28 de enero 2011 - 00:00

Estupenda muestra de ilustradores para el asombro y la nostalgia

Obra de Luis Seoane, uno de los artistas de relevante trayectoria que no se limitaron a adornar un impreso con láminas o grabados alusivos al texto.
Obra de Luis Seoane, uno de los artistas de relevante trayectoria que no se limitaron a adornar un impreso con láminas o grabados alusivos al texto.
El Museo Sívori y el Museo del Dibujo y la Ilustración han compartido una fructífera historia en común al realizar, desde 2004 hasta la fecha, diversas muestras en las que se celebra la conjunción autores-ilustradores.

La que hoy se exhibe en el Sívori hasta el 11 de marzo acompañará el nombramiento, por parte de la UNESCO, de Buenos Aires como Capital Mundial del Libro durante 2011 en virtud de su importante pasado y presente literario.

Ochenta y cinco obras entre tintas, aguafuertes, xilografías pertenecientes a artistas de relevante trayectoria que no se limitaron a adornar un impreso con láminas o grabados alusivos al texto, según la definición del diccionario de ilustrar sino que «ilustrar es hacer ilustre, o sea que el verdadero ilustrador debe contribuir a clarificar el texto con imágenes alusivas así como enriquecerlo en dignidad y trascendencia», tal como lo señalaba Manuel Mujica Láinez.

Es una exhibición que se recorre con gran placer, suerte de descubrimiento para algunos y de nostalgia para otros.

La Argentina tuvo una importante escuela de ilustradores que se alimentó del arte de la ilustración inglesa, francesa y alemana y que surgió en el periodismo, dibujando en revistas como «El Mosquito» o «Caras y Caretas».

A lo largo del siglo XX grandes artistas plásticos se incorporaron al mundo editorial, por ejemplo, Antonio Berni, del que se exhibe el grabado «Hojas de Hierba» para el libro de Walt Whittman, así como para el libro «Poesía» de Rafael Squirru. Carlos Alonso es famoso por sus trabajos «La Guerra al Malón o el «Martín Fierro y su litografía sobre Don Quijote de la Mancha», publicado por EMECE en 1958.

Hay hallazgos como el de Luis Seoane , xilografía iluminada para «Bestiario» (1976) de Alberto Girri, Juan Battle Planas para «Ritual de días Impares» de Osvaldo Svanascini, Víctor Chab sobre el Dedaluss Joyce de Alejandra Pizarnik, la magnífica aguafuerte de Lino Enea Spilimbergo sobre «Interlunio» de Oliverio Girondo publicado por Sur en 1937.

Las ilustraciones corresponden a libros publicados en Buenos Aires y hay vitrinas con ejemplares, entre otras joyitas, de «Nacha Regules» de Manuel Gálvez por Adolfo Bellocq, «Sabadomingo» de César Tiempo por Andrés Guevara.

Hay una sala imperdible: la de Acmé Agency nacida en 1928 como agencia de suscripciones de revistas extranjeras y que hacia 1943 empezó con unas traducciones de la obra de Robin Hood. Muchos recuerdan las tapas duras amarillas y sus ilustraciones, libros que se regalaban para los cumpleaños, era un símbolo de la adolescencia de entonces en una época de oro del libro.

La nostalgia de la que hablamos se hace patente en los libros «El corsario Negro», «Aventuras de Pickwick», «La Cabaña del Tío Tom», «Mujercitas». Juan Sasturain, en uno de los textos del catálogo, destaca las tapas del «Indio» Pablo Pereyra, dibujante y diseñador, «el responsable de que en términos gráficos la Robin Hood fuera lo que fue: inolvidable».

Entre los planes del Museo Sívori para este año conmemorativo están un salón y un concurso de encuadernaciones, una exposición de libros de artistas y la probable presencia de la editorial Eloísa Cartonera, cooperativa creada hace 7 años, que lleva publicados más de 200 títulos a precios asequibles en cartón reciclado y cuya característica es que no hay dos libros iguales.

También recomendamos hacer un recorrido por las salas donde se exhibe parte del rico patrimonio de este Museo, por razones de espacio sólo puede verse una parte, que se ve realzada por una curaduría y un montaje de gran profesionalismo. (Av. Infanta Isabel 555).

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