21 de diciembre 2012 - 00:00

ENEMIGOS ÍNTIMOS

Aquello del amor y el espanto explica un acercamiento estratégico entre el principal grupo de comunicación de la Argentina y el jefe de la CGT opositora. Un acuerdo por conveniencia, dominado por silencios, indultos mutuos y disimulos, que incluye hasta algún altercado con control de daños. Cómo juega el vínculo con Clarín en el frente interno moyanista.

ENEMIGOS ÍNTIMOS
 ¿Vamos a salir en directo?, preguntó Hugo Moyano a la salida de una reunión sindical. Cuando se aseguró de que las cámaras estaban encendidas, el camionero hizo lo impensable: denunció públicamente que Clarín había despedido a 117 trabajadores de prensa. Pasaron doce años de aquel episodio de noviembre de 2000, que el sindicalista computa como fecha de inicio para su guerra personal con el grupo de medios más fuerte de la Argentina. Pasaron también al menos 21 semáforos rojos en la página 2 del matutino dedicados al líder gremial, y una ilustración de Hermenegildo Sábat con las manos del dirigente manchadas de sangre. Pasaron las imágenes de Moyano en un acto mientras sostenía un cartel con la consigna Clarín miente, y unos cuantos bloqueos del gremio de los choferes a la planta impresora del diario en el barrio de Barracas.

Pero en el medio pasó algo más: Cristina de Kirchner y el Grupo Clarín dieron inicio en 2008 a una disputa sin cuartel que en estos últimos días aporta novedades a ritmo de vértigo. También ocurrió que la jefa de Estado fue reelecta con más del 54% de los votos el año pasado y decidió que ya era tiempo de sacudirse algunos aliados que imaginaba lastres para su nuevo mandato. Moyano, el principal de ellos.

Desde entonces, la relación entre el multimedios y el gremialista viró, primero de manera casi imperceptible y luego con mayor velocidad, hasta convertirse en un acuerdo de intereses mutuos que algunos elevan al rango de pacto estratégico. Acaso una conclusión excesiva para dos núcleos poderosos de la vida pública argentina que sembraron semillas de desconfianza y tirria mutua durante más de 10 años. Más bien, al escuchar a actores de uno y otro lado se percibe un acercamiento intuitivo, un juego de silencios y de indultos, por aquello tan remanido del amor y el espanto.

En los hechos, Moyano dejó de ser para Clarín un gremialista extorsionador que con paros y bloqueos mantiene de rehenes a empresas y gobiernos. Para el camionero, el Grupo ya no miente o lo hace menos que el enemigo común: el Gobierno. En este marco, pocos imaginan un entendimiento de largo aliento. Más bien, navegará entre la desconfianza mutua y la comunión de intereses ante el enemigo compartido.

El escenario tuvo impacto en ambas orillas. Tras años de exilio, Moyano volvió a los estudios del canal de cable Todo Noticias (TN) para sentarse a la mesa de sus figuras más emblemáticas. Tuvo que transcurrir más de una década desde que en esos mismos estudios el camionero dijera que había escuchado al exministro de Trabajo de la Alianza Alberto Flamarique decir que para los senadores tenía la Banelco.

En marzo, el viraje quedó expuesto con un gesto invaluable. ¿Durante cuánto tiempo dijeron que los hijos de la señora Noble eran hijos de desaparecidos?, declaró el dirigente en El juego limpio para equipararse a la dueña del Grupo a la hora de sentirse blanco de imputaciones graves sin fundamentos. En junio dio un paso más: obsequió a los conductores de A dos voces el anuncio del lanzamiento de un paro nacional en contra del Gobierno. La huelga finalmente quedó acotada al gremio de los choferes y a continuación se levantó tras una negociación de urgencia con la cámara patronal del sector, pero la exclusiva ya tenía dueño. También radio Mitre abrió sus micrófonos a las declaraciones del líder de la CGT opositora las veces que quiso.

La edición de las notas gráficas, televisivas y radiales destila una impronta benevolente y pone de manifiesto el carácter reivindicativo en lugar de extorsivo del camionero. Si el 28 de marzo de 2011 un bloqueo atribuido a Moyano mereció, en un hecho sin precedentes, una tapa en blanco de Clarín, el realizado en la víspera del 20 de noviembre último a instancias del paro nacional convocado por las vertientes opositoras de la CGT y la CTA tuvo una mención marginal en la web del matutino, y ninguna en la edición impresa del día siguiente. 

Fue un acuerdo de caballeros que incluyó preaviso. Moyano cumpliría su rol de sindicalista combativo y repetiría su ya clásico bloqueo a la planta impresora del diario como parte de la huelga nacional, y el grupo de medios haría un leve pataleo de rigor para mostrarse tan afectado como otros sectores de la economía por las consecuencias de la medida de fuerza.

En el entorno de Moyano, las consecuencias fueron incluso más notorias. Sus colaboradores generaron una línea directa con la mesa de edición de Clarín para mantenerla informada al instante de los movimientos del líder. Como nunca antes, el Grupo tiene las puertas abiertas del edificio de Azopardo. Dos semanas atrás, el dirigente debió ordenar el cierre de la cuenta de Twitter @infocamioneros luego de que desde allí se celebrara con una extensa carcajada el fallo de la Cámara Civil que ordenó extender la medida cautelar a favor del Grupo Clarín en la disputa con el Gobierno por la ley de medios. No había llegado a una decisión tan extrema cuando sus administradores se trenzaban públicamente con el senador nacional Aníbal Fernández



CIMBRONAZOS INTERNOS

El impacto se sintió también en el plano estructural. Empujada por el líder de los canillitas, Omar Plaini, la CGT opositora se pronunció formalmente a favor de la aplicación plena de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Sin embargo, en una conferencia de prensa el propio Plaini tuvo que tomar el micrófono para ratificar esa línea en momentos en que Moyano mostraba dificultades para pronunciarse sobre el entuerto judicial entre Clarín y el Gobierno.

Entre ese matiz y el sendero político abordado por el camionero mediante el Partido de la Producción y el Trabajo, que presentará en sociedad en enero próximo, comenzaron a agudizarse constradicciones que hasta ahora parecían mínimas y opacadas por la figura excluyente del líder. El grupo de los denominados coroneles de Moyano, que integran Plaini, Juan Carlos Schmid (dragado) y Julio Piumato (judiciales), se vio progresivamente eclipsado por algunos de los dirigentes que se incorporaron a la CGT disidente desde julio último, cuando Moyano se hizo reelegir por sus aliados.

Cobraron mayor protagonismo Gerónimo Venegas (peones rurales, UATRE) y Abel Frutos (panaderos), de larga relación con el gastronómico Luis Barrionuevo e impulsores de la opción política opositora. Ambos sindicalistas se sienten a sus anchas con el entendimiento con el principal grupo de medios, a diferencia de Plaini, Schmid y otros gremialistas como Sergio Palazzo (bancarios), Alejandro Amor (municipales) y Agustín Amicone, que reniegan de verse obligados a sobreactuar una confrontación con el Gobierno que no desean.

El dique por el momento sigue firme, pero ya exhibe algunas fisuras: Palazzo se bajó del acto a la Plaza de Mayo del miércoles pasado, Amor estuvo a punto de arrastrar a los municipales de Amadeo Genta en el mismo sendero, y tanto el canillita como el portuario son cada vez menos visibles en los actos de la CGT. En privado, algunos de ellos admiten que intentarán hacer equilibrio mientras puedan mostrar algún grado de independencia en los debates de la organización sindical. Un punto en el que Moyano y Cristina de Kirchner se emparientan bastante por el grado de intolerancia. 



VOCERO DE SÍ MISMO


La relación de Moyano con la prensa fue históricamente mala. Jamás admitió tener un portavoz y los encuentros personales que mantuvo con periodistas estuvieron siempre marcados por la desconfianza y una pose a la defensiva. Sólo se mostró contemplativo con ellos cuando se le acercaron para hacerle saber de conflictos gremiales que los tenían como protagonistas. Una muestra más de que en Moyano, el sindicalista nunca permitirá crecer al político.

La única etapa en la que el camionero se sintió con una suerte de paraguas respecto de los medios fue mientras estuvo a su lado Juan Manuel Palacios, el fallecido jefe de los colectiveros de UTA. Cuando el Bocha se corrió del mundo sindical acosado por una denuncia periodística por la propiedad de campos, la responsabilidad en el tratamiento con la prensa quedó en terreno pantanoso. Durante años le fueron encargadas tareas puntuales a Héctor Yuyo López, de largo historial radical y llegado al círculo de Moyano por sugerencia de Raúl Alfonsín en 1994. Pero en varias oportunidades fue desautorizado por el propio camionero.

En los últimos años, alternaron de facto en esa tarea los coroneles Piumato, Schmid y Plaini, que en la actualidad está a cargo de la Secretaría de Prensa de la CGT opositora. Para anoticiarse de los pasos de Moyano, sin embargo, el canillita no es la fuente indicada: un equipo a cargo del sitio web Infocamioneros (el mismo que llevaba adelante la cuenta de Twitter) y que sigue al jefe a sol y sombra es el que en los hechos se encarga del trato con la prensa. El líder de los canillitas y todavía diputado nacional por el bloque del Frente para la Victoria no parece incómodo por la pérdida de protagonismo en esa área. De hecho, esa condición le permite sostener abiertamente la extensa batalla del sector contra Clarín que en la actualidad su máximo referente apenas musita entre sus íntimos.

Siempre supimos lo que es Clarín a la hora de imponer una posición dominante, que condiciona no sólo por su hegemonía en el sistema de distribución de diarios y revistas, y con la venta, sino, sobre todo, a través de su poder económico, político y corporativo, le dijo Plaini a este diario. El sindicalista le atribuyó al grupo económico todas las conquistas perdidas por los canillitas en las dos décadas anteriores. Y en sentido inverso, le reconoció al Gobierno haber impulsado un antes y un después a partir del momento en que desnudó lo que representa Clarín.

El legislador sabe que le debe mucho a Moyano. Asumió al frente del sindicato de vendedores de diarios (Sivendia) en 2006 con el apoyo explícito del camionero y desde entonces el gremio, con el visto bueno del Gobierno en épocas de sintonía con la CGT, revirtió medidas que en las gestiones de Carlos Menem y Fernando de la Rúa habían apuntado a la desregulación de la actividad, y eliminado la celebración del Día del Canillita.

En la cosecha personal, Plaini logró una banca en la Cámara baja y exposición en la central obrera, además de la colaboración de los choferes en cada medida de fuerza. Mucho si se considera que el gremio apenas tiene 5.500 afiliados en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, y alrededor de 20 mil en todo el país.

En público, el canillita reivindica su lealtad a Moyano y su pertenencia sin grietas a la CGT disidente. Pero sus allegados admitieron cierto malestar con el alineamiento de su referente con el Grupo Clarín, al que durante años combatió.

En el entorno del camionero, en cambio, rezongan por una aparente falta de compromiso con las iniciativas de Moyano y le endilgan, incluso, mantener líneas abiertas con el Ejecutivo a la espera de una improbable renovación el año que viene de la banca que tiene como representante del FpV. También le asignan a Plaini haberse negado en un principio a renunciar a su cargo como tesorero del Partido Justicialista cuando su líder desechó en un acto todos sus galones partidarios.

Pero el vendedor de diarios no está solo en la CGT con su todavía vigente pelea con Clarín. Lo acompaña la genética del camionero: Facundo Moyano, con quien comparte banca en Diputados, es otro de los que claman por la plena vigencia de la ley de medios. En la central obrera admiten que sólo la portación de apellido le permitió al dirigente de los peajes surfear sin mayores reproches semejante osadía frente al mandato paterno.

@marianoemartin

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