5 de febrero 2010 - 00:00

España vive el peor año económico en décadas

José María Aznar
José María Aznar
Madrid - El año apenas comenzó, pero para José Luis Rodríguez Zapatero ya está siendo un «annus horribilis». España no termina de salir de la peor crisis económica vivida en décadas, y eso está pasando factura al presidente del Gobierno, que atraviesa su peor momento político desde que llegó al poder en 2004. Fustigado por una oposición que ayer por primera vez amenazó en voz alta con una moción de censura en el Congreso para forzar su dimisión, Zapatero y su Partido Socialista (PSOE) además pierden cada vez más apoyos en la población.

Según el barómetro del estatal Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado ayer, el conservador Partido Popular (PP) amplió su ventaja electoral sobre los socialistas hasta los 3,8 puntos. Y por si fuera poco, Zapatero dejó de ser el líder político más valorado al ser superado por la disidente socialista Rosa Díez, presidenta y diputada del pequeño partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD).

Todo ello da alas al conservador PP, que ve al Gobierno socialista «paralizado», «noqueado» y «dando palos de ciego», según lo declaró ayer su secretaria general, María Dolores de Cospedal, quien por primera vez aludió a la posibilidad de plantear una moción de censura en el Congreso. Hasta ahora, la posibilidad de una moción de censura había sido sólo insinuada, ya que el presidente del PP, Mariano Rajoy, considera muy difícil recabar en el Congreso los votos necesarios para obtener la mayoría absoluta que sería necesaria para forzar la dimisión de Zapatero, pese a que los socialistas gobiernan en minoría. Pero el líder conservador enfatizó ayer que el PP está «en condiciones de gobernar en cualquier momento».

Un paso más allá lo dio la rival interna de Rajoy y presidenta del Gobierno regional de Madrid, Esperanza Aguirre, quien exigió al jefe de Gobierno que adelante las elecciones. «Zapatero es la viva imagen de un político desgastado y vacilante», dijo, al tiempo que ensalzó la gestión de su antecesor, José María Aznar.

A Zapatero incluso le salieron críticos en las propias filas: el dirigente socialista y presidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, José María Barreda, lo emplazó días atrás a remodelar el Gobierno y a eliminar ministerios para ahorrar en gastos. Los frentes que tiene abiertos Zapatero y que amenazan a su famoso «optimismo antropológico» son varios. La crisis económica, con un déficit público del 11,4% una deuda pública que no deja de crecer y un número récord de desempleados que ya supera los cuatro millones de personas, no sólo preocupa ya en España.

También está en alerta la Unión Europea. Su comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, el socialista español Joaquín Almunia, equipara a España con Grecia, cuya economía acaba de ser puesta bajo el control del Ejecutivo comunitario debido a su elevada deuda. Incluso el premio Nobel de Economía estadounidense Paul Krugman, al que el propio Zapatero incluyó en su equipo de asesores, considera que España vive «un colapso económico». En sus palabras, «la mayor dificultad de la Eurozona no es Grecia, sino España», según advirtió en su blog del diario The New York Times.

Porque si bien la deuda pública de España no es tan abultada como la de Grecia, su economía es cuatro veces y medio mayor. Zapatero, que participó en la reunión de Davos como presidente de turno de la UE, se vio obligado ante los líderes mundiales a defender la salud económica de su país, que vive una creciente desconfianza entre bancos e inversionistas. Así lo demuestra la calificación a la baja de su deuda por la agencias calificadoras de riesgo y la caída de las acciones en la Bolsa.

«España es un país serio y ha dado pruebas de ello», indicó el mandatario. Pero a la imagen de poca credibilidad que los críticos atribuyen a España se unen torpezas políticas: en la víspera, el Gobierno anunció, en el marco del programa de estabilidad 2009-2013 presentado a Bruselas, que pretendía ampliar en diez años el período para fijar la cuantía de las pensiones en el país. Eso suponía de facto rebajar de manera significativa las futuras prestaciones a los jubilados.

Fue tal la indignación nacional, incluidas duras protestas de los sindicatos, que el Ministerio de Economía se vio obligado a rectificar, afirmando horas después que no había sido «una propuesta concreta» sino sólo una «simulación».

Agencia DPA

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