15 de diciembre 2014 - 18:11

Europa encara el reto de reconquistar a sus ciudadanos

El referendo separatista de Escocia y la pulsión en idéntico sentido de Cataluña, sumados a la tensión entre Ucrania y Rusia, abrieron un horizonte de redefiniciones en términos de política comunitaria en los países europeos.

Con fenómenos como los movimientos secesionistas de Escocia y Cataluña (foto) como telón de fondo, el continente tiene el desafío de mantener el espíritu de unidad político-económica de la Unión Europea.
Con fenómenos como los movimientos secesionistas de Escocia y Cataluña (foto) como telón de fondo, el continente tiene el desafío de mantener el espíritu de unidad político-económica de la Unión Europea.
Tras un año en el que enfrentó a movimientos secesionistas como el de Escocia y Cataluña, y al conflicto entre Ucrania y Rusia, que generó las mayores tensiones en el continente desde la Segunda Guerra Mundial, Europa emprende en 2015 el desafío de mantener el espíritu de unidad política y económica bajo el cual se agruparon los Estados que forman parte de la Unión Europea (UE), en momentos en que crecen el apoyo a grupos euroescépticos y de izquierda crítica y la reticencia de Reino Unido sobre respetar las políticas comunitarias.

El reto no es menor cuando la principal amenaza proviene de un país con peso histórico en las relaciones de poder del continente como lo es Reino Unido, que, tras sus elecciones generales de mayo próximo, podría dar paso a su salida de la UE, un bloque del que forma parte, pero del que nunca participó con gran entusiasmo, al punto que nunca adoptó el euro como moneda.

El primer ministro británico, David Cameron -cuyo liderazgo quedó amenazado este año por el auge del partido euroescéptico y ultranacionalista Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), de Nigel Farage, en los comicios europeos y por el referendo separatista en Escocia- afronta con su Partido Conservador la posibilidad de perder en las urnas ante el Partido Laborista. Las encuestas los sitúan desde hace meses en un empate técnico con el 33% de intención de voto cada uno en promedio.

Con una rebelión del sector más nacionalista entre los tories y una tendencia de fronteras hacia adentro en el electorado, el premier prometió a cambio del voto la realización de un referendo para replantear la pertenencia a la UE en 2017.

Para evitar una derrota, él y su partido estarían dispuestos a poner en riesgo unos 3 millones de empleos y 9.300 millones de libras en exportaciones a otras naciones europeas en caso de que triunfe la opción por la salida.

La medida, que despertó el enojo de los miembros del bloque, fue reforzada por la exigencia de Londres de replantear las políticas migratorias europeas para hacerlas más restrictivas, principalmente las referidas al libre movimiento de ciudadanos europeos dentro de las fronteras de la UE.

Ese otro guiño para los votantes británicos abrió un cisma con el Gobierno de la canciller alemana, Angela Merkel, el cual, en los hechos, dirime gran parte de las cuestiones comunitarias en el Viejo Continente. Alemania dejó claro que preferiría una Unión Europea sin los británicos a limitar uno de los principios constitutivos del bloque.

Es de esperarse que, conforme se acerque la fecha electoral en Reino Unido, aumenten las proclamas antieuropeas de Cameron en su búsqueda por lograr la victoria, exacerbando más las diferencias que durante años ha mantenido sobre el manejo económico y político del bloque, e incrementando las fricciones con pesos pesados como Alemania.

Los bancos de inversión y las calificadoras de riesgo visualizan ese escenario y advirtieron en sus pronósticos para 2015 que las tensiones políticas son el mayor elemento desestabilizador que enfrentan los negocios y las finanzas globales.

Goldman Sachs, en su informe Diez temas principales para el mercado en 2015, indicó que uno de los riesgos más preocupantes son la reemergencia de las tensiones políticas en la eurozona a partir de las elecciones en Reino Unido y también en España, donde el avance de la fuerza de izquierda Podemos mantiene en vilo no sólo a los partidos tradicionales, sino a empresarios, banqueros e incluso la burocracia de la UE.

Podemos, liderado por Pablo Iglesias y nacido del movimiento de los indignados, fue -junto con los euroescépticos y ultranacionalistas UKIP (británicos), el Frente Nacional de Marine Le Pen (Francia) y el Partido por la Libertad de Países Bajos de Geert Wilders (holandés)- la sorpresa de las elecciones comunitarias europeas en mayo y, desde entonces, ha ganado terreno entre los votantes ibéricos que se identifican con su discurso social y anticorrupción en momentos en que el Partido Popular (PP) del presidente español, Mariano Rajoy, y el opositor Partido Socialista Obrero de Español (PSOE), son actores protagónicos de innumerables casos de irregularidades.

No obstante, el ascenso de Podemos en la vida política española llegó de la mano de la brutal crisis económica, la cual si bien se está superando -el país salió oficialmente de la recesión- ha dejado secuelas que perdurarán durante años. Un informe del BVVA afirma que el desempleo -que hoy es del 23,9% y del 53,7% entre los jóvenes- será estructural incluso cuando el país retome una situación normal.

El mismo detonante facilitará, según sondeos, el triunfo en las urnas, en febrero, de la fuerza de izquierda Syriza en Grecia, país ícono de los pésimos resultados de las recetas económicas de Bruselas. n

Economías agobiadas y rescates financieros que se saldan con recortes sociales establecidos en un guión escrito por el poder central de la UE y que omite los intereses nacionales es la ecuación que explica no sólo el surgimiento de una izquierda contestataria a la estructura actual europea, sino también el resurgir de un extrema derecha xenófoba y de movimientos nacionalistas euroescépticos.

Con matices diametralmente opuestos, Podemos y el Frente Nacional de Le Pen son respuestas de miles de ciudadanos que se sienten ajenos a una institución comunitaria.

Un surgir que para muchos podría desencadenar en una ruptura del pacto democrático que, décadas atrás, delimitó el funcionamiento del bloque.

En el caso de España, que acudirá a las urnas en noviembre de 2015, las principales encuestadoras sitúan a Podemos -con menos de un año de existencia- como vencedora con el 28% del apoyo popular, si las elecciones se realizaran ahora.

Los datos, que para los observadores anticipan el fin del bipartidismo que hegemonizó la vida política y gubernamental del país desde el fin de la dictadura franquista, desesperaron a los empresarios y generaron inquietud en algunos círculos de los organismos europeos.

Si bien Podemos no es un partido antieuro, sí es crítico de la estructura de las instituciones comunitarias. Su líder, Iglesias, denunció que la lógica política de la UE está pensada para dar pleno poder a los mercados financieros en detrimento de los derechos sociales y los sistemas de bienestar.

Más allá de que entre los sondeos de intención de voto y los comicios median todavía muchos meses, las plazas financieras y las grandes compañías ya miran con recelo lo que, advierten, sería un nuevo orden de las decisiones económicas en la eurozona. Los más tremendistas proyectan un alza histórica del riesgo-país español.

Atentos, los mercados seguirán los procesos políticos de una Europa agobiada que enfrenta el desafío de redefinirse sin arriesgar su lógica comunitaria.