4 de agosto 2014 - 00:00

“En el melodrama no hay medias tintas ni distanciamiento”

Además del melodrama campero “El corazón del incauto”, Alejandro Ullúa se prepara para estrenar, el 8 de agosto,  su obra “Nosotros...los amantes”, en homenaje a sus padres, y en octubre, “Justo en lo mejor de mi vida”, de Alicia Muñoz, en Jujuy con actores locales.
Además del melodrama campero “El corazón del incauto”, Alejandro Ullúa se prepara para estrenar, el 8 de agosto, su obra “Nosotros...los amantes”, en homenaje a sus padres, y en octubre, “Justo en lo mejor de mi vida”, de Alicia Muñoz, en Jujuy con actores locales.
Alejandro Ullúa dirige "El corazón del incauto", melodrama campero escrito por Patricia Suárez y Sandra Franzen, que acaba de subir a escena en Hasta Trilce (Maza 177). La obra transcurre en la década del 20 y plantea un ambiguo triángulo amoroso, entre un matrimonio de inmigrantes italianos y un peón contratado para la cosecha, encarnados por Mariano Mazzei, Georgina Rey y Martín Urbaneja.

Casi en paralelo, Ullúa estrenará el 8 de agosto, en el teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, "Nosotros... los amantes", un espectáculo de su autoría en el que evoca la vida de sus padres a través de un cancionero romántico con temas del siglo pasado interpretados en su idioma original. Encabezan el elenco: Christian Giménez, Magali Sánchez Alleno y Sebastián Holz (como alter ego del autor y director). Para octubre prepara "Justo en lo mejor de mi vida" de Alicia Muñoz, a estrenarse en Jujuy con actores locales.

Periodista: Son trabajos muy diferentes...

Alejandro Ullúa:
Para mí están unidos por mis propios recuerdos de la vida en el campo. Es curioso, yo nací en plena Recoleta, en una clínica hoy desaparecida en la que Mirtha Legrand tuvo a sus dos hijos. Pero de ahí me extrapolaron a Santiago del Estero, la tierra natal de mis padres. Viví en un pueblito que ni nombre tenía, le decían Kilómetro 49, y hasta los doce años no conocí la luz eléctrica ni el agua corriente. Como mi mamá era maestra en La Banda y me llevaba con ella cuando daba clase a los tres primeros grados, aprendí a leer a los 3 años. Y como era un chico retraído y muy poco aventurero, enseguida me volqué a los libros. Después me vine a Buenos Aires a estudiar Letras y al poco tiempo descubrí mi vocación por el teatro.

P.: ¿Su experiencia en el campo fue tan hostil como la que describen Suárez y Franzen en "El corazón del incauto"?

A.U.:
Conocí esa soledad y aunque nací mucho después, en 1964, también fui testigo de esos secretos pueblerinos que circulan en la sombra: maternidades no deseadas, violencia de género, alcoholismo... Franzen es santafesina, de origen suizo-alemán, y Suárez nació en Rosario, así que las dos conocen muy bien los conflictos de aquellos inmigrantes. Es un melodrama de los años veinte, sólo que ellas le aplican un giro extraño al vínculo de este matrimonio. Esto es lo que diferencia a la obra de otros exponentes del género. Además de sus diálogos tan tersos.

P.: ¿Cómo es esta pareja?

A.U.:
Ella es muy religiosa y ruega a la Virgen para quedar embarazada. Está muy defraudada del entorno y se encierra en su casa. Cada noche comparte con su esposo una suerte de rito prohibido: utilizando sus mejores prendas ella transforma a su marido en una bella muchacha sin que nadie los vea. Pero, durante la cosecha, llegan los peones y uno de ellos se enamora de ese arquetipo femenino que creó su patrón. Como verá, la pieza supera el cliché de la chica pobre enamorada del patrón. Además, este peón no sabe si está enamorado de un hombre travestido o de una mujer. Mi puesta se aleja de todo costumbrismo. Basta con ver el escenario tapizado en alfalfa y los muebles insertados ahí mismo. También la música corre por otro lugar: de Arvo PTMrt a Puccini y de Liguetti a una tarantela del siglo XIX. En el melodrama no hay medias tintas, el que pretende distanciarse con humor va muerto. Hay que jugarse por su código de actuación. Aquí los personajes se hablan de usted y se mueven en un terreno de pasiones extremas con resonancias del viejo radioteatro.

P.: Háblenos de "Nosotros... los amantes".

A.U.:
El año pasado murió mi mamá y quedé huérfano del todo. Yo venía de montar en Broadway mi espectáculo de Judy Garland, "Judy... a tribute", con elenco y producción de allá. Fue una experiencia increíble... como venderle naranjas a Paraguay. En lo personal me dejó muy sensibilizado porque siempre relacioné el alcoholismo de Garland con el de mi papá que era un ser muy frágil. En "Nosotros..." dialogo con mis padres a través mi alter ego, interpretado por Holz. Confronto con ellos lo que temo y lo que me signa: el amor, la pasión, la muerte. La cama en la que cada uno murió tenían el mismo número: 24. Y yo nací el 24 del 4 del 64. Y eso me decidió a llevar a escena su historia, aunque me dejara en carne viva.

P.: Dicen que sólo se llega a la madurez cuando se supera la pérdida de los padres.

A.U.:
Lo sé. Por eso este espectáculo es un homenaje a su memoria. Aquí está el mundo de mi infancia y las canciones que ellos escuchaban cuando se conocieron. En mi madurez, necesito recuperar el mundo que me formó y que yo pensé que iba a seguir para siempre. Pero el año pasado perdí a muchos referentes, gente para mí muy querida, como Ernesto Schóo, Elena Tasisto, el periodista Mario Ceretti... Ahora siento que mi tarea es transmitir a otros lo que aprendí. Por eso me hace muy feliz haber sido convocado por el Plan Federal del Cervantes para dirigir en Jujuy, "Justo en lo mejor de mi vida" de Alicia Muñoz, con elenco de jujeños. Estrenamos el 5 octubre, en el teatro Mitre de San Salvador que tiene 103 años y es una de las tantas salas provinciales que se recuperaron en los últimos años.

Entrevista de Patricia Espinosa

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