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Entender la amenaza del terrorismo
Estos atentados provocaron también importantes efectos en términos de política internacional, ya que supusieron legitimar el compromiso colectivo para enfrentar esta amenaza a la paz mundial. En octubre de 2001, la foto del presidente Putin en la sede la OTAN ratificando el rol de Rusia en la lucha contra el terrorismo, tal vez sea el símbolo más claro de la relevancia estratégica que adquiría esta cuestión, reuniendo incluso a históricos adversarios en pos de enfrentar un fenómeno que claramente los superaba en términos individuales.
Luego vinieron los atentados en Madrid (2004), en Londres (2005) y ahora en París, tal vez como las muestras más visibles del ataque a los valores y la cultura occidental, así como también del fracaso de los esfuerzos internacionales para prevenir el accionar de estas organizaciones criminales que justamente buscan infligir pánico a nivel mundial.
Pero mientras que las imágenes del terror conmovieron al mundo en el siglo XXI, había países que lamentablemente ya sabíamos de qué se trataba esta historia, porque vivimos en carne propia los efectos del terrorismo. Los atentados a la Embajada de Israel (1992) y a la AMIA (1994) colocan a la Argentina en un lugar de responsabilidad ineludible frente a este tema. Porque en aquellas oportunidades se vulneró nuestra soberanía, porque perdieron la vida ciudadanos argentinos, porque fuimos centro de la mirada y la solidaridad del mundo cuando la tragedia ocurrió en nuestro territorio. Esta responsabilidad especial nos impide hacernos los distraídos cuando el terrorismo golpea en otras latitudes. También nos obliga a entender que la lucha contra el terrorismo es la lucha contra los Estados que lo financian, lo encubren, lo esponsorean y en definitiva lo promueven.
En política internacional, momentos como el actual (donde por ejemplo más de 50 mandatarios marcharon en París como muestra de su compromiso con esta causa) son clave para actuar con mirada estratégica y claridad en los asuntos externos. Justamente en instancias como éstas, los errores de política exterior suelen ser más costosos y pueden provocar efectos por años; nada más miremos la historia de nuestro país y tenemos algunos ejemplos que lo comprueban.
Argentina debe dar una decidida señal al mundo que somos un país comprometido con las causas que importan a nivel global, predecible y confiable, que no condiciona su política exterior a coyunturas domésticas y que actúa internacionalmente en pos de la preservación de los valores que definen nuestra identidad como nación y que están directamente vinculados con la vigencia de la democracia, las libertades individuales y los derechos humanos.
(*) Director general de Relaciones Internacionales
del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


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