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Esos lugares oscuros que no dejan de conmovernos
Turistas recorriendo el que fue el campo de concentración y exterminio de Auschwitz.
A miles de kilómetros de allí, en Nueva York, en «The Ground Zero», en la «Zona Cero», en el lugar que se encontraba el World Trade Center, alguno de los turistas que observan el solar que dejó los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, acaso susurre: «Las Torres Gemelas no caerán otra vez». Miles de años separan Massada de las Torres Gemelas, el Coliseo Romano de las cercas de Auschwitz, las Pirámides de Egipto de los restos del Muro de Berlín, pero esos lugares tienen algo en común: atraen al turismo.
Atracciones
Hace unos 15 años, a ese tipo de turismo de honras fúnebres los sociólogos Malcolm Foley y John J. Lennon lo rotularon de oscuro, de «dark», en su estudio «Dark Tou-rism. The attraction of death and disaster». Allí observaron que en las últimas décadas se había desarrollado un creciente interés por lugares de todo el mundo donde ocurrieron actos inhumanos, tragedias y catástrofes. Partieron del dato concreto de que cada vez más gente va a conocer los campos de concentración, tanto los construidos por el nazismo como por el stalinismo. «Pareciera que esos turistas están buscando confirmar lo que habían sabido por los libros, el cine, los diarios y la televisión», conjetura Malcolm Foley, quien piensa que la elección de esos destinos es una demostración de la «compra y venta de experiencias» que el economista Jeremy Rif-kin ve como una de las claves de la posmodernidad. Desde esa perspectiva, el «turismo dark» ofrece una experiencia personal de los escenarios donde en el pasado ocurrieron tragedias individuales o colectivas.
El crecimiento exponencial de ese turismo especializado provocó un nicho comercial, hizo que surgieran operadores dedicados al «turismo del dolor y la compasión», que aparecieran tours a «lugares dark», con recorridos donde se cometieron genocidios, por cárceles, cementerios, raids de asesinos. A su vez, este hecho prontamente abrió una polémica sobre qué motivaba esta tendencia. Algunos, como George Yudice, de la Universidad de Princeton, consideraron que en este fenómeno internacional de tours por «espacios de dolor» si bien parecían haberse desarrollado con la intención de «mantener viva la memoria», se había forjado una mercancía que lucraba con el morbo. Otros, como el profesor Ray Bersky, agregan que en «algunas sociedades actuales había una predisposición a la necrofilia, a adorar a los muertos». Con ironía John Sugges, en su ponencia «Dark celebrations», ha contestado que «esa supuesta necrofilia es un bien histórico que pareciera estarse perdiendo, dado que las sociedades actuales tratan de ocultar la muerte, y hacen un culto de la juventud eterna, aunque sea convirtiendo a las personas en vampiros». Y es en una valoración semejante que el rabino Peter Tarlow, uno de los más destacados especialistas en el tema, considera que «la visita a lugares donde ocurrieron tragedias muestra que lo que allí ocurrió sigue impactando en nosotros». El turismo «dark» se vuelve, desde esa perspectiva no frívola, en alguien que busca un enriquecimiento personal, ir al encuentro de un espacio de reflexión, que realiza un acto de honra a alguien que se aprecia (artista, político, pensador), y otras veces es una demostración humanista de tributo a las víctimas y desprecio hacia los victimarios. Es un viaje hacia la historia, un ir adonde lo real se comprueba.
«Y esos son entonces, curiosamente, lugares que vibran con la vida», sostiene Tarlow. En esos casos el denominado «tanatoturismo», el turismo de Tanatos, de la muerte, se convierte en su contraparte, en consideración de la vida. Y el viaje no es en busca de un espectáculo, sino de una reflexión personal sobre lo ocurrido.
No es una mera diversión «posmoderna», no es un impulso sensacionalista, no tiene un interés morboso, sino que está impulsado por una constante de lo esencialmente humano, la compasión, el reconocimiento, el encuentro con lo terrible y lo sublime, y es por eso que desde siempre ha habido peregrinaciones a lugares sagrados, siempre se ha ido a honrar a quienes sufrieron tragedias, y a aquellos que se destacaron y se los valora.


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