Escalandrum y Aznar, entre lo mejor de “Experiencia Piazzolla”

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• LOS PUNTOS MÁS ALTOS ESTUVIERON EN LOS MOMENTOS INSTRUMENTALES DEL SEXTETO Y EL INVITADO
•La sutil voz baladista rockera de Aznar por momentos resultó algo ajeno al estilo musical del homenajeado, pero alcanzó momentos magníficos en el bajo, así como fueron brillantes los osados arreglos del pianista Nicolás Guerschberg y la solidez de todos los integrantes del sexteto.

Entre otros aspectos, si algo debe destacarse muy especialmente de esta "Experiencia Piazzolla" que concluyó el fin de semana en la Ciudad Cultural Konex, es el haber sacado a los artistas de su lugar de confort y el haberlos entusiasmado para intentar cosas nuevas, cruces y otras osadías para homenajear a un músico que siempre prefirió esa incomodidad. Escalandrum, un sexteto que nació en el jazz, hace tiempo que viene trabajando sobre la obra del bandoneonista; y no es casual considerando que su nieto Daniel "Pipi" Piazzolla integra el grupo como baterista y es uno de sus motores. Pero esta vez el desafío era otro: sumar a un cantante, trabajar sobre temas no tan conocidos, romper la estructura fija de los seis músicos, y aprovecharse de la incorporación de un artista como Pedro Aznar que puede hacer muy bien muchas cosas diferentes.

Seguramente, al proyecto le faltarían algunos ajustes. No fueron tan felices, a nuestro criterio, algunas letras agregadas por Aznar a instrumentales como la "Milonga en re", la "Milonga del ángel" o la "Milonga sin palabras". A la voz sutil de baladista rockero del cantante, quizá le faltó algo de "mugre" en las versiones de "A don Nicanor Paredes" (con poesía de Borges, de la serie "El tango") u "Oblivion" -a la que seguimos prefiriendo instrumental-; en cambio, fue mucho más apta en temas como "Los paraguas de Buenos Aires", "Bocha" o "Las islas" (en traducción castellana de Aznar para la original en portugués de Geraldo Carneiro). Y se lo notó un poco ajeno (de hecho, confesó que había escuchado "María de Buenos Aires" completa por primera vez hacía pocos días) en la "Contramilonga a la funerala" que es parte de esa obra.

Pero fuera de eso, hubo momentos majestuosos, producto de los excelentes y siempre atrevidos arreglos del pianista Nicolás Guerschberg, de los solos brillantes de Gustavo Musso en saxo soprano, de un Aznar inigualable y supremo en el bajo sin trastes, de la solidez instrumental de todos los integrantes del sexteto. De tal modo, quedan para volver a escuchar con placer -y de hecho podrá suceder puesto que el concierto fue grabado con intenciones de edición- la "Primavera porteña" del comienzo, "Contrabajeando" en brillante dúo de bajo y contrabajo, "Romance del diablo" con Aznar tocando melódica como si fuera un bandoneón, el "Ave María/Tanti anni prima", con letra de Roberto Bertozzi, en la que Pedro cantó y tocó guitarra, "Vayamos al diablo" con solo virtuoso de Piazzolla nieto y lucimiento instrumental también del resto o el muy interesante arreglo de la "Balada para mi muerte" ya en el momento de los bises.

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