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FERNANDO RODRÍGUEZ CANEDO: Director ejecutivo de ADEFA

Así y todo, hoy, como hace un año, creemos que 2011 culminará con récords en todas sus variables (produc- ción/mercado interno/exportaciones). Resulta factible que tanto la producción como las ventas a concesionarios superen con holgura las 800.000 unidades, y las exportaciones el medio millón de vehículos.
También hace un año advertíamos que los desafíos del futuro resultaban tan trascendentes como los logros hasta ese momento alcanzados, un principio que a la luz de los nuevos acontecimientos vuelve a tener plena vigencia, y que una vez más nos impulsa a ser optimistas, pero a la vez cautos sobre las proyecciones para 2012.
Las huellas ya dejadas por la crisis de 2008-2009, y aquellas que se van marcando por las nuevas instancias que nos tocan vivir en la economía global, replantean esos permanentes y también nuevos desafíos para la industria automotriz argentina, que ha moldeado una marcada matriz exportadora que la incluye en el competitivo club de los veinte mayores productores de automotores del mundo.
En ese marco, la importancia que reviste el mercado regional impone que en los países miembros del Mercosur, los sectores públicos y privados formulen los mayores esfuerzos a fin de sostener sus mercados internos, el nivel de intercambio, y a la vez crear condiciones atractivas para captar las inversiones que permanentemente se consideran y deciden en las casas matrices.
En el caso particular de la industria automotriz argentina se debe destacar el esfuerzo realizado por las terminales para incrementar las ventas a otros destinos, como los casos de Alemania y Colombia, y con inversiones destinadas al desarrollo permanente de los proveedores locales, asignando a ese fin más de $ 1.000 millones en los últimos dos años.
Los cambios a nivel mundial también traen aparejados efectos sobre el consumidor global, que se prevé será crecientemente exigente en materia de calidad, valor agregado y precio. Ello incluye consideraciones medioambientales, de seguridad activa y pasiva en los vehículos, que impone inversiones y el desarrollo de nuevas tecnologías, las que permanentemente formulan las terminales argentinas para sí y para sus proveedores, a fin de apuntar a la provisión de componentes con calidad, escala y costos de nivel global.
Los países emergentes se han constituido en un imán para nuevos desarrollos; estamos incluidos en el cuarto polo de crecimiento mundial, no deberíamos dejar escapar la oportunidad, pero a la vez advertir que en ese marco también existe una marcada competencia por captar nuevas inversiones, que impone perseverar en una permanente articulación dentro de la cadena de valor, y de ésta con las autoridades para el dictado de adecuadas políticas públicas, y así continuar enfrentando desafíos simultáneos que plantea el presente y el futuro inmediato: agregar valor y tecnología, ajustar costos para lograr creciente competitividad, y todo ello sin comprometer calidad.

