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En Decastelli, el cartón es material noble
El riguroso Osvaldo Decastelli no conoce barreras para desarrollar formas que invaden el espacio armoniosamente, y a pesar de la fragilidad del cartón, él lo convierte en imperecedero.
La muestra está atravesada por lo sacro, por las imágenes talladas de Cristo en la cruz a la manera del arte colonial, fusionada con la mezuzá, o la imagen vestida, como un hombre judío de un campo de concentración y hasta una digitalización irreverente con un gorro navideño.
Se pasa por potentes fotografías ante las que por su crueldad desviamos la mirada, por ejemplo, «Circuncisión» y «Tres más Uno». Ahora estamos frente a dos imágenes digitales sobre tela, «La Inquisición de Yeshúa», basada en «Tribunal de la Inquisición» de Goya, y ante «Ecólatras», una Ultima Cena presidida por un Cristo con cabeza de oso polar. Hay un pesebre en acrílico y madera, piezas negras, clausurado todo vestigio de imagen representativa, la superposición de una cruz roja con una esvástica cuando ambas giran, un ajedrez en el que las piezas negras aluden a niños africanos hambrientos y las blancas, a osos polares ganadores. Hay también una video- instalación de un Buda cantando el Ave María.
Pero esto no es todo. Una puerta conduce a un siniestro recinto donde hay una reproducción de un retrato de Inocencio X de Francis Bacon cuyo rostro está sustituido por el de Pío XII, con una pantalla de pelo humano y donde resuenan los gritos de gente que está siendo torturada.
Quizá, Tenenbaum busca desacralizar lo que está aceptado como sagrado. Poner en tela de juicio el papel de aquellos que debieron evitar tantos holocaustos a causa de su no compromiso, así como el hambre en el mundo, el vaciamiento del sentido de las palabras, la hipocresía, la sustitución de ciertas idolatrías por otras más mundanas. Un mundo aparentemente sin redención que Tenenbaum expone a través de tan diversos medios
Ambas muestras clausuran el 16 de julio.
Mariano Costa Peuser (Mendoza, 1958), vive en Miami desde el año 2000 y es un destacado fotógrafo profesional cuyo trabajo es altamente apreciado por museos, galeristas, artistas y coleccionistas. Su obra personal se vio por primera vez en Buenos Aires Foto (2008), donde expuso «Miami Construction», que no mostraba el paisaje dorado de sus playas sino el de la proliferación de grúas y altas torres que cambiaron su fisonomía a causa del boom inmobiliario, hoy de destino incierto.
Hasta el 23 de junio expone la serie «Anti Art-Man» en Galería Del Infinito (Quintana 325 PB), que se destaca por su lujosa apariencia y a su vez, quizás una contradicción, por su despojamiento. Papel metalizado sobre drive mount, photo shop, dos elementos, un marco vacío y un muñeco de madera articulado le bastan para desarrollar una idea y una historia, probablemente la suya.
Con mirada irónica, muestra la acrobacia, los juegos malabares que un artista debe hacer para insertarse en el mundo del arte, sobre todo si es extranjero. El hombrecito articulado se balancea, carga torres de marcos sobre su cabeza, muestra su obra, entra y sale de la obra, se apoya en ella y lucha por ella. Cuando estos hombrecitos se agrupan, la imagen se vuelve más dramática, cientos, luchando codo a codo. Una imagen seductora por su nitidez y profunda por su contenido.


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