16 de mayo 2017 - 00:00

Es preciso una reingeniería fiscal, más que una reforma

La Comisión de Análisis de Reforma Tributaria que se había creado dentro del ex Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas, ya no existe y actualmente las propuestas de reforma tributaria que recibe el desdoblado Ministerio de Hacienda, a cargo de Nicolás Dujovne, son revisadas por una suerte de comisión de revisión "ad hoc" compuesta por diversas áreas de la cartera, sin dejar de lado a la siempre necesaria opinión de la AFIP. Por otro lado está en elaboración un proyecto de Responsabilidad Fiscal con el fin de mitigar el gasto público, una tarea que demandará varios años según estimaciones de Hacienda. Como no puede ser de otra manera, se está trabajando sobre los dos flancos: los recursos y el gasto. La otra gran arista es la distribución federal de lo recaudado.

Analizando las diversas declaraciones de los funcionarios, no queda claro si se propiciará una reforma integral que se implementará gradualmente o si se busca un consenso para concebir un conjunto armónico de leyes que sustituya de una vez el actual régimen tributario que, con ciertas variantes, se aplica desde los años 90 del siglo pasado.

La cuestión a dilucidar es qué hacer en el interregno. En lo inmediato la preocupación parece centrarse en Ingresos Brutos (imposición provincial) y Débitos y Créditos Bancarios (de nivel nacional). Pero el actual régimen, si bien la mayor recaudación nacional se concentra en cuatro o cinco tributos- entre los que participa el impuesto al cheque- en rigor la revisión implica más de una veintena de gravámenes a los cuales hay que corregirles, de mantenerlos vigentes, inequidades y distorsiones que le son intrínsecas a su aplicación.

Por caso, intentar sustituir Ingresos Brutos por un Impuesto de Patentes ya se intentó luego de haberse eliminado Actividades Lucrativas (el antecedente de I. Brutos) y fracasó; mucho más si se tiene en cuenta el mayor gasto de las provincias por los servicios que hoy tienen a su cargo y que en aquel entonces no tenían. A lo que hay que adicionarle las controversias en la aplicación del Convenio Multilateral donde las provincias piensan más en la recaudación que en la razón. Pretender reemplazarlo por un impuesto en etapa minorista generará, como ya pasó, un problema para establecer la alícuota y otras cuestiones. Queda el IVA provincial cuya implementación no será fácil.

Por otra parte, tratar de solucionar la distorsión del Impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios tan sólo incrementando gradualmente su participación como pago a cuenta de Ganancias o de otros impuestos, salvo su eliminación, no resuelve las distorsiones propias de su aplicación, v.g. aplicarlo sobre el débito de otro impuesto como el IVA debitado en la cuenta bancaria. Paralelamente el incremento del porcentaje como crédito de otro tributo provoca una reducción de la recaudación, al subsumirse en otro tributo, tratándose de un gravamen que conforma su núcleo central frente a un gasto de lenta disminución.Estas son solamente dos muestras de lo que será la discusión. El Gobierno tiene el desafío de elaborar una reingeniería fiscal que dé como resultado un sistema ceñido a los principios de la tributación y que favorezca la producción. Nada más ni nada menos.

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