Es el caso de Dayse Lima, una empleada pública de 54 años que vive en un barrio de clase media de Río de Janeiro. Furiosa con los ataques políticos que le profirió vía Facebook su hijo Gustavo, de 27 años, decidió retirarle la palabra y bloquearlo de su red de contactos.
Las redes sociales, como Facebook o Twitter, utilizadas por la mayoría de los brasileños, se han convertido en uno de los principales foros de la polarización política a través de masivos grupos de apoyo o de rechazo al proceso de destitución de la presidenta.
Lima trabaja en la Comisión Nacional de Energía Nuclear y es una férrea defensora de Rousseff y de los programas sociales impulsados por el Partido de los Trabajadores, que ha gobernado Brasil por más de trece años.
Al igual que Rousseff, esta mujer cree que el proceso de destitución que el Senado se apresta a iniciar hoy en contra de la mandataria por presunto maquillaje de las cuentas públicas es un golpe de Estado.
Su hijo Gustavo, un especialista en regulación económica en el sector de energía eléctrica, quien asegura no simpatizar con ningún partido político, quiere ver en la cárcel a todos los políticos acusados de corrupción.
Para colmo de su madre, Gustavo también criticó en las redes sociales lo que muchos califican como "asistencialismo" del PT a las clases más desfavorecidas.
"Mi hijo fue haciendo varios comentarios provocativos en Facebook y terminé bloqueándolo", cuenta Lima. Ambos se dejaron de hablar por un tiempo y luego se reconciliaron, aunque sus visiones de lo que sucede en Brasil son como el agua y el aceite.
Gustavo dice identificarse con el movimiento #Vemprarua (Vení a la calle), que organizó este año masivas protestas callejeras en todo el país pidiendo la salida de la presidenta.
Al mismo tiempo, el PT también movilizó a su electorado. El resultado es un país fracturado.
Según las últimas encuestas, cerca de un 60% de brasileños está a favor de la destitución de Rousseff.
En una charla con la AFP entre madre e hijo en el departamento de la mujer en Botafogo, los roces no tardan en aparecer.
"Él tiene más ganas de disentir que de sumar ideas, y por eso todos nosotros vivimos un momento de intolerancia. Veo esa rivalidad en todos los ambientes: en mi trabajo, entre mis amigos y claro, en casa", dice Lima. Gustavo, que vivía con su madre, decidió mudarse con su novia.
Lima siente en carne propia los fuertes vaivenes de la crisis. El día 17 de abril, cuando la Cámara de Diputados aprobó el envío al Senado del procedimiento de "impeachment", sufrió una reacción alérgica tras horas de ver la votación en la televisión y se despertó al día siguiente con el cuerpo lleno de ampollas.
Gustavo no se toma las cosas tan a la tremenda y se alegra de la creciente politización de la sociedad brasileña, que ahora discute la crisis en bares y reuniones familiares, cuando antes era el fútbol lo que monopolizaba cada conversación. "Nunca hubo un movimiento político tan grande en Brasil, y eso es motivado principalmente por el aumento del alcance de los medios", dice.
| Agencia AFP |

