Duterte logró una insuperable ventaja de 5.840.000 votos sobre su rival más cercano, con poco más del 88% de las boletas escrutadas, indicó el PPCRV, organismo católico de fiscalización oficial. Tras el anuncio de los resultados, Duterte declaró en la ciudad de Davao, de la que fue alcalde durante dos décadas, que aceptaba "el mandato del pueblo".
Duterte, de 70 años de edad, obtuvo casi el 40% de los votos, mientras que Mar Roxas, el candidato del presidente saliente, Benigno Aquino, lo seguía con cerca del 23%.
El prepotente ascenso de Duterte sorprendió a todos. Hasta hace pocos meses considerado un candidato en broma, acumuló consensos gracias a su línea dura contra el crimen y la corrupción, abriéndose paso incluso en el centro-sur con sus promesas de federalismo.
En un país donde las categorías políticas de derecha e izquierda no son aplicables y el establishment integrado por algunas "dinastías", entre ellas los Aquino, ya no genera entusiasmo, ganó las fascinación por un "outsider". De alcalde de Davao, en el sur del país, por más de dos décadas, Duterte logró estabilizar una de las ciudades más violentas del archipiélago con ejecuciones sumarias de delincuentes; tales acciones le otorgaron el mote de "el castigador".
Duterte prometió hacer lo propio a escala nacional. A tal punto que aconsejó a la población abrir empresas funerarias, dado que él "proveerá los cadáveres". El "hombre fuerte" propuso, también, medidas casi dictatoriales, como la abolición del Congreso para erradicar la corrupción. De economía no sabe gran cosa, como él mismo admitió.
Ni siquiera sus pésimos chistes sexistas -que hicieron que se lo comparara con Donald Trump- hicieron mella en su popularidad. En un país devotamente católico, Duterte salió indemne incluso después de haber dicho que el papa Francisco era un "hijo de puta" por las complicaciones en el tránsito que había provocado su visita. Y no es todo. Sobre la violencia sexual sufrida por su hija dijo que ella era "una reina de la actuación". Así que no llama la atención su opinión sobre la violación grupal sufrida por una misionera australiana, asesinada en 1989 en una revuelta carcelaria en Davao: "Era muy hermosa, el alcalde debería haber sido el primero, ¡qué pérdida!".
El Gobierno de Duterte dependerá de su grupo de colaboradores. Entre ellos, es probable que ocupe el lugar de vice Bongbong Marcos, actual senador y con aspiraciones presidenciales para las elecciones de 2022. A diferencia de Duterte, Marcos es un moderado que pide no ser juzgado por las acciones de su padre Ferdinad, exdictador filipino (1965-1986). Sin embargo, se vale de su herencia política de modo ambiguo, mirando con buenos ojos a los nostálgicos de la disciplina de su progenitor, en un país donde el 60% de la población nació tras aquellas dos décadas de mano férrea. Escasa memoria histórica y muchos deseos de novedad llegarán al Gobierno con un potencial dictador y el hijo de uno que lo fue.
| Agencias ANSA y AFP |


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