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Fin de un ciclo: entregaron las FARC a su último rehén político
No bien Sigifrido López tocó tierra en el aeropuerto de Palmira, sus hijos, Lucas y Sergio, se lanzaron a una carrera alocada para abrazarlo.
La entrega se produjo en una zona selvática del departamento del Cauca en una misión humanitaria liderada por la senadora Piedad Córdoba y de la que tomaron parte delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que viajaron en un helicóptero suministrado por Brasil.
El grupo se trasladó hasta un aeropuerto en Cali, donde López, quien vestía remera y pantalón oscuro, una gorra y botas de goma, se enlazó en un abrazo con sus dos hijos, Lucas y Sergio, con quienes lloró sin consuelo.
El político, quien recibió en sus manos rosas rojas y blancas, también se abrazó en medio de lágrimas con su madre y con su esposa, Patricia Nieto. Luego, caminó y saludó a sus amigos; al ministro del Interior, Fabio Valencia, y a otros representantes del Gobierno que lo recibieron mientras una banda tocaba ritmos colombianos dándole la bienvenida.
«Vengo bien, vengo bien, en últimas vengo bien, después de que estoy vivo y libre, lo demás no es problema», dijo López en sus primeras declaraciones, antes de presidir una manifestación pública en una céntrica plaza de Cali. El ex diputado lucía en buenas condiciones de salud y permanentemente mezclaba sonrisas con llanto.
En el transcurso de la semana, las FARC liberaron a tres policías, un soldado y al ex gobernador del departamento (provincia) del Meta, Alan Jara, en misiones que contaron con el apoyo logístico de Brasil. Pero en poder de la guerrilla continúan 22 efectivos de las Fuerzas Armadas con los que las FARC buscan presionar al Gobierno del presidente Alvaro Uribe a negociar un acuerdo humanitario.
Con las liberaciones unilaterales, las FARC buscan ganar espacio político e imagen internacional después de golpes recibidos de parte de fuerzas de seguridad, que incluyeron las muertes de importantes comandantes, el rescate de la política Ingrid Betancourt y la deserción de miles de combatientes.
López fue secuestrado en abril de 2002, cuando un comando rebelde, que simuló ser de la Policía y el Ejército, secuestró a 12 diputados en pleno centro de Cali. El ayer liberado fue el único de los 12 rehenes que sobrevivió a una masacre de junio de 2007 cuando, según el Gobierno, un error de comunicaciones entre dos comandos rebeldes provocó un combate en medio del cual fueron asesinados los políticos.
«El terrible asesinato de mis compañeros, eso es una huella en el alma que el pueblo colombiano jamás podrá olvidar. Mis compañeros eran sólo vida y se las arrebataron miserablemente», dijo con la voz entrecortada frente a una multitud, al recordar a sus compañeros de cautiverio.
«Mis compañeros jamás merecieron ser asesinados como fueron asesinados por las FARC el 18 de junio, a las once y media, del año 2007», aseguró el político, quien dijo que pese al sufrimiento que soportó, no guarda rencor a la guerrilla.
«Hay que exigir la liberación unilateral de todos los civiles y el intercambio de prisioneros, de los combatientes», señaló el dirigente en una proclama en la plaza. «Sólo hay una posibilidad de traer con vida a los 22 militares y policías que en este momento están amarrados a un árbol (como) desde hace diez años».
«Las FARC tienen orden perentoria de asesinar a los indefensos secuestrados apenas sientan el primer helicóptero o apenas escuchen la primera bala en su campamento, como ocurrió con mis compañeros». «No podemos descuidar la esencia de la democracia, que es el diálogo para construir soluciones», aseveró.
El Gobierno y las FARC mantienen posiciones contrarias y radicales que han impedido poner fin al drama de los rehenes.
La guerrilla exige a Uribe una zona liberada de 780 kilómetros cuadrados donde negociar el intercambio con el Gobierno. Pero el presidente, quien impulsa una ofensiva militar contra los rebeldes, se niega argumentando que las FARC quieren sacar ventaja de una zona para el tráfico de drogas y de armas.
Agencias Reuters, EFE, ANSA, AFP y DPA


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