30 de enero 2012 - 00:00

España recuerda a Eva Perón en el cine y la TV

Con el documental «La sombra de Evita» y la miniserie «Una carta para Evita» los españoles recuerdan la histórica visita de Eva Duarte a su país llevándoles comida en la posguerra.
Con el documental «La sombra de Evita» y la miniserie «Una carta para Evita» los españoles recuerdan la histórica visita de Eva Duarte a su país llevándoles comida en la posguerra.
Con una miniserie basada en un curioso hecho verídico, y un documental en el que participan varios analistas de imagen, los españoles han recordado la histórica visita de Eva Duarte de Perón a su país, llevándo comida para aliviarles la hambruna de la posguerra. «Evita fue recibida como un hada madrina capaz de transformar en comida todo lo que tocara con su varita mágica», dice Alfred Pérez Fargas , guionista de «La sombra de Evita», de Xavier Gassio, estrenado recientemente en varias ciudades de la península.

La obra emplea secuencias del «No-Do», noticiero oficial de la època, y análisis de historiadores, grafólogos, psicólogos, sociólogos, comentaristas de historia de la moda y el peinado, etc., para explicar el deslumbramiento que causó Evita, joven, linda y carismática, y el profundo contraste con el modelo oficial de mujer española pacata.

«La imagen de Eva fascina a los españoles, pero su discurso irrita al generalísimo Franco y su actitud ofende a su esposa Carmen Polo. La mujer del Generalísimo representa la imagen antagónica de Evita. Es una aristócrata rancia, ultramontana, sin atractivo físico ni simpatía, pero se cree tocada por la misma gracia divina que su marido y comparte la misma soberbia. Evita es todo lo contrario: de expresión llana, atractiva, emana cierta sensualidad que, junto a un pasado claroscuro y la meditada frivolidad con la que luce sus pieles y joyas, la convierten en una diva para el pueblo. Su juventud y desenfado encandilan a millones de personas y el fervor con que la aclaman la lleva a descubrir su poder personal para cautivar a las masas».

Sobre esa confrontación se apoya también la minserie en dos capítulos «Una carta para Evita», de Agustì Villaronga («Pa negre»), próxima a emitirse en toda España. Son sus intérpretes Julieta Cardinali (Eva Perón), Malena Alterio (su asistente), Ana Torrent (doña Carmen Polo de Franco), y Jesús Castejón (el generalísimo) por un lado, y Carmen Maura, Nora Navas y el niño Julian Soler.

Es que acá hay algo más: la historia real de Juana Doña, militante comunista desde los 14 años, varias veces presa y torturada, que en ese momento estaba condenada a muerte por su participación en dos atentados. Uno de ellos, nada menos que contra la Embajada Argentina, como protesta por la visita de «la mujer de un fascista sudamericano». Pero la madre de la joven terrorista tomó a su nieto de la mano y apeló a la clemencia de esa mujer, para evitar que fusilen a su hija.

Evita era enemiga de los comunistas, y encima éstos habían atentado contra la propia Embajada Argentina. Sin embargo, se compadeció e intercedió ante Franco, forzándolo a anular la pena de muerte. Juana Doña se salvó así de ser la última mujer fusilada por el régimen franquista. No tuvieron igual suerte los varones de su grupo, que pocos días después acabaron contra un paredón del cementerio de Carabanchel, ni su marido, preso desde mucho antes.

Una suerte que tal vez Juana Doña haya envidiado, porque no la soltaron. Después de aquel episodio, pasó 18 años detenida en las peores cárceles, hasta obtener su libertad recién en 1965. Luego se exilió en Francia, fue activista de las Comisiones Obreras en la Clandestinidad, escribió libros de denuncia sobre el régimen carcelario español, se hizo maoísta, y con la llegada de la democracia la postularon a senadora.

Curiosamente, nunca dijo la más mínima palabra sobre la mujer que le salvó la vida. Cuando le preguntaban, solo respondía con una perorata sobre los mártires de la lucha obrera. Como señalaba el corresponsal Armando Rubén Puente,»la figura política de Evita sigue sin estar aún claramente definida entre los españoles. Evita no gozó de la simpatía del general Franco ni de los ministros y altos funcionarios que lo rodeaban. Martinez Campos ironizó en ABC en los días de su visita sobre el culto naciente a la Dama de los Descamisados, considerándola ideológica y políticamente peligrosa. Hoy, los herederos de la ultraderecha franquista al igual que los de la ultraizquierda que encarnó Juana Doña, siguen rechazando a la Perona`, aquella mujer que imponía demoras al barroco protocolo del régimen para mezclarse en los suburbios de Madrid, de Sevilla y de Barcelona con el pueblo».

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