30 de enero 2009 - 00:00

Empresas no piensan en aumentos, sí en despidos

En una versión renovada de la frase que Álvaro Alsogaray acuñó hace 50 años, los ejecutivos de la mayoría de las empresas se plantearon a comienzos de diciembre un objetivo: «Hay que pasar el verano». Pero el verano está más cerca de terminar y la estrategia montada para evitar la ola de despidos comienza a agotarse. En ese derrumbe se basa también buena parte del argumento que utilizarán las empresas para frenar los reclamos gremiales de Hugo Moyano y sus amigos cuando se reabran las paritarias en los próximos días.
«Acá no se toma conciencia de la realidad que vivimos. Hablar de aumentos de salarios y, además, desmesurados, en estos momentos, es un despropósito. No sabemos cómo vamos a hacer para volver a la actividad después de las vacaciones, porque se derrumbó el consumo y vamos a enfrascarnos en una puja por aumentos. El objetivo tiene que ser mantener el empleo», se atajó un directivo de una metalúrgica.
Respuesta
A fin del año pasado, el sector industrial decidió responder a la caída de la demanda con una serie de medidas. Los planes de producción estaban planteados para un escenario de consumo sostenido, pero la crisis local, sumada al colapso financiero internacional, obligó a modificar bruscamente lo proyectado.
Por eso, en muchas empresas se redujo el nivel de actividad al mínimo y, en otros casos, directamente se paralizaron las líneas de producción. De esta manera, se buscó bajar los stocks que rápidamente se habían acumulado en el inesperado cambio de tendencia.
También se apeló a la suspensión de personal y despidos que en algunos casos debieron dar marcha atrás ante la presión del Gobierno, que buscó evitar las cesantías masivas.
Vacaciones
Una de las medidas más utilizadas fue adelantar vacaciones al personal para concentrarlas todas entre enero y febrero. Incluso en muchas empresas se otorgaron vacaciones adicionales a cargos de las compañías. Esto fue una forma de no tener al personal ocioso en las fábricas sin entrar en conflicto con un Gobierno que no quería hablar de desocupados.
La esperanza de que el clima económico mejorara durante esta tregua se disipó, y durante febrero comenzarán a volver a la actividad con un escenario aún más duro.
Es por eso que a la hora de sentarse a negociar con los sindicalistas centrarán el eje de la discusión en cómo mantener las fuentes de trabajo y no en entrar en una escalada salarial.
Un ejemplo de esta situación se vivió hasta hace pocas semanas con los empleados de las concesionarias de autos afiliados al SMATA. A mediados del año pasado, cuando las ventas de 0 km no paraban de crecer, reclamaban un aumento del 65% por 12 meses y amenazaban con parar toda la industria automotriz. Los hombres de José Rodríguez se sentían poderosos. Finalmente, cerraron con un incremento del 40% por 16 meses. Si bien sigue siendo un incremento elevado, que puso los pelos de punta a la cúpula de la UIA, quedó lejos de la demanda inicial.

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