14 de octubre 2011 - 00:00

Fiebre Bieber que sólo entienden fans

A los 17 años, el canadiense Justin Bieber se transformó en súbita celebridad infanto-juvenil. Los alrededores de River fueron un caos de tránsito.
A los 17 años, el canadiense Justin Bieber se transformó en súbita celebridad infanto-juvenil. Los alrededores de River fueron un caos de tránsito.
Hace mucho que existe «la locura femenina hacia los cantantes o los actores». Más cercano en el tiempo, en cambio, es el amor desenfrenado por estrellas de muy corta edad -Ricky Martin cuando aún era un Menudo o nuestro Pablito Ruiz podrían ser ejemplos relativamente cercanos-. Lo que en cambio tiene mucha menos historia es el fenómeno que algunos mencionan como «infanto-juvenil» y que da cuenta del fanatismo que producen ídolos -hay varios muchachitos, pero también algunas chicas- casi de tan corta edad como sus seguidores y en una magnitud descomunal.

Acompañando los tiempos que corren, de grandes espectáculos multitudinarios en vivo, con giras internacionales e infinitas cada vez más habituales, esos jovencitos y jovencitas llenan estadios, venden millones de discos y gozan de las bondades del éxito, casi siempre, en lapsos tan breves como explosivos. En este rubro de los súper-exitosos de futuro impredecible está este canadiense -radicado en Estados Unidos, claro- llamado Justin Bieber, que tiene apenas 17 años, que arrastra orgulloso su formación musical autodidacta y sobre quien nos quieren hacer creer que llegó a la fama grande sólo de la mano de su éxito en Youtube.

En todo caso, la explosión llegó cuando empezaron a «trabajarlo» tan brutalmente como lo hace la industria cuando se pone las pilas. Ciertamente, nada sería posible si Bieber no tuviera algún talento para cantar y algún carisma para seducir a las niñas y preadolescentes, y si no hubiera aprendido tan rápidamente cómo funciona este asunto. Pero tampoco lo hubiera sido sin la fuerte maquinaria que se le instaló detrás: en dos años de carrera ya tiene dos álbumes editados, unos cuantos premios de esos que algunos artistas tardan años en conseguir, una película documental, y hasta un noviazgo muy interesante para la prensa del corazón con la también muy exitosa, y dos años mayor que él, Selena Gómez.

Con todo esto, River fue una fiesta para las más de 45.000 personas que estuvieron allí. Cantó por algo menos de una hora y media. Tuvo sus cambios de ropa. Desparramó su pop juvenil. Se movió por el escenario. Hizo temas como «Love Me», «Bigger», «U Smile», «That Should Be Me», «Favorite Girl» o su súper hit «Baby». Tuvo sus momentos «covers» con «Wanna Be Startin Something» de Michael Jackson y «Walk This Way» de Aerosmith. Mostró un video autobiográfico. Tocó piano y batería. Invitó a una fan a acompañarlo en el escenario.

Cayó en la demagogia inevitable de mostrar una bandera argentina y de hacer loas sobre nuestro país aunque prácticamente sólo habló en inglés. Sin deslumbrar, tuvo su puesta, sus pantallas gigantes y sus compañeros músicos del correspondiente nivel internacional. Y logró que nadie se acordara de que la lluvia molestó todo el día ni que la primavera porteña sigue trayendo más frío que el esperado.

My World Tour». Actuación de Justin Bieber. Soportes: Cobra Starship y DJ Tay James. (Estadio River; 12 de octubre; repitió 13/10).

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