17 de enero 2017 - 00:00

Fantasía y ensueño coinciden en una muestra en Recoleta

La muestra, curada por Rodrigo Alonso, reúne obras de grandes maestros, artistas consagrados y exponentes de las nuevas generaciones. Es una réplica de la exposición inagurada en el MAR en 2014.

CABUTTI. “¡Mirá cuántos barcos navegan aún” (2008), de Marcela Cabutti, integra la muestra “El museo de los mundos imaginarios”, que puede visitarse en el Centro Cultural Recoleta.
CABUTTI. “¡Mirá cuántos barcos navegan aún” (2008), de Marcela Cabutti, integra la muestra “El museo de los mundos imaginarios”, que puede visitarse en el Centro Cultural Recoleta.
El Centro Cultural Recoleta está emplazado en una de las construcciones más antiguas que se conservan en Buenos Aires (1732). En el siglo XIX se fundó allí la Academia de Dibujo que llegó a tener 200 alumnos y, aunque posteriormente fue Asilo de Mendigos y Hogar de Ancianos, el arte volvió a invadir sus claustros en el siglo XX. Desde la llegada de la democracia y hasta el año pasado, el CCR fue un enclave vital para el arte contemporáneo. Las nuevas autoridades cambiaron la política de inserción de los artistas que hoy sienten perdido un espacio que les pertenecía.

No obstante, con el espíritu de las ficciones que se confunden con los sueños, un arte de verdad, con potente encanto visual, llegó a la sala Cronopios y sus adyacentes. La exposición "El museo de los mundos imaginarios", curada por Rodrigo Alonso, se inspira en el texto de Borges "El libro de los seres imaginarios" donde las fronteras de lo real y lo irreal se vuelven difusas.

Allí están, entre alrededor de 70 obras, nuestros grandes maestros (Xul Solar, Gyula Kosice, Raquel Forner, Leónidas Gambartes), artistas ya consagrados (Liliana Porter, Marcos López, Carlos Trilnik, entre otros) junto a brillantes exponentes de las nuevas generaciones, varios, escasamente conocidos. La muestra fue presentada en 2014 por Alonso en el Museo del MAR, institución marplatense que financió la producción.

Por cuestiones de espacio, hoy no figuran algunas obras y otras se han cambiado. Pero en el ingreso a Cronopios hay un video inolvidable para quienes visitaron el MAR: "Teclópolis" de Javier Mrad. El artista configura un relato con oficio, talento, viejos teclados, mouses, CD y otros residuos. Un manto de seda y un encaje blanco se confunden con el oscuro mar y la espuma que amenaza contaminar una ciudad hecha de teclados.

La instalación de Eduardo Basualdo, "El silencio de las sirenas", es una pesadilla que provoca encantamiento y demora a los espectadores. Una laguna roja y polucionada desaparece frente a nuestros ojos y cae succionada por un remolino en el mismo agujero del piso por donde reaparece. El agua regurgita e inunda el territorio, aísla así a los habitantes de las rocas. Las reminiscencias acuáticas perduran en el viril "sireno" de Marcos López, la elegante sirena de Susana Consorte y la bella acuarela de Amadeo Azar.

Marcela Cabutti seduce con su teatral instalación "Mirá cuántos barcos navegan aún". La escena ostenta la gracia de un cuento infantil. El protagonista es un lobo que observa, desde un muelle, un barco de papel alejándose por las aguas donde flotan los nenúfares. Con un clima también ilusorio, Ananké Asseff plantó un tigre desplazándose hacia un hombre que permanece inmóvil, con la actitud mansa de una víctima resignada. Ambos están realizados en brillante metal plateado y en tamaño natural. Una de las obras más dramáticas es la fotografía de RES, "Yo cactus", un autorretrato del artista que poco a poco se transforma en planta, cambio que implica la pérdida de la condición humana. En medio de una sala en penumbra, sobre un pedestal y bajo una cúpula de acrílico hay un personaje diminuto, torturado y atado con cadenas y candados. Este sub-mundo iluminado por reflectores lleva la impronta de Sebastián Gordín.

En un mundo de juguete Liliana Porter reproduce y filma el asesinato de Kennedy. La tragedia representada por sus muñequitos resulta siniestra. En "Matinné" hay estupor, dolor, incertidumbre, amor, desesperación, todo es pequeño pero tan problemático como la vida real.

Borges solía elogiar la "rica, imprevisible e incesante imaginación" de Xul Solar, destacaba que mientras el común de los mortales "vivimos de memoria, Xul vivía inventando y pensando continuamente". Borges creaba mundos paralelos y hay quien asegura que Xul es un personaje de Borges. Entretanto, la utópica "Ciudad hidroespacial" de Gyula Kosice adquiere en la muestra una dimensión trascendente, brinda pruebas del potente imaginario de nuestros artistas. Silvia Rivas, Paula Toto Blake, Tadeo Muleiro, Anabel Vanoni, Tatiana Parcero, Duilio Pierri, Dolores Avendaño, Eugenia Calvo, Fermín Eguía, Javier Bilatz, Érica Bohm, Alejandro Gabriel, San Poggio y Anabel Vanoni, completan la excelente selección.

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