8 de abril 2016 - 00:00

Fileteado: un arte que resurge

Fileteado: un arte que resurge
El siglo XX se presentó colorido y alegre en las calles de Buenos Aires. Colectivos, camiones y hasta los almacenes de barrio estaban inundados de colores vivos que combinaban dibujos con las más variadas tipografías. De forma silenciosa, en las carrocerías y talleres porteños los obreros comenzaban a dibujar lo que hoy se conoce como fileteado, sin pensar que un siglo después su técnica pasaría a formar parte del patrimonio histórico cultural, reconocido por la entidad de Naciones Unidas para la Cultura (UNESCO).

La mención que llegó para despedir 2015 fue impulsada por la Asociación de Fileteadores (AF) para quienes significó un reconocimiento y un estímulo para seguir pensando en un futuro. Durante los '80 y '90 era muy difícil aprender la técnica sino era a través de un padre o de un abuelo. De hecho en 1976 fue prohibida por el gobierno militar en los colectivos, cuenta Freddy Fernández, quien forma parte del grupo Fileteadores del conurbano y es además miembro de la asociación.

Hoy este arte, que es parte del ADN porteño, recobró la escena. No creo que se trate de una moda, sino de un resurgimiento. Es una forma de expresión que se utiliza tanto en las calles como en los medios de transporte, locales comerciales o hasta en los tatuajes, explica Fernández, un apasionado que se dedica ciento por ciento al filete hace más de 15 años. Este renacer permitió que se expandiera hacia las generaciones más jóvenes y no se limite sólo a un oficio heredado. Muchos de los viejos maestros abrieron talleres y escuelas, lo que hizo que el arte tenga más difusión y alcance a los jóvenes, agrega.

Uno de esos casos es el de Alfredo Genovesi, quien estudió Bellas Artes y a los 20 años decidió que su camino estaba en el fileteado. Me especialicé sobre todo en el trabajo de investigación y con todo el material que reuní a lo largo de años de trabajo decidí comenzar a dictar cursos y escribí tres libros, cuenta el experto con más de 30 años de oficio. Además dicta clases en el exterior haciendo que el arte porteño llegue a Europa y a toda América Latina. Antes sólo se aprendía por la trasmisión de maestros; ahora las generaciones más jóvenes tienen mayor acceso, concluyó.

Para quienes se dedican al oficio de filetear, no es un trabajo más. Los pinceles bailan como las bailarinas en puntas, narra César Palacio. Es que a la hora de encarar un nuevo trabajo la imaginación vuela y los colores juegan un papel fundamental, dando lugar a los efectos de luces y sombras. Siempre ver un elemento base de cualquier clase y darle la impronta del filete representa un nuevo desafío y el placer de lograr la transformación para regocijo tanto del cliente o simplemente de quien lo observa. Me da la posibilidad de dejar la firma, de haber pasado y dejado algo diferente a lo que encontré, cuenta Palacio, con más de 10 años de profesión.



Nuevas plataformas

Los motivos que conforman el repertorio típico del fileteado van desde las más variadas flores, volutas, hojas de acanto, cintas argentinas, bolitas, angelitos y líneas muy estilizadas que se van combinando con escenas y frases del día a día. Pero en el resurgir de esta disciplina fueron cambiando los soportes, adaptándose a los tiempo modernos: desde tatuajes hasta la posibilidad de usarlo en las técnicas del revolucionario body paint, pasando además a formar parte de un arte que se puede mezclar con las manualidades, creando artesanías y decorando murales de las calles porteñas.

En general el trabajo suele ser un acto muy solitario, de estar encerrado horas en un atellier. Con la actividad de los murales se trabaja con el otro de forma conjunta y hasta con los grafiteros, sostuvo Fernández. Un reflejo de esta conjunción son la estación Carlos Gardel, de la Línea B; también en la línea E y en la H, que cuentan con este arte decorativo que fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires en 2006.

En 1999 me convocan para hacer una publicidad y me piden que filetee a través del body paint, a los modelos. Ahí comencé a trabajar en esa técnica y especializarme. Lo mismo pasó en 2000 cuando comencé a trabajar en conjunto con un tatuador y la aceptación fue inmediata, agrega Genovesi. Siempre en busca de más desafíos, comentó además que ahora está innovando en emplear la técnica en la pastelería.



Actividad solidaria

El fileteado no es solo una técnica de arte sino una forma de comunicar. Los murales, que hoy invaden la ciudad, buscan dejar un mensaje: Queremos expresar lo que le está pasando a los trabajadores, a los docentes y hasta a los estudiantes, ejemplifica Fernández, quien a través de su grupo llevan pintados más de 600 murales en las calles porteñas.

Pero no se trata de elegir cualquier pared en blanco sino hacerlo en aquellas zonas más necesitadas. A diario este grupo de jóvenes se sumerge en las calles de las villas para cambiarle la cara y con la ayuda de los vecinos decir lo que ellos quieren a través de los murales. Sin lugar a duda es una forma de solidarizarse con el otro, salir del taller y enseñarle al resto de la gente qué es lo que hacemos además de ponerle vida y color a cada rincón.

Según la UNESCO, los fileteros les trasmiten su técnica a todas las personas deseosas de aprenderla, lo que constituye una oportunidad de inserción social para todos los jóvenes que corren un riesgo de exclusión social, agregó Palacio, quien hace un importante hincapié en el uso del oficio como herramienta para integrar a aquellos de menores recursos.



Reivindicación

Moda es la que aparece y desaparece; yo lo llamaría reivindicación, ya que si lo vemos por el lado nacional, jamás dejó de usarse..., explica Palacio. Es cierto que el fileteado hasta tiene su propio sello en el exterior, donde está ligado al tango y por supuesto a la Argentina. Pero en los últimos años ha vuelto a tener protagonismo, casi el mismo que en sus inicios.

Sus imágenes incorporan elementos de carácter social o religioso y la temática popular comprende desde representaciones de santos, personalidades políticas admiradas e ídolos del fútbol. Muchas veces esas imágenes van acompañadas de frases típicas o dichos, una forma de extender la cultura porteña a cada rincón del país y exportarla al mundo.

Las principales marcas también apuestan a uno de los oficios más antiguos de la Ciudad de Buenos Aires. Hicimos una campaña muy interesante para Nike, también hicimos un huevo gigante para el hotel Faena, cuenta Genovesi, quien asegura que hoy se puede emplear la técnica del fileteado en todos los materiales.

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