, bien recomendable, con detalles de natural poesía, un buen grupo de niños, algunos de ellos auténticamente ciegos (como el gordito que hace de Felice), un director de gustos populares, venido del cine documental (a destacar, «Sono positivo»), dos coguionistas duchos en los diálogos (el actor Paolo Sassanelli, que se reservó el papel del cura) y en los métodos pedagógicos (Monica Zapelli, autora de una biografía televisiva de la educadora María Montesori), y una banda sonora admirable. Asesor de la misma fue el propio Mirco Mencacci.
Sí, la película no lo dice, quizá porque la intención fue universalizar un ejemplo, antes que destacar una excepción. Mencacci es el editor de sonido de «La mejor juventud» y decenas de otras películas, es músico, creó su estudio de grabación, otro de postproducción, y la Fundazione In Suono, y ahora impulsa un Museo Dinamico del Suono, destinado a abarcar desde los aparatos de Edison en adelante, amén de un archivo de voces célebres.
«Rojo como el cielo» acumula 28 premios, desde Durban y Poznan hasta Karachi, Tel Aviv y Sao Pablo, incluyendo el Grand Prix del Internacional de Niños de Montreal y el reciente Internacional de San Luis, ocho del público, y dos de jurados infantiles.
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