10 de julio 2009 - 00:00

Excepcional muestra recupera a Carballo

Esta muestra generosa (más de 90 obras) representa la revalorización de Aída Carballo, una artista excepcional.
Esta muestra generosa (más de 90 obras) representa la revalorización de Aída Carballo, una artista excepcional.
Más de 90 obras de Aída Carballo (1916-1985), entre grabados, dibujos, pinturas y cerámicas, se exhiben en la Fundación Osde (Suipacha 658). Esta muestra representa la revalorización de la obra de una artista excepcional, maestra generosa, que no escatimaba secretos para sus discípulos que la admiraban. Porque Aída Carballo marcó un cambio, y como confiesan algunas discípulas dilectas, entre ellas, Cristina Santander y Marta Belmes, «les abrió la cabeza» en cuanto a la percepción del arte, de la cultura y el hacer de esta disciplina.

Contestataria, no seguía una regla; era lo que puede calificarse de «avanzada» por los temas que se atrevió a tocar: los locos, los amantes, la gente común que viaja en colectivo (esto constituye una anécdota, ya que consiguió un pase libre para todas las líneas). Apasionada por el grabado aunque sabía que jamás tendría las posibilidad económica de la pintura, señalaba que «el estado de alerta del artista es un estado de plenitud, de lucidez y el grabado lo exige».

La muestra permite admirar su conocimiento de todas las técnicas, por ejemplo, su serie «Los Locos», elegida en 1963 por la Asociación de Críticos de Arte como la mejor de la temporada artística. Fue el resultado de conocer in situ «la ciudad de los locos que es apenas un arrabal del infierno», por varias internaciones en institutos psiquiátricos en los que escribía y bocetaba la que sería una de sus series más conmovedoras. «Los amantes» fue presentada en 1965 , seis litografías y un poema de Macedonio Fernández que fue objeto de la censura. Parejas que se entrelazan, se acarician , muestran el amor y el placer. Carballo no comprendía el escándalo suscitado y decía: «La muerte y el amor son muy semejantes, ocurren de improviso y se dan naturalmente».

En 1967, grabados, acuarelas, dibujos y un óleo componen su serie «Los Levitantes», ligada al mundo de los sueños. Los protagonistas se elevan en un ambiente cerrado, hay un pequeño óleo sobre tela, toda una rareza, como lo señala en el catálogo Gabriela Vicente Irrazábal, curadora de la muestra. Obra atemporal donde Carballo, a diferencia de otras series, incluye el color.

En la galería de arte Perla Figari, presentó así en 1968 la serie «Los Colectivos»: «La dedico tiernamente a todos los pasajeros menos al conductor». Su observación personal, su padecimiento, ya que tomaba un ómnibus diariamente en Plaza Italia, y su causa común con los que viajaban apretujados se reflejan en el sentido irónico y humorístico empleado para tratar esta serie muy atrevida para la época .

En la galería El Mensaje, se exibió la serie de «Las Muñecas», acuarelas y xilografías para un clima inquietante, en absoluto inocente. Carballo escribió: «Allí donde célicos muñecos criminales agredirán la insobornable materia de los sueños. Corredores antiguos de maderas ambiguas conducirán el rumbo a la hermética sala de malicias ocultas. Terminantes y secas se aquietarán las bocas y solamente firmes las pupilas autópsidas fijarán el enigma». Como puede leerse , no sólo la imagen sino el lenguaje eran pertubadores. Muñecas articuladas de mirada fija como «La muñeca criminal», «El otro crimen de la muñeca», «El otro sueño de la muñeca malita».

En una ocasión dijo que amaba las palabras. Muchas de sus obras las contienen y aparecen como registro de su vida, por ejemplo, «Autorretrato con biografía» (1964, lápiz sobre papel) con su perfil y la palma con mil surcos de su mano en primer plano: «Y bien, yo soy porteña. sobre piernas sólidas posé mi insolencia. Transcurría el tiempo del viejo Yrigoyen, la Internacional. Oh felices días, el cine Lorraine, Spilimbergo, Victorica, leer a Hesse, que Guido, que Arrau, Picasso es un genio».

Muchas pistas sobre su vida solitaria pero abierta hacia sus amigos, retratos, autorretratos, gatos como Squasso, Xenobia, Pepa, que quedan en sus estampas, terrazas, zaguanes, mujeres de cuello largo, modiglianescas, «Mujeres comiendo Tallarines» (aguafuerte, aguatinta, 1959), la gráfica publicitaria que aparece hacia los 70, las serigrafías con alusiones al Pop Art, cerámicas que fueron expuestas ocasionalmente.

En la muestra se exhiben algunas de las obras premiadas en salones nacionales y provinciales, que fueron numerosos, así como sus ilustraciones para la sección literatura de «La Nación», actividad que se extendió por casi un decenio. Recibió el Premio Konex (1982), la Academia de Bellas Artes le concede el Premio Facio Hebequer (1977); varios años después de su muerte, en 1992, se terminan de imprimir «Misas Herejes -La Canción del Barrio de Evaristo Carriego», obra finalizada por Mirta Ripoll quien también colabora en 1994 con la finalización del tiraje para la Edición de «Last Reason» de Enrique González Tuñón, ediciones para bibliófilos de Samuel César Palui así como las ilustraciones realizadas para los cuentos de Manuel Mujica Lainez. Hasta el 22 de agosto.

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