“La situación de Steven Scalise es mucho más difícil que lo que esperábamos”, admitió el mandatario.
Washington - La situación del congresista republicano Steven Scalise, víctima de un tiroteo el miércoles en Virginia, es "mucho más difícil" de lo que se pensaba en un principio, dijo ayer el presidente estadounidense Donald Trump, quien reconoció que está "en problemas".
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"Es mucho más difícil de lo que la gente esperaba en el momento", indicó Trump en unas breves declaraciones en la Casa Blanca, y después de visitar la noche del miércoles al legislador republicano en el hospital.
El mandatario dijo que Scalise está "en problemas", sin ofrecer más detalles acerca de su condición médica, pero agregó que "esperamos que esté bien". "Los corazones de los estadounidenses envían su amor a la familia del congresista", remarcó.
Scalise, el tercer republicano de más alto rango en la Cámara de Representantes, resultó herido junto a otras cuatro personas cuando James Hodgkinson, crítico a Trump y voluntario en la campaña presidencial de Bernie Sanders, disparó contra un entrenamiento de béisbol al que asistía una veintena de legisladores.
El diputado, de 51 años y representante por Luisiana, recibió un disparo en la cadera y se encuentra en condición "crítica", según los médicos.
El último comunicado del hospital MedStar de Washington, de anoche, señaló que sufrió "un único disparo de rifle en su cadera izquierda".
"La bala viajó por su pelvis, fracturando huesos, dañando órganos internos y causando una fuerte hemorragia", informó el centro hospitalario, que apuntó que Scalise requerirá más intervenciones quirúrgicas.
El atacante, que había expresado en las redes sociales su enfado con el presidente Trump, falleció a causa de las heridas de bala que recibió al ser reducido por la Policía.
Los otros heridos son Matt Mika, miembro de un grupo de cabildeo ante el Congreso, quien también se encuentra en estado "crítico"; Zachary Barth, asesor del congresista de Texas Roger Williams y quien está fuera de peligro; y dos agentes de la Policía del Capitolio, que estaban desplegados en el complejo deportivo, y fueron los primeros en responder.
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