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Esperable: Moyano busca mostrarse junto a Barrionuevo
Hugo Moyano
Será un asado en una quinta del conurbano bonaerense, el próximo domingo. Asistirán los principales referentes del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA, la sigla que encabezó Moyano en los 90 para oponerse a Carlos Menem) y de la CGT Azul y Blanca, que capitanea el gastronómico.
La convocatoria tiene aroma a respuesta a los últimos movimientos del metalúrgico Antonio Caló, que con la venia del Gobierno aceleró contactos con los sectores internos de la CGT para postularse a suceder a Moyano desde julio próximo. Lo hizo días atrás el jefe de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) con los «independientes» como Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA), Andrés Rodríguez (estatales de UPCN) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y prevé avanzar con los «gordos» de los grandes sindicatos de servicios, como Armando Cavalieri (Comercio) y Carlos West Ocampo (Sanidad).
La entente de Moyano y Barrionuevo toma forma con la distancia que puso Cristina de Kirchner con el camionero. En una de sus últimas entrevistas, el gastronómico llegó a decir que el actual jefe de la CGT estaba en condiciones de pelear por su reelección.
El armado de un eventual encuentro mano a mano apunta a enviar una doble señal: a los grupos de la central obrera, para dar cuenta de que puede haber un polo crítico al Ejecutivo en disputa por el cargo de secretario general; y al propio Gobierno, para mostrar que a la capacidad de daño de Moyano pueden sumársele otros gremios ignorados por el calor del oficialismo.
De hecho, el camionero ya había dado indicios en esa línea cuando se acercó al líder de la CTA disidente, el estatal Pablo Micheli, y a los «metrodelegados» que representan al personal del servicio de subterráneos.
A pesar de que en los últimos años estuvieron enfrentados y en varias ocasiones se dedicaron ataques agrios, un posible acuerdo entre Moyano y Barrionuevo no es una novedad. De hecho, el pacto entre ambos le permitió al camionero nueve años atrás quedar al frente de la CGT, primero como parte de un triunvirato y luego, en soledad.
Las razones que los acercaron entonces son las mismas que ahora. Barrionuevo, que cuenta con un número alto de congresales para las elecciones en la central obrera, se volcó a favor de Moyano por entender que hacía falta, en 2003, un dirigente que pudiera enfrentarse al entonces desconocido Néstor Kirchner. Aquella jugada, sin embargo, le salió mal al gastronómico: apenas asumió, el patagónico trabó una alianza estratégica con Moyano que se extendió hasta la muerte del expresidente.
En ambas veredas reconocen, sin embargo, que son más las desconfianzas que los puntos en común entre los dirigentes. Puertas adentro, los dos tildan de traidor al otro. Barrionuevo, por la veloz conversión al oficialismo de Moyano con Néstor Kirchner. Y porque teme que la actual confrontación con la Casa Rosada quede en el olvido con la primera medida oficial simpática para los gremios. El camionero, por su parte, conoce la facilidad de su colega para romper en cuestión de minutos los acuerdos.
El gesto opositor que los junta ahora trasciende a los dos sindicalistas y alcanza a casi todos los dirigentes de la CGT. El consenso generalizado es que el Gobierno debe producir un ajuste de magnitud en el Impuesto a las Ganancias para evitar que cada vez más trabajadores queden impactados por el tributo. También, que el Ejecutivo escatima fondos que las obras sociales declaman como indispensables para mantener al día las prestaciones de sus afiliados.
De avanzar un acuerdo, el Gobierno quedará frente a una disyuntiva. Avanzar en su idea de coronar a Caló o a otro gremialista industrial afín al frente de la CGT, con el respaldo de los «independientes» y con Moyano como opositor y amenaza constante sobre la economía, o tolerar cuatro años más al camionero, que fue leal a los Kirchner, pero en igual proporción obtuvo constantes beneficios de ese vínculo, en su mayoría para sí y su organización sindical.


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