La fotógrafa autorretrató de inmediato su rostro ensangrentado y el gesto de dolor. Una gran imagen en blanco y negro habla del dramático instante pero, como contrapartida, una decena de breves imágenes Polaroid cuentan paso a paso la recuperación, hasta el momento en que con unos lentes oscuros y una pañoleta, la fotógrafa se dispone a salir a la calle. De esa reclusión forzada hay imágenes intimistas y cargadas de esteticismo. Desde unas marimonias que homenajean el tulipán melancólico de hasta una bailarina de yeso tan bella como una figurita de Chiparus, junto a una espalda joven, sinuosa, tatuada. Hay sólo una fotografía de moda: la primera fila del desfile Chanel en París que publicó Mario Testino en su propio sitio y con la firma de su joven autora.
La muestra se abre luego al contexto urbano que rodea a la artista. Un texto de Mariano Mayer acompaña la exhibición. Habla de los ritos de la juventud y destaca cierto modo de "ver fotos de moda como si fueran imágenes de guerra", además cita a Charles Wrigth cuando dice: "éramos el centro incandescente del centro de las cosas". La muestra tiene su clima. Allí resuena vagamente un verso de Whitman, aquel del poeta que soñó "una ciudad invencible a los ataques del resto de la tierra, [...] la nueva ciudad de la Amistad".
| A.M.Q. |


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