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Encuentro de creadoras notables
Obra de Mariela Yeregui que integran la muestra en Recoleta «Punto de encuentro-Jardines y paisajes, destinos cruzados».
Sus autoras, Lucrecia Urbano (Córdoba, 1968) y Mariela Yeregui (Prov. de Buenos Aires, 1966), no obstante su juventud, tienen una vasta trayectoria nacional e internacional en el campo del arte. Urbano es licenciada en Grabado y realizó especializaciones en arte digital y grabado no tóxico en Canadá y Estados Unidos. Dirige «Zona Imaginaria», un taller en San Fernando para el estudio de su especialidad, fundó ¿Quién puede vivir en esta casa? residencia para artistas nacionales e internacionales, realiza trabajos de investigación con énfasis en las relaciones interpersonales y con el entorno.
Las cinco instalaciones que presenta están realizadas en vidrio, botellas de vino y cerveza aportados por sus vecinos del taller «Zona Imaginaria», que recicla fundiéndolas en el alto horno.
Flores que trepan por la pared, caen en cascada, se expanden por el piso. Su belleza oscura es peligrosa. En un rincón de la sala, una instalación transparente, como si fuera un árbol navideño con una luz intermitente, también evoca el peligro y la fragilidad. A los pies hay unos cuernos traslúcidos que agregan su cuota de ambigüedad y misterio. Se completa con una serie de fotografías de objetos-esculturas en vidrio de gran complejidad.
Acerca de su propuesta, Urbano señala que «el acto del soplo en latín es el espíritu del viento, en hebreo es neuma, en griego, alma y hálito. El vidrio es líquido y sólido, caliente y frío, transparente, invisible, sutil y se recicla para volver a crear»
Ambigüedad y misterio son también palabras apropiadas para la obra de Mariela Yeregui a quien conocimos en 2005 en Espacio Fundación Teléfonica a través de su inolvidable «Proxemia», una instalación robótica interactiva, una de las obras ganadoras del Premio Arte y Nuevas Tecnologías. De su carácter de artista emergente en ese entonces, es actualmente creadora y directora de la Maestría en Artes Electrónicas de la UNTREF.
Su conjunto de planchas metálicas interconectadas por caños reacciona de manera imperceptible con la presencia del espectador. Al fondo de la sala otra instalación de cables electroluminiscentes, hilos de luz suspendidos, hacen perder la noción del espacio donde uno se encuentra.
Según Yeregui, «los leves cambios prenuncian catástrofes. La dinámica cinética abre horizontes inciertos, violentando sutilmente a los materiales o desposeyéndolos de todo signo de permanencia».
El texto del video que se proyecta sobre el piso prenuncia la ineluctabilidad del sino trágico, de la necesidad del dibujo preciso del horizonte. Una metáfora acerca del hombre que necesita un punto de referencia para situarse en el mundo.
Los que caminamos por entre los cables esperando que algo pase o nos metemos en esa lluvia lumínica y no nos atrevemos a tocar las flores, admiramos esa belleza inquietante, no convencional de un lenguaje verdaderamente renovador.


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