- ámbito
- Edición Impresa
En el verano norteamericano, música se dice Glimmerglass
Un “Holandés errante” de Wagner entre la tradición y el riesgo.
Para el operómano, un destino cada vez mas frecuente al ofrecer cuatro puestas cada fin de semana de julio-agosto en un ámbito idílico y refrescante. Inaugurado en 1987, el teatro de 950 butacas testimonia su crecimiento a partir de una modesta Bohème en el auditorio de la escuela del pueblo en 1975. Desde la toma de mando de su nueva directora, la neoyorquina Francesca Zambello -regente de la Washington National Opera Glimmerglass experimenta un ambicioso cambio de rumbo. Ya no es sólo ópera, la polémica directora incluye un musical cada año a fin de incorporar otro género y nuevos públicos, además de recitales, conferencias, exposiciones y un ejemplar programa de jóvenes artistas.
La tentadora edición 2013 se ocupó de los homenajeados del año Wagner, Verdi y Britten más el musical de turno y una dupla inusual que completó la entrega. Zambello eligió dos óperas tempranas en la trayectoria de sus creadores, "Der Fliegende HollTMnder" ("El holandés errante") y "Un giorno di regno", haciéndose cargo del Wagner y un Verdi menor por Christian RTMth en respetuosa, desopilante adaptación al inglés ("King for a Day") que legitimó el arriesgado cambio de idioma.
Wagner
En el certero tratamiento del Holandés, Zambello obtuvo brillante resultado a medio camino entre tradición y riesgo. Un bosque de sogas tejió los hilos del destino hasta asfixiar a Senta estupenda Melanie Moore rubricando una puesta feroz en contrastes visuales como en el manejo de la cuota erótica y el humor que anida en la solemnidad wagneriana. Atrapadas, prendidas en las velas, los espectros de previas "Sentas" enmarcaron al notable Ryan McKinny, un nombre para recordar que evoca a su compatriota y predecesor, Thomas Stewart. Jay Hunter Morris (el Siegfried del Anillo metropolitano y de San Francisco firmado por Zambello) fue estentóreo Erik y Peter Volpe un Daland que supo jugar con el interés del padre de la novia. La excepcional teatralidad del coro no hizo que se echara de menos ni un mayor número de coreutas ni la instrumentación reducida de la orquesta que rindió bajo John Keenan.
En contraste, "King for a Day" apeló al Rossini que emana de la partitura del joven Verdi. El enloquecido escenario de los sesenta más un final que cumplió en revivir esta olvidada comedia de enredos se debió a la sincronicidad del admirable elenco donde el "rey" de Alex Lawrence y la marquesa de Ginger Costa-Jackson compitieron en robarse un show dirigido por Joseph Colaneri, flamante titular de la orquesta del festival.
Una insólita dupla titulada "Passions" escenificó el "Stabat Mater" de Pergolesi en una suerte de tableaux-vivant que combinó un escenario á la Dalí con la estética de Martha Graham para lucimiento del ensamble vocal-coreográfico y de los ascendentes Nadine Sierra y Anthony Roth Costanzo bajo la atenta batuta de Speranza Scappucci.
La oferta se completó con la desoladora "The little match girl passion" donde se apreció una versión aumentada del original de David Lang concebida y ejecutada por Zambello que transformó el cuento de Andersen en intenso ritual de Navidad sumando el coro de niños de la comunidad, otro experimento que resulta.
Asistir a "Camelot" de Lerner & Loewe sin amplificación depara una experiencia inédita al público acostumbrado a Broadway, máxime cuando está protagonizada por cantantes de la talla de Nathan Gunn y David Pittsinger. Imposible no mencionar al maligno Mordred de Jack Noseworthy encabezando el resto de un elenco que cantó y bailó con admirable soltura dirigidos por Robert Longbottom y James Lowe en lo musical. Un remate diferente para la audiencia no habituada.
La rubia Lise Lindstrom, tan esbelta como vocalmente caudalosa, lideró un concierto Wagner con los Young Artists. Un torneo vocal que estampó el sello de aprobación al laboratorio y semillero que es Glimmerglass, reconfirmándose con otro recital que celebró el centenario de Britten. Como atracción extra, la honorable Ruth Bader Ginsburg de la Corte Suprema (aficionada tan famosa que inspiró una ópera a estrenarse sobre su rivalidad con el ultraconservador juez Scalia) ofreció una jugosa charla sobre "Los contratos en los argumentos de ópera". Otro lujo que hace que en un festival más allá del valle del Rio Hudson otro destello se adueñe del bien ganado nombre "Glimmerglass".


Dejá tu comentario