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Fernández contra Moreno: “Hay que privatizar Massuh”
Aníbal Fernández
Ayer, Aníbal Fernández, antes de cruzarse con Moreno cara a cara a las 11 en la reunión del Gabinete de Crisis, le había enviado un mensaje directo intentando imponer sus precisiones sobre la teórica estrategia oficial de este tipo de estatizaciones. El jefe de Gabinete, en declaraciones radiales, definió sin dudar la política oficial asegurando que «no tiene sentido que el Estado sea empresario». Más específicamente, al ser consultado sobre la situación de la papelera Massuh, se explayó asegurando que «el Estado no es empresario del papel». Al hablar sobre cómo eran entonces los planes del Gobierno de Cristina de Kirchner sobre este tema, el jefe de Gabinete dijo abiertamente que la intención oficial, y lo que tiene que procurar Moreno, es que lo más pronto posible la papelera tiene que ser reprivatizada y que la situación actual de Papelera Quilmes (el nombre de fantasía que imaginó el secretario) bajo la administración morenista es temporal y transitoria hasta que financieramente la compañía esté nuevamente en pie.
Según el funcionario, el segundo caso testigo, el de la planta autopartista de Mahle de Rosario, aún no está definido, y podría no tener la misma suerte que Massuh, sino que su venta a otro privado podría ser rápida. La jefatura de Gabinete habla de la necesidad de tomar la administración temporal de Mahle ante la inminencia de la salida de los alemanes de la planta, con el objetivo oficial de tener más tiempo para conseguir el mejor comprador posible.
Tres capítulos
Fernández fue más allá y puntualizó los pasos que este tipo de operativos de administración pública de empresas estatizadas debe respetar. Los tres capítulos son en primer lugar que el Estado ponga la menor cantidad de dinero y «en lo posible nada»; luego, que haya un período de colocación de la compañía en valor económico y financiero, y finalmente su venta. Para Fernández, «lo único que tiene que hacer el Estado con este tipo de proyectos es garantizar los puestos de trabajo ante la eventualidad irreductible de un cierre, la puesta a punto financiero con el menor aporte público (por esto no habría avanzado hasta ahora la venta de Mahle) y luego su recolocación en el mercado privado.
Como se ve, el proyecto es diametralmente opuesto a lo que Moreno tiene en la cabeza, de acuerdo con lo que ya hace en Papelera Quilmes y lo que esboza en Mahle. El secretario de Comercio se mueve como CEO permanente de la papelera, va a trabajar todos los días a las 8:30, y obliga a súper e hipermercados y proveedores del Estado a comprar sus productos. En Mahle avanza en el mismo sentido, y ya se liquidaron los salarios de junio con dinero público, y otro tanto ocurriría en julio y agosto.
El tercer proyecto que Moreno tenía en vista era la estatización de la fábrica de pinturas radicada en San Luis Tersuave. El secretario había recibido a los autodenominados representantes gremiales el jueves pasado en su despacho, invitados por el piquetero oficial Luis D'Elía, quien a su vez se movía con la teórica autorización de Néstor Kirchner. Estos le hablaron al funcionario sobre la toma de la planta de más de cinco meses y de la supuesta intención de desmantelar y vaciar las instalaciones por parte de los dueños de la empresa. Esto fue negado por los propietarios, que además declararon que los delegados que se reunieron con Moreno ni siquiera tienen la representatividad legal de los 450 trabajadores. Fernández le mandó a decir a Moreno que si el problema es laboral, la solución para Tersuave es la negociación en el Ministerio de Trabajo, y no su intención de sumar un eslabón más a su carrera de CEO.
El mensaje quedó claro cuando ambos se cruzaron en la reunión del Consejo Productivo de ayer, donde Fernández fue el anfitrión.


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