Una movilización de propietarios de estaciones de servicio en las inmediaciones de la Casa de Gobierno ayer por la tarde evidenció nuevamente las dificultades de este sector que en diciembre pasado realizó un paro por 24 horas. Esta vez, el detonante fue la imposibilidad de hacer frente a un ajuste salarial del 18% al 20% para los trabajadores de las estaciones.
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El tema habría sido motivo de negociación entre YPF y el Ministerio de Planificación que conduce Julio De Vido, a través del subsecretario de Coordinación, Roberto Baratta. Como resultado, esa petrolera se comprometió a mejorar la comisión de las bocas de expendio hasta un 0,5%, porcentaje que se reduce a medida que aumenta la cantidad de litros vendidos, de modo que se excluye a las estaciones que venden más de 500.000 litros.
Estos últimos surtidores, como los que tienen contratos con las otras petroleras, deberían pagar la suba salarial con sus propios ingresos. A su vez, las estaciones que se encuentran en el interior están en mejores condiciones que las ubicadas en Capital Federal y Gran Buenos Aires para aumentar los sueldos de los empleados, porque los precios son más altos en las provincias que están a salvo de la política de Guillermo Moreno para contener los índices de inflación.
El conflicto entre los distintos sectores que se dedican a la producción y venta de combustibles empezó a acentuarse a partir de octubre del año pasado, aproximadamente, cuando el precio del petróleo se derrumbó en el mercado internacional y en la Argentina empezó a advertirse la desaceleración en el consumo.
A medida que pasaron los meses, los desencuentros continuaron empeorando, al punto que ayer el gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, le pidió públicamente a la presidente Cristina de Kirchner una recomposición para el petróleo en boca de pozo, en un acto por la construcción de una represa eléctrica.
Las empresas que producen combustibles ajustan sus compras de petróleo, porque, aseguran, con los precios actuales no les conviene refinar crudo, aun con los aumentos al público de los últimos meses. El fenómeno incluye a Shell y a Esso, pero también a Petrobras y a YPF en lo que hace a la utilización de petróleo que no sea propio.
Esta baja de la demanda de petróleo afecta a la actividad de desarrollo de los pozos y está provocando despidos en las provincias productoras. Las refinerías, en tanto, también estarían perdiendo dinero o ganando bastante menos, como lo muestran los balances del primer trimestre de YPF y Petrobras.
A su vez, al producirse menos combustibles, se da la paradoja de que hay nuevamente cierta estrechez de oferta aun con la demanda baja. Fuentes de los estacioneros afirmaron que en los últimos meses, una de las petroleras no renovó alrededor de una docena de contratos con estaciones de terceros que pasaron a ser blancas.
La misma fuente indicó que YPF bajó la cantidad de litros de combustible que le vende a Dapsa, que es la principal proveedora para las estaciones sin bandera. Las empresas que refinan, además, siguen priorizando los mercados donde pueden aplicar precios más altos, lo que conspira contra el abastecimiento en Capital y Gran Buenos Aires. En esta zona, las estaciones que pertenecen a terceros (no a las petroleras) se ven apremiadas por la baja de ventas, los cupos de combustible y el estrecho margen de ganancia. Dentro de esta situación, también hay diferencias: están levemente mejor los estacioneros con contratos de YPF, empresa que entrega los combustibles en consignación y paga una comisión por la venta, mientras las bocas de las otras marcas compran los productos y reciben un precio sugerido, del que es más fácil apartarse en el interior que en el área metropolitana.