Con las aguas «color chocolate» no hay buena pesca -dicen los aficionados a la caña-, una figura que, como tantas otras que no son acuñadas en los mercados, bien podría resultar práctica para una estampa bursátil como la que se presentó ayer, en todas partes. Donde la tercera rueda no levantó el color del río revuelto, trabajándose en una zona de indefinición permanente. Al concluir la jornada, se poblaron los cuadros con diferencias de escasa relevancia y -en general- con el signo negativo por delante. Un Dow que no encontró algún nuevo ratio «bueno» para poder utilizar de palanca. Quedó inestable, con el 0,62% de baja.
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En la región, el Bovespa también caminó sobre el alambre, llegando a su clausura con leve desmejora, del 0,3 por ciento.
Finalmente, volvió a dar la nota discordante el desarrollo de Buenos Aires. Al menos, en su listado más difundido -el Merval clásico-, que sumó más del 1% de utilidad, aunque en la nómina sin foráneas el resultado fue del 0,3% en contra. Se hizo piso en los 1.534 puntos, tras tocar máximo rozando otro techo -el de los 1.600- y transando en el cierre ya en la defensiva, con sus 1.550 finales.
Total de 41 papeles en avance por 24 en descenso dio un flanco de rueda a favor. Mientras el volumen se situó en franja superior a los 60 millones de pesos efectivos e intentado consolidar un ritmo superior. Importante suma en cauciones, con $ 185 millones y un 28% de las sumas generales.
Quedó como decisivo el aporte de Tenaris, con el 2,2 por ciento de mejora, para hacer que el Merval resultara casi el único «pescador» en sacar algo. Pero trabajoso y condicional, si es que la turbulencia aparecida no se disipa rápido. La Bolsa, con la caña.
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