28 de julio 2009 - 00:42

Empresarios llevan frente común al salario mínimo

Héctor Méndez
Héctor Méndez
Los empresarios intentarán presentar un frente unido cuando hoy a las 17 comience a sesionar el Consejo del Salario en el Ministerio de Trabajo. Con esa meta ayer estuvo reunida la «Mesa Técnica» del Grupo de los Siete (G-7) que conforman la Unión Industrial Argentina (UIA), los banqueros nacionales (ADEBA), la Bolsa porteña, las cámaras de Comercio y de la Construcción, la Sociedad Rural y la CRA. Hoy esa asamblea se ampliará para albergar (en caso de que decidan participar) agrupaciones como la CGE, la CEN (Confederación de Empresarios Nacionales) y CAME, las dos primeras de posiciones inocultadamente cercanas al Gobierno de los Kirchner.

De todos modos, la gestión se parece a una coreografía en la que cada danzarín tiene una parte asignada: los sindicalistas pedirán, el Gobierno coaccionará para que se acepte el pedido de Hugo Moyano y sus adláteres, los empresarios protestarán y al final caerá el telón con la firma de un convenio en el que se otorgará lo que reclaman los gremios.

«Nosotros invitamos a todos a reunirnos a las 16, o sea una hora antes del horario previsto para el inicio de la sesión del Consejo», dijo a este diario una alta fuente del G-7. «Si vienen o no, será una decisión exclusiva de ellos».

El organismo discutirá hoy la suba del salario mínimo, que la CGT (que estará representada en la mesa, lo mismo que su rival CTA) aspira elevar hoy mismo a $ 1.450. Desde la UIA aseguraron que «vemos muy difícil que se apruebe en la primera sesión. Nosotros deberemos llevar la propuesta a nuestra Junta Directiva (especie de colegiado legislativo de la central fabril que preside Héctor Méndez) que se reúne el miércoles por la tarde para que se trate allí». En términos parecidos se expresaron fuentes de los otros integrantes del G-7.

Desde ya, esta necesidad de lograr la bendición de las distintas instancias de las entidades empresarias no oculta su rechazo a fijar en $ 1.450 el salario mínimo. Si bien el argumento oficial es que ese monto ya es percibido por la casi totalidad de los empleados abarcados en convenios colectivos, los empresarios contraargumentan que una suba en el mínimo tendrá el efecto inevitable de empujar hacia arriba toda la escala salarial, lo que pondría en riesgo de desaparición a un buen número de empresas, en especial pymes.

Involucrados

Lo que se denomina «universo directo» (quienes efectivamente verán incrementados sus ingresos por el aumento del mínimo) es relativamente chico: 300.000 asalariados. El problema mayor para los empresarios no son estos trabajadores sino el «efecto empuje», como lo denominan. Hoy en las dos reuniones el G-7 explicará por qué no se puede subir el mínimo con los siguientes argumentos:

  • los gremios, una vez obtenida la suba del salario mínimo, reclamarán que ese mismo porcentaje sea aplicado a toda la escala convencional. Ya pasó antes, y volverá a suceder. La razón que esgrimirán: no «achatar» la pirámide salarial. Querrán conservar las diferencias entre categorías que existían antes del aumento del mínimo.

  • Hay regiones como el NEA y el NOA en las que la crisis es aún más profunda, y en las que será virtualmente imposible -para buena parte de las firmas radicadas allí- cumplir con lo que ordene el Consejo si la suba es de tal magnitud.

  • La suba del mínimo empuja a muchos más trabajadores a la informalidad, porque tanto el empleado como el patrón se pondrán de acuerdo para eludir el pago de cargas sociales. El fenómeno de expulsión de la formalidad al campo informal es mundial, explicará Daniel Funes de Rioja, que además de ser vicepresidente de la UIA y abogado laboralista, es vicepresidente de la Organización Internacional del Trabajo.

    En la actualidad el salario mínimo está fijado en $ 1.250. La CGT reclamará que se lo lleve a los mencionados $ 1.450, pero -como siempre- será corrido «por izquierda» por sus enemigos de la CTA, que a ese reclamo le sumarán la sanción de una ley de «emergencia ocupacional» que congele todo despido por 180 días. La música de este ballet -en el que el Gobierno supuestamente no vota pero en los hechos marca el paso- comenzará a sonar esta tarde a las 17 en el despacho de Carlos Tomada.
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