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En Perú aún detona el affaire Montrose
Ollanta Humala
Y demasiados dimes y diretes que obligaron a que anoche la Embajada en Lima emitiese otro comunicado en el que la indignación británica quedó a la vista.
La visita de la Montrose estaba programada «como parte de su despliegue de rutina a la región», y «había sido acordado como un gesto de amistad y cooperación entre el Perú y el Reino Unido», dice el comunicado. Uno de los principales objetivos «era continuar desarrollando la experiencia compartida en el uso de los activos navales contra el narcotráfico». Señala el texto además que «recibir un buque es una decisión soberana de un Estado» y lamenta «que el Perú haya revocado su acuerdo previo a esta visita».
Sin duda, una respuesta contundente al ministro de Defensa de Perú, Alberto Otárola, que en la mañana de ayer había dicho que «la venida de esa fragata inglesa no se ha cancelado, sino que se ha suspendido» y que «va a haber una fecha próxima de ingreso». (Algunas versiones, vertidas por los diarios El Comercio y La República, habían señalado que la cancelación, debido a desperfectos técnicos del buque, fue anunciada por el vicecanciller británico Jeremy Browne en Lima, el viernes 16).
En su comunicado de ayer, la Embajada puso, otra vez, los puntos sobre las íes: «La visita de la fragata no fue discutida durante la reunión entre el canciller Rafael Roncagliolo y el ministro Jeremy Browne el viernes 16 de marzo», agregando que «nosotros conocimos el lunes (19) la decisión del Gobierno peruano de cancelar la visita del HMS Montrose». «El Gobierno británico está decepcionado por esta cancelación y por la manera en la que ésta fue manejada», cierra, con indignación, ese párrafo británico.
La Embajada del Reino Unido también dejó claro otro aspecto del viaje de la Montrose, hasta ayer desconocido. «La Embajada Británica informó al Ministerio de Relaciones Exteriores a través de una nota diplomática el viernes 16 de marzo, que la fragata estaba retrasada y que no estaría en capacidad de arribar a El Callao en la fecha programada», comprometiéndose a informar la nueva fecha de llegada tan pronto lo supiera.
Podrá decirse que estas desmentidas y aclaraciones caen como otra andanada más sobre un canciller peruano acribillado por la prensa, la oposición y desde el propio riñón del Gobierno. Ayer, el jefe de gabinete Oscar Valdés había emplazado a Rocangliolo a que aclarara sobre «esos eventos que se contradicen». «No quiero elucubrar más porque está en juego la relación con el Reino Unido», dijo Valdés.
En cuanto al ministro de Defensa (otro de los cuestionados en Lima por el «affaire fragata británica») dio una entrevista a Peru21 en la que, entre líneas, puede leerse la firme decisión del Gobierno de Humala en «salvarle la cara» a Torre Tagle, la cancillería peruana. Por eso es que Otárola, en respuesta a si se cumplieron o no los pasos formales al momento de la invitación a la fragata, aclaró que primero «hubo una evaluación de política exterior, y quien manda (en ese tema) es Cancillería y no Defensa».
Con esto, apuntan analistas en Lima, el Gobierno de Humala -que desde la purga ministerial de diciembre pasado se quitó el velo y quedó manifiesto como de corte nacionalista y militarista- trata de tender un puente de plata en medio de este desaguisado mayúsculo con el Gobierno de Su Majestad. Y del otro lado del puente está Torre Tagle, que es, finalmente, el centro tradicional de «policy-making» del Perú. Y el centro intelectual que no sólo representa al establishment sino a la continuidad de las políticas públicas en esa república. Como es, en este momento, continuar, y recomponer, una excelente relación con Gran Bretaña.


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