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Estupenda muestra de Juan Astica
A diferencia del mítico Jackson Pollock, las claustrofóbicas obras de Juan Astica denotan el riguroso control que ejerce el artista sobre lo que pinta.
No todo fue dicho por Pollock, en quien pensamos al recorrer la muestra y que estableció un canon de pintura durante generaciones. Conociendo a Astica no creemos que baile alrededor de una tela tirada sobre el suelo salpicándola con gotas y pintura en aerosol a la manera del mítico artista norteamericano. Todo lo contrario, esa maraña de pinceladas que se expanden, largas o interrumpidas, drippings, punta de espátula, gotas, está absolutamente racionalizada.
Y del blanco pasó al negro que, sin embargo, deja ver otras tonalidades desde las profundidades de la pintura y que se dejan ver lentamente. De allí el control que Astica ejerce sobre esa superficie densa pero llena de matices que actúa como un bosque claustrofóbico, impenetrable.
En el Centro Cultural Borges se exhiben hasta el domingo las obras de los artistas convocados por la Academia Nacional de Bellas Artes para el Premio Alberto J. Trabucco en las disciplinas Dibujo y Pintura. Como es de rigor, esta convocatoria reúne a artistas de vasta trayectoria, merecedores de premios y que una vez más demuestran la solidez de sus envíos como Jorge Alvaro, Alicia Carletti, Liliana Golubinsky, Jorge González Perrin, Ladislao Kelity, Alberto Klix, Diego Perrotta, Jorge Pietra, Fernando Allievi y Armando Sapia, quien se hizo acreedor al Premio Adquisición.
El dibujo de este artista nacido en 1942 que había sido convocado en 1997, 1999 y 2003 se caracteriza en general por su pequeña escala, línea mordaz, descarnada para un universo objeto de su crítica, que obliga a agudizar la mirada del observador.
En la sección Pintura están presentes Miguel Angel Bengochea, Daniel García, Jorge Diciervo, Néstor Cruz, Carolina Cerverizzo, Jorge González Mir, Miguel Harte, Mario Vidal Lozano y Enrique Salvatierra (Tucumán, 1948), invitado al Trabucco en 2000, a quien le fue otorgado el Premio Adquisición por una obra enraizada en lo textil y lo arqueológico del norte de nuestro país que resume todo su quehacer.
Luisa González utiliza la pintura, la fotografía, el collage y el découpage para su serie «Anónimos», que exhibe hasta fin de mes en Mundo Nuevo (Av. Callao 1870. PB.). Los fondos de diarios, revistas, papeles con textos e imágenes contienen a las figuras que transitan por un escenario cotidiano: la calle a la que presenta teatralmente con sus personajes focalizados pero incomunicados. Una calle gris muy trabajada pictóricamente a la manera de un esgrafiado, personajes solitarios, algo perdidos, situaciones no muy definidas aunque de pronto aparezcan detenidos. Pero no todo es gris, en algunos casos se atreve al color que dosifica casi tímidamente.
En este momento de su quehacer pictórico, las obras adquieren una dimensión que apunta a algo más allá de lo complaciente, en las que vuelca su percepción sobre el hombre actual y su estar en el mundo.
En el Consejo Federal de Inversiones-Salas Federales (San Martín 871), Raúl Fernández Olivi (La Pampa, 1954), ganador del Premio Trabucco 2007 en la disciplina Escultura, presenta tres importantes obras correspondientes a su serie «La Otra Orilla» en acero pintado. Son excelentes los dibujos tinta íntimamente relacionados con sus esculturas.
Fernández Olivi comparte la sala con Walter Tura (Formosa, 1970). Acrílico y carbónico para una obra muy ascética en forma y color, una levedad casi Zen que refleja una geografía interior. Ambas muestras, hasta el 18 de julio.


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