18 de febrero 2016 - 00:00

En búsqueda de los marginados

• Contrastes. Cuando llegó a la Ciudad de México, en el aeropuerto lo recibieron invitados selectos. Francisco caminó por una imponente alfombra roja, pero no tardó en desviarse de ahí para acercarse a la gente que le pedía la bendición. Fue la pauta de su viaje: ir al encuentro de los que están fuera de la alfombra roja.

• Periferias. Estuvo en regiones que son un espejo de las penurias de México. Acudió al suburbio populoso y deprimido de Ecatepec; al Chiapas de los indígenas pobres y marginados; a la ciudad de Morelia, capital de un estado sometido por las redes del narcotráfico; y a Ciudad Juárez, símbolo de la violencia y del drama de los migrantes. También visitó a presos, ancianos y enfermos.

• Reproche a las elites. Los políticos, líderes económicos y los obispos tuvieron que oír varias críticas. A la clase dirigente Francisco le advirtió que el beneficio de unos pocos, excluyendo a las mayorías, crea un terreno fértil para la corrupción y el narcotráfico. Y a los obispos los conminó a no comportarse como "príncipes" envueltos en intrigas y alejados de su pueblo.

• Deudas. Pese a las expectativas, no hubo reunión con los padres de los 43 estudiantes desaparecidos en el sur del país que habían pedido una audiencia.

• Susto. El piloto del avión que trasladó a Francisco en su viaje a Cuba y México alertó que "un láser verde" los apuntó durante su descenso a la capital mexicana el 12 de febrero pasado, lo que pudo poner en peligro a los pasajeros y tripulantes.

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