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España y rebote del gato muerto (pero posee siete vidas)
El temporal no se limita a las acciones. Barre -como es tradición- con todos los activos de riesgo. Sólo un puñado de excepciones consigue mantenerse a flote en el universo de los commodities: el gas natural (desde niveles muy vapuleados), la madera y el complejo de cereales (con el trigo y, en menor medida, el maíz haciendo punta). Pero no hay garantías de estabilidad para nadie. Los bonos corporativos de alto rendimiento aguantaron el chubasco en Estados Unidos hasta que comenzó la semana pasada y se les mojó el colchón que los tenía a resguardo. El cupón de renta anual -que promediaba el 6,75% en una canasta representativa como es la del fondo HYG- no proporcionó cobertura suficiente y, ante la baja de precios, ahora se arrima al 7%. ¿Es Grecia el revulsivo? O mejor dicho, ¿es la unión monetaria europea cuyo futuro se mece en la cuerda floja por culpa de Grecia? ¿O es el sino de la estacionalidad que, inescrutable, siempre halla motivos para la agitación? Lo mismo da. Lo que no admite discusión es el balance y sus saldos teñidos de rojo.
Dado el panorama, ¿qué cabe esperar? Un rebote. Como lo ensayó el Ibex en Madrid. Y más punzante todavía, Bankia, la múltiple fusión de Cajamadrid con Bancaja y otras cinco cajas de ahorro regionales, el banco que es el emblema de todo cuanto puede salir mal si Grecia salta al vacío y Europa no sabe dominar el aluvión. Bankia ya no tiene la protección cómplice del silencio, ni las influencias que le daba Rodrigo Rato al timón, ni el tiempo a su favor. No tiene otra que desmentir la portada de los diarios que hablan de una corrida de sus depositantes. Y así y todo, se las arregló el viernes para trepar el 23% a contramano del pesimismo más espeso. ¿Es el rebote del gato muerto? Claro que sí. Qué otra cosa se puede esperar. Si fue tan potente es porque guarda proporción con la magnitud de la caída previa, pero, de ninguna manera, la compensa. Bankia interrumpió una racha de diez ruedas adversas, sí, pero no removió la tendencia de fondo. Contabilizando el avance del viernes, el papel se hundió más del 28% desde que renunció Rato el 7 de mayo. Un rebote es también lo que montó el euro, a última hora, en un mercado de cambios desprovisto ya de su mayor volumen y carente de noticias. Si se miran las Bolsas y la sucesión de jornadas negativas, la sobreventa, el desasosiego, la cintura de Alemania en tratar con Grecia, el pesimismo de los inversores minoristas en los topes de los dos últimos años, hay cartón lleno. Están el gato moribundo y la hondura de su caída. Falta que encuentre un piso -o una pared lateral que sobresalga- que permita la gracia de una reacción. No estará lejos.
Los gatos tienen siete vidas. Su resurrección, por ende, es posible. Pero ninguna técnica resultará creíble hasta que Europa no despeje su destino. La pulseada de Wall Street por permanecer ajena a los avatares del Viejo Continente ya se perdió: las Bolsas entraron de lleno


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