25 de marzo 2011 - 00:00

Estupendos “Papeles Modernos” inician 10 o año del Malba

Obra de Honoré Daumier que integra el núcleo «Difusión» de la excelente muestra «Papeles modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso», organizada en conjunto por el Malba y el Museo de Bellas Artes.
Obra de Honoré Daumier que integra el núcleo «Difusión» de la excelente muestra «Papeles modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso», organizada en conjunto por el Malba y el Museo de Bellas Artes.
El Malba, una institución que puede legítimamente ostentar el título de centro artístico cultural y que ha ganado prestigio nacional e internacional, celebra su décimo aniversario.

El primer festejo es la apertura de la temporada con una exposición realizada en conjunto con el Museo Nacional de Bellas Artes que ha prestado una hermosa colección de obras sobre papel pertenecientes a su importante Gabinete de Estampas creado en 1896 gracias a la visión y acción de su fundador y primer director, Eduardo Schiaffino.

«Papeles Modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso» comprende dibujos y grabados que no han sido exhibidos en conjunto por más de tres décadas y entre los objetivos de la muestra está la de destacar la importancia del papel como soporte de la producción de los artistas modernos de los siglos XIX y XX.

Angel Navarro, curador invitado, es el catalogador de las obras junto a Martín Isidoro y autor de los textos correspondientes a cada una de ellas, así como del ensayo «El Papel del Papel» del excelente catálogo bilingüe que acompaña la muestra y que está organizada en siete núcleos temáticos: los estudios (bocetos y esbozos), los desnudos, la figura individual y los grupos, los retratos, la elocuencia de la imagen (emblemas y alegorías), los paisajes urbanos y el papel como medio de difusión.

El texto de Angel Navarro se inicia destacando que «desde tiempos lejanos el papel ha sido el gran compañero de los artistas, el dibujo, lugar fundamental de su formación y de su labor cotidiana».

Afortunadamente la exposición cierra el 23 de mayo lo que permitirá varias visitas ya que es imprescindible demorarse ante la libertad expresiva, la delicadeza de la línea, el impulso del primer trazo que luego se transformará en obra definitiva. Aconsejamos llevar una lupa para ver los diferentes grados de definición, el proceso creativo, el descubrimiento de personajes o detalles que no se pueden ver a simple vista. Son 85 obras y siguiendo el orden propuesto, en la sección «Estudios» se destacan «Los Coleccionistas de Estampas», tinta y aguada de Daumier, «Naturaleza muerta con compotera» (1909), punta seca sobre papel de Picasso y «Naturaleza muerta con manzanas» (1956), litografía de Georges Braque.

«El Desnudo» presenta joyas imperdibles: André Derain, Picasso, Rodin, André Lhote, Raoul Dufy, Nonell, Diguimont. Tema constante cuya utilización se amplió a partir del siglo XVII, un desafío para los artistas en el que vuelcan sus pulsiones eróticas.

En el núcleo «La figura individual y los grupos», Angel Navarro puso especial énfasis en la obra de Kate Kollwitz (1867-1945), dos obras muy dramáticas, sobrecogedoras, de carácter autobiográfico, una niñez que transcurrió en los barrios bajos de Berlín.

El grotesco en «Máscaras» de Gutiérrez Solana (grafito y carbonilla), la delicadeza del pastel «Mujer de rojo de espalda a la ventana» de Jean-Edouard Vuillard, «el Baño», punta seca , un tema recurrente en Picasso, cuerpos delgados de protagonistas de circo y un maravilloso «Escultor, modelo, escultura y pez rojo», aguafuerte, muy relacionado con la Suite Vollard, formas redondeadas y una línea neta.

En «Retratos», «Mujer en el campo o Bella» (1925), aguafuerte y punta seca, de Marc Chagall, la figura dominante femenina sobre un bosque donde se encuentran pequeñas figuras, sólo distinguibles con la lupa. En este núcleo se codean Picasso, Toulouse- Lautrec, Modigliani, Van Dongen, Kokoschka, Matisse.

El quinto núcleo, «Elocuencia de la imagen» hay representaciones de la música de Máximo Campigli, lápiz y carbonilla, composición hierática, el mundo monstruoso del pecado expresado por James Ensor, la pregnante imagen de Georges Rouault acerca de la muerte y la miseria. Albert Marquet se destacó por sus paisajes y vistas urbanas, su «Notre Dame», punta seca y aguafuerte, integra el núcleo «Paisaje Urbano». Aquí también se encuentra un curioso e ingenuo dibujo en tinta marrón de García Lorca, «me siento limpio, confortado, alegre, niño, cuando los hago». Hay un extraño ángulo de Venecia de Waroquier y los «conservadores» paisajes de Vlaminck realizados cuando abandonó París por el campo.

Así llegamos al último núcleo, «Difusión» que trata sobre los ilustradores como Daumier, Steinlen, Forain y los famosos afiches o carteles de Toulouse- Lautrec y su vida cotidiana en cafés, circos, cabarets o el Hospital Saint- Louis de París.

Marcelo Pacheco en su ensayo sobre las colecciones y coleccionistas porteños hace un riguroso registro de las compras y donaciones de Schiaffino desde la creación del Museo y no deben olvidarse nombres, entre otros, como Aristóbulo del Valle, García Victorica, la familia Santamarina, Jorge Larco, Alfredo González Garaño, Simón Scheimberg que generosamente con sus donaciones contribuyeron a acrecentar el rico patrimonio de nuestro museo mayor.

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