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“Este año fui remisero, ladrón, obispo y negro”
Se estrena este jueves “Inseparables”, el film que interpretan Rodrigo de la Serna y Oscar Martínez, que representará al país en Venecia. Está basado en la película francesa “Amigos intocables”.
De la Serna. “Cuando me ofrecieron el papel del negro en ‘Inseparables’, Oscar Martínez me dijo: ‘Es un traje a medida’, y en verdad lo era. Muy bien adaptado y perfeccionado con un año y medio de ensayos”.
Periodista: ¿Conocía la película francesa en que se basa "Inseparables"? ["Intouchables", aquí estrenada como "Amigos intocables"].
Rodrigo de la Serna: La vi para enterarme, porque me hablaron del proyecto y me dijeron "te toca la parte del negro". Pero, viniendo de Oscar, del director Marcos Carnevale, y de la gente de Sono Film, la propuesta ya casi me había convencido de entrada. "Es un traje a medida", me dijo Martínez.
P.: ¿Y lo era?
R. de la S.: SÍ, y muy bien adaptado, y perfeccionado con un año y medio de ensayos. Cierto que ya íbamos por terreno conocido. Después, el rodaje, ¡ese rodaje estaba angelado a niveles esotéricos! En Cariló llovió toda la semana, salvo exactamente cuando necesitamos salir a filmar sin lluvia. Y de cada escena, bastaba hacer dos tomas cuanto mucho. Ahora, decir que esta película nos quedó mejor que la francesa, sería una bravuconada argentina.
P.: En este caso, le tocó aporteñar al enfermero negro.
R. de la S.: En esta temporada he sido remisero, ladrón, obispo y negro (aclarado). Lo de remisero por "Camino a La Paz", de Pancho Varone. La filmación rumbo a Bolivia, ni hablar, qué experiencia. Es linda película. Es grata, es honda.
P.: ¿Y el jefe de asaltantes de "Cien años de perdón"?
R. de la S.: El falso uruguayo, que así venía en el guión, homenaje al ingeniero de ese robo de Acasusso. El director y el guionista (Daniel Calparsoro y Jorge Guerricaechevarría, españoles) querían reproducir la jerga argentina. Lo hicieron bastante bien, le digo, porque el arte de la puteada, con sus variantes y sus inflexiones, no es fácil. Pero le faltaba un poquito, así que acá terminamos de construir los diálogos entre todos, con Joaquín Furriel y Luciano Cáceres.
P.: Lindo trabajo.
R. de la S.: Una noche estuvimos veinte horas en el agua, muertos de frío, repitiendo cada toma, y la escena dura menos de un minuto. Es duro el cine. En teatro todo el esfuerzo está más a la vista.
P.: ¿Nunca había hecho una escena de riesgo?
R. de la S.: Sólo una vez en "Hermanos y detectives". Me dijeron: "Te tirás con esta soga, después la borramos". Yo justo tenía ciática, pero no podía negarme. El director era Damián Szifron.
P.: ¿Y el Bergoglio en "Chiamatemi Francesco", de Daniele Luchetti?
R. de la S.: Ahí también toqué un poquito el diálogo, porque el guión era en italiano, y Bergoglio habla en una jerga entre criolla y porteña, así es como allana sus conceptos filosóficos. Yo lo hago en varias etapas: seminarista, profesor, provincial, obispo. Ya más grande lo interpreta Sergio Hernández. Y el lenguaje debía ser fiel a cada época. A eso agréguele el latín y el italiano, cuando va a Roma. Una sola palabra incorrecta, o dicha del modo incorrecto, derrumba todo. Cualquier detalle rompe el encanto. Y después, cuando se estrenó en Italia, 700.000 personas fueron a verla, un éxito, ¡pero en una versión doblada! Casi me muero. Todo mi trabajo tirado a la basura. Los dobladores italianos serán buenos, ¡pero yo estudié seis meses cada línea de diálogo, para hacerla tal cual habla Bergoglio! Por suerte firmamos contrato para que la versión internacional se difunda con las voces originales.
P.: Fue un trabajo enorme.
R. de la S.: Estuve todo el tiempo medio pelado, y con dos o tres pelucas que me iban corriendo hacia atrás a medida que progresaba la historia. El viejo arte de los parruchieri, una tradición italiana hermosa. Filmar en Cinecittá, ver las escenografías de Federico Fellini, también fue hermoso. Una vez, por la calle, me agacho para atarme los cordones y cuando alzo la vista veo una placa: "En este solar nació el actor Alberto Sordi". Eso me conmovió más que la Capilla Sixtina.
P.: Hablando de conmoverse, usted trabajó en un rodaje tan fuerte que lo interrumpían para jugar al fútbol.
R. de la S.: "Crónica de una fuga", sobre los muchachos que lograron escapar de la Mansión Seré, que era un centro clandestino de detención. Estaba esa historia, y también Claudio Tamburrini y Guillermo Fernández, los protagonistas del hecho real, ahí presentes. Cada vez que Adrián Caetano ordenaba "acción", eso me movía todo. Así que cada tanto era necesario hacer un picadito, distendernos.


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