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Escenarios posibles de una guerra incierta
El tiempo corre en contra de la presencia de las tropas israelíes en la Franja de Gaza. Si Hamás logra prolongar los combates, las víctimas civiles aumentarían, tanto como la presión para un cese el fuego.
Escalada total. El objetivo de Israel es infligir el máximo daño a Hamás antes de suscribir algún alto el fuego. Los generales israelíes recomiendan una ofensiva total, pero en un corto tiempo. El peligro de una escalada total y prolongada para Israel es enfrentarse a la desautorización internacional. Esta opción, además, acarrearía un gran coste humano, sobre todo del lado palestino, cuyos civiles se encuentran atrapados en el enclave, sin posibilidad de refugiarse en los países vecinos.
Victoria militar de Israel. Una victoria militar israelí no conllevaría necesariamente un triunfo político. Además, el Ejército considera que una tregua unilateral será contraproducente, ya que permitirá a la larga a Hamás volver a lanzar sus cohetes. Aprendiendo de las lecciones de la guerra del Líbano de 2006, el Gobierno israelí ha eludido establecer objetivos ambiguos que puedan ser utilizados por la organización islamista para reclamar su supervivencia como una victoria. El reto de Israel es, pues, convertir su superioridad militar en una tregua duradera. Por otro lado, alcanzar un alto el fuego daría a ambas partes la capacidad de clamar victoria, pero si el acuerdo no está bien hilvanado, «se corre el riesgo de dejar intactos los ingredientes para una nueva conflagración», estima el thinktank International Crisis Group.
Reocupación de la Franja. El Ejército israelí recalca que su objetivo es tan sólo disminuir la capacidad de Hamás para lanzar cohetes a su territorio e impedir que se rearme. Asegura que no tiene intención de reocupar la Franja de Gaza, de la que se retiró en el verano (boreal) de 2005, después de 38 años de ocupación. Sin embargo, parece una consecuencia lógica de la ofensiva que el Ejército no se retire totalmente de la Franja una vez concluido el conflicto. Deberá mantener presencia en el territorio si quiere impedir que se sigan lanzando cohetes Qasam. La intención de Israel es seguir manteniendo un estricto control de las fronteras del enclave y dividirlo en franjas inconexas para impedir las comunicaciones.
Despliegue de Cascos Azules. Muchos expertos apuntan a que sería una buena solución. Bruselas ha propuesto el envío de observadores de la ONU, en un intento de lograr poner fin a la guerra en Gaza. Pero la petición de una fuerza militar de la ONU a semejanza de la desplegada en el sur del Líbano ha sido una reivindicación tradicional de los palestinos. Israel, por su parte, siempre se ha negado.
Colapso de Hamás. Se trata de un escenario poco probable. La ofensiva israelí puede dañar la capacidad militar de Hamás en Gaza y debilitar a la organización políticamente, pero es improbable que provoque la desaparición total del grupo islamista. Es cierto que Hamás no posee la profundidad estratégica ni los apoyos de Hizbulá como para emular su triunfo de 2006. Pero la superioridad militar israelí no erosionará la voluntad de luchar de sus simpatizantes, que intentarán declararse victoriosos sea como sea. «Tienen una mano de cartas pobre, pero cuyo impacto tratan de maximizar», señalaba Yezid Sayigh, analista palestino en el Kings College de Londres. En caso de que Hamás se vea abocado a desaparecer políticamente, siempre podría volver a sus orígenes, a la lucha armada en estado puro.
Reentrada de Al Fatah en Gaza. Algunos medios de comunicación, sobre todo árabes, han acusado al presidente de la Autoridad Nacional Palestina y líder de Al Fatah (el partido rival de Hamás), Abú Mazen, de pasividad y complicidad con Israel. Se ha especulado con que Al Fatah intenta beneficiarse de la ofensiva israelí para recuperar su poder en la Franja, perdido tras el golpe de fuerza de los islamistas en 2007. Sin embargo, los aliados de Abú Mazen lo desmienten. «No queremos ningún poder comprado con la sangre de los palestinos», ha dicho Mohamed Dahlan, ex líder de Al Fatah en Gaza. Es improbable que el colapso de Hamás pueda permitir la vuelta a Gaza del partido oficialista palestino: una derrota palestina deslegitimaría su autoridad, ya bastante desacreditada durante los dos últimos años.


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