“Trilogía: Argentina, Colombia, México” incluye obras, a veces irreconocibles, de Frida Kahlo y muralistas como Siqueiros y Rivera.
Siqueiros. “Entrega de juguetes” (1961) óleo sobre madera del famoso muralista mexicano en la muestra de la Colección Fortabat.
Desde la década del 70, SURA ha conformado una importante colección de arte latinoamericano --alrededor de 900 obras-- principalmente de artistas colombianos y mexicanos. En la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat se exhiben 74 obras, que también incluyen destacados nombres de su acervo, bajo el nombre de "Trilogía: Argentina, Colombia, México."
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Según el criterio de los tres curadores, Consuelo Fernández Ruiz (México), Carlos Arturo Fernández (Colombia) y Roberto Amigo (Argentina) se han reunido obras figurativas modernistas, sin tesis ni argumento identitario o político-social. Confiesan haberlas elegido para disponerlas en el espacio y con la decisión de "recuperar el placer de mirar pintura por el solo acto de hacerlo".
En esta exposición debe tenerse en cuenta el oficio de los planteos pictóricos, la visión subjetiva de los artistas, sus individualidades y, en algunos casos, se reconocen nombres significativos y otros que no lo son tanto.
Un mundo de arreos, vestuarios y atuendos del mexicano Ernesto Icaza, en óleos de 1912 que tiene un cierto correlato en Florencio Molina Campos "Cuarteando en la selva chaqueña" de 1950, o Carlos Ripamonte, uno de los integrantes del grupo Nexus con "En el aljibe". Un ejemplo de pintura regional antioqueña es "El maestro Rivillas" (1897) de Gabriel Montoya, un personaje popular caracterizado por su pantalón blanco, ruana oscura, sombrero y alpargatas, que toca la bandola, una pequeña guitarra. Un personaje callejero "El chino", nombre que en la jerga bogotana se refiere a un niño de la calle. Pies descalzos, pantalón corto, sostiene un sombrero en la mano con una actitud digna. De Colombia también está Botero con una naturaleza muerta de 1963 , "Variaciones sobre Cézanne".
Otras naturalezas muertas de Raúl Russo, Rufino Tamayo y González Camarena con alusiones al Día de Muertos; Jorge de la Vega, con una obra muy temprana de 1952; un hermoso interior de Carlos Alonso, "El almuerzo" de 1959. Otras obras que se destacan son las figuras de Francisco Zuñiga, Emilio Centurión, Héctor Basaldúa, Antonio Berni y su "Niña con zapallo" de 1947; "Encore, Dr. Tulp" (1979), de Antonio Seguí; un modesto retrato de un niño de Frida Kahlo de 1929, que no deja ni un indicio de lo que se convertiría esta artista tan emblemática, o la también célebre María Izquierdo con "Niñas con sandías", una obra en la que los personajes tienen carácter escultórico pero en la que tampoco se vislumbran los rasgos surrealistas que caracterizaron muchas de sus obras.
No podían faltar obras de Diego Rivera, Orozco, Siqueiros, lejos de su trascendencia como muralistas, y la faceta espiritual, cuasi religiosa, en los Cristos de Rafael Coronel, el magnífico "Descendimiento" (1962) de Leopoldo Presas , el muy sutil de Débora Arango Pérez, y el "Cristo con flores" de Chucho Reyes. (Olga Cossettini 141, Puerto Madero. De martes a domingos de 12 a 20. Clausura el 18 de febrero).
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