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Fin de ciclo: los cacicazgos de pago chico que peligran el 25-O
En estos días, Valenzuela maileó al buró del PRO una encuesta -dice que la contrató y pagó Curto- que lo da ganador por unos 5 puntos arriba. El metalúrgico, que estuvo a punto de bendecir un delfín pero luego, obstinado, salió a la busca de su séptimo mandato, bracea contra el desgaste de los años y mientras ejecuta sus destrezas reza a que Daniel Scioli lo tire hacia arriba; le done unos miles de votos, el oxígeno que espera.
Tres de Febrero, que desde 1991 votó seis veces a Curto -en la era Menem, en la era Duhalde, en el interregno aliancista, con los dos y sucesivos Kirchner- integra un pack de municipios de peso donde el 10 de diciembre puede haber cambio de mando político. En varios casos el que resiste es el FpV (en sus diversas versiones), en otras la presión está sobre el massismo o la UCR. El PRO, que se afincó en Vicente López con el primo Jorge, tiene blindado ese territorio. Hay casos y causas. Además de los méritos o errores de cada candidato, aparece un elemento central: la presencia del massismo, que retuvo un porcentaje importante de votos y puede, depende de la suerte general de UNA, volcar la balanza.
•En la zona oeste, además de Tres de Febrero, hay otros dominios en discusión. En Morón, donde el sabbatellismo manda desde 1999, en simultáneo al triunfo de la Alianza, el PRO también se anima a especular con un triunfo. La elección terminó ajustada, con una leve ventaja de Hernán Sabbatella, hermano del candidato a vice sobre Cambiemos, interna en la que arrasó Ramiro Tagliaferro, esposo de María Eugenia Vidal. Como en Tres de Febrero, en Morón el macrismo espera que se polarice la elección a nivel local para que votos que fueron al massismo le den el envión imprescindible para pasar al frente.
•No es lo que ocurre en San Miguel y Hurlingham. Los dos territorios están en manos de massistas. Al fundacional Joaquín De la Torre lo persigue el pasado: su examigo y exsocio, Franco La Porta, con quien le arrebataron en tándem el distrito a Aldo Rico, lo desafía con la camiseta del FpV, envalentonado por unas primarias donde el oficialismo le ganó por un 10% al massista. De la Torre, decidido a sobrevivir, se prepara para sistematizar el delivery.
•En Hurligham, otro massista y anti-K, Luis Acuña, lo sorprendió un fenómeno poco usual: Juan Zabaleta, "El Juanchi", que durante tres décadas hizo su carrera política en Morón, se mudó a Hurlingham para pujar con Acuña. En las primarias del 9 de agosto, lo apabulló: el FpV superó a UNA de Acuña por casi 15 puntos.
•Otro massista/macrista, Jesús Cariglino de Malvinas Argentinas -estaba en el FR, se mudó al PRO, pero sobre la hora volvió a UNA- quedó en zona gris: perdió por 2 mil votos (71 mil a 69 mil) contra Leo Nardini, dirigente de Kolina, que puede sumarse al club de los nuevos intendentes. Cariglino es un experto en supervivencia: logró la "magia" de ganar en 2011, con boleta corta y sintonías con Macri, cuando la ola K, con una Cristina Kirchner del 54%, arrasó con todo.
•En la Primera Sección hubo otras dos novedades. En Campana, la peronista Stella Maris Giroldi perdió por más de 10 puntos con Cambiemos, entre los que primereó el expiloto Sebastián Abella. Giroldi, esposa del fallecido Jorge Varela, dependerá como Curto del arrastre positivo de la boleta de Scioli.
•En Mercedes, donde Carlos Selva gobernó y resistió los embates de La Cámpora -Juan Ustarroz, familiar de "Wado" de Pedro, es un candidato serial en el distrito-, el intendente fugó hacia una diputación por el massismo y su delfín quedó tercero en la grilla donde, por frente, ganó Cambiemos -el más votado fue Lucas Val- aunque Ustarroz fue el postulante individual más votado. Si el wadista festeja, podría convertirse en uno de los primeros intendentes neocamporistas junto a Walter Festa en Moreno y Diego "Chapu" Barrale en San Vicente, ambos del neocamporismo que reporta a José Ottavis.
•En la Tercera, punto fuerte del peronismo, el único distrito en veremos en Lanús donde el 9-A ganó Julián Álvarez, de la rama Wado de La Cámpora pero quedó, al acecho, Néstor Grindetti, ministro macrista que va por su segundo intento -esta vez más auspicioso- por la intendencia. Como en otros pagos, el plus de votos para que la oposición repunte lo capturó el massismo en la primaria y, como en Morón o Tres de Febrero, el PRO confía en que una polarización nacional y provincial derramará en el distrito en su beneficio. Si Grindetti ganase en octubre, se convertiría en el primer intendente no PJ del conurbano sur desde 2003 cuando Oscar Laborde cayó en Avellaneda.
•En el interior hay varios duelos intensos: en Mar del Plata, el macrista Carlos Arroyo venció al alcalde Gustavo Pulti y parece encaminarse a otra victoria. En La Plata, el jefe comunal Pablo Bruera (FpV) tiene que lidiar con Julio Garro (PRO) para tratar de reelegir: están parejos y se entregaron a un duelo a todo o nada. En Junín, el intendente massista Mario Meoni, de pasado en la UCR, quedó tercero detrás de Cambiemos -donde se impuso Pablo Petrecca- y el FpV. En la vidriera playera, Pinamar, la plataforma de la política criolla, el peronismo parece condenado a ceder el mando a Martín Yeza, el joven candidato del PRO/Cambiemos. En Bahía Blanca, el massismo gobierna a través de Gustavo Bevilacqua, pero en la primaria UNA quedó tercero detrás del neomacrista Héctor Gay y Marcelo Feliú del FpV.


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