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"Europa se estabilizará a fin de año. El euro, antes"
• Roque Fernández cree que el canje de deuda se reabrirá cuando los mercados se normalicen
El ex ministro de Economía aseguró que las nuevas limitaciones a la compra de dólares son «una mala señal».
En diálogo con este diario, el economista de la Universidad del CEMA, dijo además que al menos habrá que esperar hasta fin de año para que la situación crítica de Europa se estabilice. Y que la repercusión más importante que estas circunstancias tendrá sobre la Argentina será sobre el canje de deuda. Igualmente, cree que cuando los mercados estén calmados el Gobierno volverá a abrir el canje.
Periodista: ¿Cómo evalúa los fuertes ajustes que están haciendo algunos países de Europa para evitar que se propague la crisis?
Roque Fernández: La situación refleja lo que al principio se sospechaba con la creación de la zona euro. Eran países muy diferentes y hacer una unión monetaria de esas características implicaba un alto riesgo. Se extendió la interpretación de que un bono griego es un bono de la comunidad europea y que las finanzas públicas de los países están a merced de la irresponsabilidad fiscal de otros miembros. Eso nunca estuvo en los protocolos que llevaron a la constitución de la zona euro. Pero hoy se necesita la voluntad de todas las partes para rescatar un bono y evitar repercusiones sobre otros países.
P.: ¿A los mercados estos ajustes no les parecen suficientes todavía?
R.F.: No. Los mercados han seguido con escepticismo estos movimientos, lo que se reflejó en el euro. Hoy se aplacó un poco el problema pero la semana pasada hubo una situación conflictiva. El gran tema del futuro es si la situación se va a revertir en el corto plazo o continuará, con todo lo que esto implica en el crecimiento, el producto bruto, el comercio internacional.
P.: ¿Cuándo podría estabilizarse la situación?
R.F.: Esta muy complicado. En el mejor de los casos se logrará estabilizar el euro pero las economías europeas transitarán un período de ajuste que puede llevar más de seis meses. Se va a reproducir algo parecido a la burbuja de Japón, un país que para salir hizo más o menos lo que Estados Unidos y Europa: poner las tasas de interés en cero e impedir que no caiga nada, mantener un valor nominal de los bonos y acciones de bancos. Se hará sacrificando los objetivo de política monetaria del Banco Central Europeo, que en su carta orgánica aseguraba que no iba a hacer esto, sino a preservar la estabilidad monetaria y manejarse independiente de los secretarios de finanzas de los distintos países. Pasó lo contrario.
P.: ¿Cuál es la repercusión más importante en la Argentina de esta crisis europea?
R.F.: A la Argentina la toma en mal momento porque justo estaba por cerrar el canje y había optimismo de que se lograría 70% de aceptación. Hoy el Gobierno estaría dispuesto a cerrar con 60%, y yo también. Tomemos lo que podamos y achiquemos el problema. Yo no tensaría más de la cuerda y trataría de cerrar la operación que ya nos deja un problema más pequeño para el futuro. La Argentina no pagará una tasa de un dígito como se buscaba, pero tener menos acreedores insatisfechos es mejor para el país.
P.: Después de cerrado el canje, ¿qué pasará en materia de deuda?
R.F.: Se volverá a abrir, aunque se diga que no. No se puede dejar un litigante con posibilidades de impedir transacciones. Transcurrida la crisis internacional y normalizados los mercados se puede volver a hablar.
P.: ¿La crisis no perjudicará el comercio exterior argentino, que comenzaba a mejorar?
R.F.: El problema es la política comercial argentina, usada en lugar de la cambiaria, por cerrar las importaciones para no tener presión en el tipo de cambio. Si se piensa desde una óptica política es efectivo. Si el Gobierno quiere ganar las elecciones en 2011 cerrar la economía genera un daño recién en el largo plazo. En el corto, habría un montón de bienes que dejan de exportarse y se vuelcan al mercado interno provocando una baja de precios. Pero trabar las compras de productos extranjeros genera una replica de las otras partes, que traban los mercados para quienes los cerraron antes. El impacto local es típico de un gobierno populista.
P.: ¿Qué consecuencias tendrán los nuevos controles en las compra de dólares?
R.F.: Es una mala señal. Si una parte de la demanda queda insatisfecha se abrirá un mercado paralelo que no es bueno, repercute en la tasa de interés y en toda la economía. Yo soy partidario de que mejor sería acomodar el tipo de cambio. Si hay expectativas de que el tipo de cambio está atrasado, casualmente la gran ventaja que tiene un sistema como el que desarrolló la Argentina es que no está atado de manos. Si se devalúa diez centavos por mes puede acompañar la evolución de los precios internos y no generar expectativas de una devaluación futura y atraso cambiario.
P.: ¿Se extenderá el mercado del dólar paralelo?
R.F.: Antes había un dólar paralelo pero de operaciones grandes que se hacían en el extranjero y calculaban un dólar equivalente en Nueva York con respecto al de Argentina. Pero si empezamos a comprar dólares negros en la calle San Martín, ya es otra cosa. Acá hay miedo de que cualquier cambio en la política monetaria repercuta sobre la inflación que ya es un problema. Pero la inflación viene en verdad por la demanda agregada estimulada por el gasto.
P.: ¿Los reclamos de mejoras salariales por encima del 30% influyen también?
R.F.: Creo que son consecuencia de la inflación. Cuando se empieza con un aumento excesivo del gasto, el salario nominal se hace endógeno porque la variable que conduce los ajustes es el nivel de gasto. Alguien puede decir que para recomponer el salario tendría que pedir 30%, pero los meses que espera hasta que le dan el aumento ya se los come la inflación.
P.: ¿Es posible pensar en una inversión que le gane a la inflación para un pequeño ahorrista?
R.F.: Para los fondos líquidos de corto plazo diría que hay que resignarse, se va a perder plata haga lo que haga. Todo da una rentabilidad negativa. El que no necesita la liquidez y cambia el auto, la heladera o el departamento, hace lo correcto. Pero la gente está preocupada por qué hacer con los $ 5.000 que logró guardar. La gente se resigna a que se le está cobrando un impuesto inflacionario sobre la liquidez.
Entrevista de Florencia Lendoiro

