"Llevar el Evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo", dijo a los jóvenes en la misa de clausura de la JMJ, en la cual también los llamó a no temer.
"No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor", afirmó Francisco ante una emocionada multitud. Y agregó: "Jesucristo cuenta con ustedes, la Iglesia cuenta con ustedes, el Papa cuenta con ustedes. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos".
El Papa afirmó que el mandato no nace de la voluntad de dominio o de poder, sino de la fuerza del amor. "Jesús no nos trata como a esclavos, sino como a hombres libres, amigos, hermanos, y no sólo nos envía, sino que nos acompaña, está siempre a nuestro lado en esta misión de amor", aseguró.
Señaló, además, que los cristianos son fuertes cuando se unen para hacer frente a los desafíos. "Descubrimos recursos que pensábamos que no teníamos", subrayó.
Por eso, pidió a los sacerdotes que acompañen a los jóvenes en la tarea evangelizadora. "Ayúdenlos a comprometerse activamente en la Iglesia, que nunca se sientan solos", precisó.
Al histórico encuentro en Copacabana asistió la presidenta Cristina de Kirchner, quien estuvo acompañada por sus pares de Brasil, Dilma Rousseff; de Surinam, Desire Bouterse; y de Bolivia, Evo Morales, quien se mostró conmovido por las palabras del Sumo Pontífice. "El Papa dijo que para ser cristiano hay que ser revolucionario y yo soy revolucionario", destacó y contó que le gustó cuando Francisco afirmó que "sin miedo hay que servir al pueblo y ser generoso como era Cristo".
Antes de la misa que puso fin a una semana donde Francisco reforzó los lazos de la Iglesia con la juventud gracias a sus humildes gestos y su estilo sencillo, el Papa recorrió en su papamóvil todo el paseo marítimo de Copacabana, de cuatro kilómetros de largo, mientras decenas de miles de jóvenes corrían por la arena a su par. En numerosas ocasiones detuvo el vehículo para saludar a los presentes, besar a niños e incluso tomar mate que le ofrecieron unos jóvenes argentinos.
Además de los tres millones de fieles de 190 países, un total de 11.000 sacerdotes, 1.500 obispos y 60 cardenales celebraron con el Papa la homilía. Durante el ofertorio, como símbolo del triunfo de la vida fue presentada a Francisco una niña que nació sin cerebro y que aún vive (ver aparte).
Al final de la misa, Francisco anunció que Cracovia, en Polonia, será la sede de la próxima JMJ, que se celebrará en el año 2016. "Queridos jóvenes, tenemos una cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud en 2016, en Cracovia, Polonia. Pidamos, por la intercesión materna de María, la luz del Espíritu Santo para el camino que nos llevará a esta nueva etapa de gozosa celebración de la fe y el amor de Cristo", afirmó ante una fervorosa multitud.
Cracovia es la ciudad de la que el beato papa Juan Pablo II fue arzobispo desde 1962 y cardenal desde 1967 hasta el 16 de octubre de 1987, cuando fue elegido pontífice tras la muerte de Juan Pablo I. Y la JMJ se creó en 1984, bajo su pontificado.
Francisco presidió luego una reunión con los 45 obispos del comité coordinador del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (ver Contratapa), tras la cual mantuvo un encuentro con 12 mil jóvenes voluntarios de la JMJ en el centro de exposiciones Riocentro, antes de trasladarse al aeropuerto para regresar a Roma.
"Frente a la cultura del momento les pido que sean revolucionarios, rebélense contra la cultura de lo provisorio", les pidió y los exhortó a no descartar la posibilidad de ingresar a la vida religiosa. "Vale la pena decir sí a Dios. ¡En Él está la alegría!", aseguró.
| Agencias EFE, DPA, ANSA y AFP |


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