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Exclusivo para buscadores de rarezas
Sin difusión alguna, Enrique Stavron estrenó ayer su nueva película, una rareza incluso dentro de su ya de por sí curiosa filmografía. Una simbiosis de sus cortos bizarros iniciales, y sus largos sentimentales, como «Ma fille» (el reencuentro de una madre con la hija que le reprocha su abandono) y «Los poco afortunados», que realizó en Ecuador (las enternecedoras timideces de dos gordos y un petiso al momento de elegir pareja).
Para el caso, un gordito tímido, sexualmente indeciso, empleado de heladería, entabla relaciones a través del chat. Un joven cliente y su resignada madre le dan los debidos consejos y lo alientan a concretar algo. Así conoce a dos mujeres. Primero, una gordita que lo cita en el cementerio e integra una secta satánica cuyo padre espiritual (un rubio misterioso que habla con ella en otra lengua) le señala al muchacho como el Elegido para tener descendencia. Luego, una francesa desparpajada, que va en bicicleta por la costanera y pretende llevarlo a ver cine arte (y luego, ya en tren de confianza, le revela ser hermafrodita y procura explicarle las ventajas de esa condición).
Aparte eso, y como origen de sus males, el chico sueña con un enano que fuma en narguile y asegura ser su padre. A cierta altura, el enano va a aparecer. Pero antes, en busca de respuestas, el pibe se le aparece a un tío que apenas lo conoce, y que es proyectorista de un cine porno. Lo que no le impide asistir a las prédicas de un evangelista en Plaza Constitución, y entregar su corazón a Jesús. Y soñar que está en la costa con su mujer embarazada, ambos vestidos como hippies tropicales de una tapa de disco. Pero en la vida real su mujer no quiere tener hijos, y detesta que él toque un organito como aficionado. No importa, «ya vas a encontrar tu lugar en el mundo», lo consuela el propio Adolfo Aristarain, que tiene tres apariciones tan inesperadas como risueñas. También aparece Lorenzo Quinteros, a quien el hombre del cine identifica con López, el de las puertitas.
Así de loca es la historia, o bizarra, en el sentido inglés de extraña y fuera de lo común, casi maravillosa si se quiere sentir las extrañas maravillas con que pueden encontrarse los seres comunes. Lástima que la elección de no-actores haya sido un tanto irregular, por decirlo amablemente. A destacar, Aurélie Rimbaud, la francesa, y Alejandro Cisco, auténtico proyectorista de un cine porno, tras haberlo sido de Cinemateca Argentina durante años.
Detalle importante, la película se exhibe en versión de 88 minutos (feliz reducción de la vista en festivales), y acompañada del último corto de Stavron, realmente inquietante y sugestivo: «Cada segundo», el intenso, y para algunos quizás fatal, encuentro de un hombre que sale de cumplir condena en Sierra Chica, y una colegiala que también se siente sola. Intérpretes, Poyo Castro, también coguionista, y Mercedes Gregorini.


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