3 de abril 2009 - 00:00

Excéntricos e insólitos, pero exclusivos como un 5 estrellas

Un hotel de hielo
Un hotel de hielo
Supongamos que está aburrido del lujo de los hoteles cinco estrellas. Quiere cambiar, está dispuesto a resignar comodidad y servicios, pero nunca exclusividad. Y hagamos de cuenta que tiene la posibilidad de elegir: ¿dormir bajo el mar?, ¿subido en un árbol?, ¿dentro de un iglú?, ¿en un Boeing 747?, ¿en barricas de vino? ¿en una prisión?, ¿en un cibercafé? Cualquier excentricidad vale hoy en el universo hotelero, y si bien es prematuro aseverar que los hoteles convencionales le están dejando paso a una nueva generación de alojamientos, no sería descabellado pensar que hay miles de turistas -sobre todo los más viajados- que se entusiasmarían con la posibilidad de poder disfrutar de un concepto diferente, ya sea por el lugar en el que se emplazan, por la forma que poseen, por los servicios prestados o por los materiales utilizados en su construcción. Los viajeros clásicos, abstenerse.
En la Argentina, la modalidad aún no existe. Sin embargo, el ingenio y la competencia hacen que se generen nuevos nichos o, en otras palabras, nuevas tendencias. Así surgieron los hoteles temáticos, una alternativa que tiene su cuna en Las Vegas (aunque no vale la comparación, hay que mencionar por caso al Caesar Park con su decoración al estilo del Imperio Romano; el Circus Hotel, con sus ornamentaciones circenses, y el Luxor, que recuerda la época faraónica desde su forma piramidal) y que en el país es cada vez más utilizada tanto por los extranjeros como por el turismo interno. Entre ellos se destacan uno dedicado al tango, otro gay-friendly, uno decorado íntegramente con obras de artistas argentinos y otro dedicado íntegramente al vino.
Aunque parezca mentira, estos establecimientos compiten ya con las grandes cadenas y a la vez seducen a un público específico, con un concepto diferente, que brinda además del hospedaje y los servicios típicos de un hotel de jerarquía, una ambientación dedicada a un tópico particular, que generalmente se combina con actividades y cursos relacionados.
Igual que los esquimales
En el exterior, la modalidad es conocida. Para algunos empresarios se trata de una estrategia de negocios. A otros, en cambio, los seduce la posibilidad de ser únicos. Un claro ejemplo es el Iglú-Dorf Engelberg, Suiza. Geraldine Pucken, directora del Departamento de Prensa, conversó con Ámbito del Placer: «El hotel lo construyó Adrian Günter, en 1996, para aprovechar mejor las montañas y las primeras nevadas del día. Después de una avalancha de amigos que querían probar la noche en el iglú, incrementó el número de iglúes y abrió el Pequeño Mundo de Blanco, en 2005. Fueron seis villas distribuidas en Andorra, Suiza y Alemania. Movió tres mil toneladas de nieve para construir cada villa. Adrián invita a artistas esquimales de Canadá para que realicen esculturas dentro de cada villa, como focas, lobos marinos árticos, osos polares y ballenas en escala iluminados por la luz de las velas», relata Pucken. Las villas están abiertas desde Navidad hasta el comienzo de abril de cada año, si es que lo permiten las condiciones de nieve.
«Hay una variedad de opciones disponibles en las distintas villas, desde iglúes estándar o grupales, hasta los románticos. Cada categoría incluye el uso del baño de hidromasajes o el sauna. Se ha construido también una iglesia que tiene un altar y una fuente bautismal para un casamiento. Cada villa está equipada con un gran lobby en el iglú y un bar donde la comida de la noche incluye una fondue de queso gruyère y 'vin chaud' (vino caliente y especiado que se toma en los países nórdicos). Las suites románticas incluyen además su propio toilette», aclara Pucken, y se permite una ironía: «¡Aunque no querrás estar sentado mucho tiempo en el inodoro!».
En la misma línea aparece el Hotel de Hielo de Suecia, localizado en JukkasjTMrvi.
Fue diseñado por más de 40 artistas y diseñadores de diferentes países que fueron seleccionados por un jurado para decorar los ambientes (y modernizarlos cada año). También se invita a estudiantes de quinto año de arquitectura a sugerir ideas para el exterior del hotel, que consta de una iglesia de madera: la más antigua de la zona, construida en 1606; un museo de los objetos de la vida de los sami; un sauna de hielo; un cine; las habitaciones; y el bar con unas columnas (congeladas desde 1994) que sostienen una barra, donde se sirven bebidas en vasos de hielo. El hotel ofrece un servicio de ayuda, como un curso, y da consejos para poder dormir a tan bajas temperaturas. Las camas, también de hielo, están cubiertas por pieles y sacos polares.
En calabozos, en una prisión
El Hostel Celica, ubicado en la ciudad de Ljubljana, en Eslovenia, fue en el pasado una prisión y luego del retiro del Ejército yugoslavo en 1991, fue transformado en un hotel de arte funk. Tiene 20 habitaciones celda en el primer piso, cada una decorada por diferentes artistas. Algunas mantienen las rejas. «Para hacer las necesidades hay que subir al piso siguiente pues ninguna de las celdas tiene baño», opina su conserje, Dunja Starc. «Por tratarse de un hostel, cuenta con una gran vida nocturna; los martes hay música en vivo en el bar, por lo que se reúnen muchos amigos y artistas», relata. La afamada guía de viajes Lonely Planet dice que el Celica es el hotel más hippie del mundo.
Entre turbinas, en un aeropuerto
Generalmente, cuando un avión no sirve se vende como chatarra. Pero por alguna razón Oscar Dios, un joven empresario sueco, se adjudicó un Boeing 747 en un remate y, en vez de venderlo como chatarra, decidió transformarlo en hotel. El Junker, que está en el Aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo, tiene 85 camas, 25 habitaciones de distintas categorías y algunas suites especiales con baño privado. Todas las habitaciones tienen aire acondicionado, Wi-Fi y televisores. Su mentor, Oscar Dios aseguró que «la idea no es hacer algo lujoso y cobrar muy caro, sino apostar a un servicio para los miles de pasajeros que a diario transitan por el aeropuerto».
También en las profundidades

Poseidón Undersea es el primer resort construido bajo el mar. Si bien originariamente este proyecto fue planificado para construirse en la Isla de Eleuthera (Bahamas), su crecimiento hizo que se termine transformando en un megaemprendimiento de unas 2.000 hectáreas submarinas ubicadas en una laguna de corales que son parte de una isla privada en el archipiélago de Fiji. El responsable de este excéntrico resort es un empresario llamado Bruce Jones, CEO de US Submarines. Jones dedicó gran parte de su vida a diseñar todo tipo de «juguetes» submarinos para los famosos. Ésta es, sin duda, su ópera prima.
Poseidón es un resort ubicado a aproximadamente 18 metros bajo el agua, conectado con tierra por medio de dos túneles submarinos, uno para el acceso de invitados y otro para utilización del personal del hotel. El complejo cuenta con un restorán subacuático, veinte suites de lujo, una habitación temática y un exclusivo bungalow al cual sólo podrá accederse trasladándose en submarino. La estadía -por semana- tiene un costo de 21.700 euros por pareja e incluye transporte al complejo, cuatro noches en la villa de lujo ubicada en la playa, dos noches en una suite bajo el agua, y expedición en un submarino de lujo, entre otros servicios. Su construcción costó 437 millones de euros.
El Utter Inn, en VTMsteras, Suecia, es un caso similar, por estar ubicado (su parte inferior) a tres metros bajo la superficie del lago MTMlaren. Es obra del artista local Mikael Grenberg y consta de una sola habitación. Existen dos tipos de estadías: la de Luxe, con mucama y mozo (lleva la comida en un bote), y la Bohème, en la que todo eso corre por cuenta del huésped. No hay mucho que hacer en este hotel, salvo mirar por los vidrios panorámicos de la habitación submarina, explorar una isla deshabitada que hay en las cercanías, o nadar. Se dice que el hotel tiene un sorprendente éxito entre los ejecutivos suecos de grandes empresas. Sin reuniones, secretarias ni teléfonos...
En la tónica de hoteles con una sola habitación hay otros: en Holanda, en el puerto de Harlingen, el Harbour Crane tiene un solo cuarto dispuesto en la cabina de una grúa. Hay otro en Lighthouse, Escocia, ubicado en lo alto de un faro. Otras opciones son el Mooghotel, en Australia, que se define como un «one music suite» hotel. Una habitación tipo loft con su propia piscina, gimnasio, un valet las 24 horas, acceso a un estudio de grabación, equipos audiovisuales y demás detalles técnicos para los amantes de la música.
El artista austríaco Andreas Strauss ideó, en Ottensheim, a ocho kilómetros de Linz, habitaciones en tubos de hormigón, ideales para mochileros o viajeros con menor presupuesto. Cada caño cuenta con lámpara y corriente eléctrica y colchón de dos plazas. La puerta cuenta con un sistema como el de las cajas de seguridad de los bancos y se abre digitando una clave. El Hotel The One, en Angkor, Camboya, es otra alternativa de microhotelería.
Para amantes del vino
El Hotel-Restaurant-Serre de Vrouwe está en el muelle del antiguo puerto del pueblecito pesquero Stavoren, en Holanda, y ofrece una experiencia inusual de pernoctar en antiguas barricas de vino con capacidad para más de 14.000 litros. Además, es posible elegir entre «habitaciones» de vino tinto o blanco, de acuerdo con las preferencias aromáticas. Una noche cuesta unos 110 euros.
Un perro y un cíber
El Dog Bark Park Inn, o el hotel-perro, está en la localidad de Cottonwood, en el estado de Idaho, en Estados Unidos, y constituye el beagle más grande del mundo, según sus propietarios, los artistas Dennis J. Sullivan y Frances Conklin. El matrimonio se ha encargado de decorar el interior con material canino. Los escultores se dedican también a modelar estatuas caninas en madera de más de 50 razas distintas, que venden a través de internet.
En Japón, la opción más extraña para pasar la noche son los internet café o manga café. Son cibercafés con habitaciones individuales o grupales que contienen una computadora, consolas, y un sofá cama para pasar la noche.

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