Final: frente Pino-Carrió no pedirá control de Diputados

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• Se opone así al radicalismo, que plantea pelear por la presidencia si la oposición llega a la mayoría en octubre

El futuro del quórum, las mayorías y el control del Congreso más allá de las elecciones de octubre se vuelve más incierto y no por las proyecciones que ya se hacen sobre el resultado y el impacto sobre la distribución de bancas tanto en el Senado como en Diputados.

Las mediciones posPASO que se fueron conociendo en la última semana indican, en los pronósticos más moderados, que el resultado de esa primaria se proyectará sobre la elección nacional o inclusive va a ampliarse a favor de la oposición.

Pero mientras el radicalismo presiona para que los integrantes de UNEN vayan unificando posiciones para reclamarle al kirchnerismo desde diciembre, cuando esos pronósticos se confirmen, la presidencia de la Cámara de Diputados y de las comisiones centrales, Fernando Pino Solanas y Elisa Carrió ponen resistencia y prefieren no jugar esa estrategia.

Pino Solanas confirmó ayer que no pedirá el control de Diputados para la oposición aunque el resto de los bloques pretenda asumir la presidencia de la cámara. "Vamos a respetar que la primera minoría se quede con la presidencia", dijo ayer el candidato a senador por UNEN.

Carrio, que ayer volvió a la actividad tras un breve descanso después de las PASO, fue bastante más allá de Solanas: "Massa es el nuevo Kirchner. Después, que alguien pague el ajuste. Eduardo Duhalde está detrás de todo esto. Donde está De Mendiguren hay un golpe civil. Por eso reiteramos nuestra posición institucionalista".

La denuncia de Carrió no quedó ahí: "El establishment y Massa" podrían intentar que el Gobierno de Cristina de Kirchner finalice antes de tiempo y sentenció: "Ahí no voy a estar jamás".

Para Carrió, que habló ayer desde Mendoza, la idea es competir por la presidencia de la Cámara de Diputados contra Julián Domínguez, en caso de que la oposición confirme los resultados de las PASO y se haga con la mayoría en Diputados, como sucedió en 2009.

Ese año, todos los bloques de la oposición se reunieron para conformar el Grupo A que le exigió al kirchnerismo la presidencia de las principales comisiones de Diputados y la mayoría en la conformación de esos cuerpos. Pero, con la exigencia de Carrió a la cabeza, no se forzó la votación para elegir al presidente de la Cámara y se mantuvo al kirchnerista jujeño Eduardo Fellner en ese cargo.

Para Carrió, el planteo de los grupos opositores de quedarse con la presidencia de Diputados después de diciembre "es parte de ese juego".

Sobre la presidente, Carrió sentenció: "Cristina fue abandonada, es la lectura objetiva. Fue abandonada por la legitimidad de la gente, en esto es idéntica a Isabel, fue abandonada por los sindicatos y por el PJ. Isabel lo buscó y Cristina lo buscó.

Pino Solanas y Carrió empezaron a jugar así en una sintonía común mucho más cercana, inclusive, que la que mantuvieron durante la campaña para las PASO: "Cualquier intento de desestabilización o maniobra de ese tipo nos va a encontrar lejos. Queremos continuidad institucional", dijo el candidato a senador durante el fin de semana, "en la Argentina la tradición es que la primera minoría se quede con la presidencia y eso lo vamos a respetar".

En realidad esa tradición fue rota por el propio peronismo. La última oportunidad fue durante los días finales del Gobierno de Fernando de la Rúa. Tras la derrota de la Alianza en octubre de 2001, el PJ decidió avanzar el 10 de diciembre (con el recambio legislativo) sobre la presidencia de Diputados, colocando en ese puesto a Eduardo Camaño y sobre la presidencia provisional del Senado, que pasó a manos del misionero Ramón Puerta. Pocos días después ambos asumirían la presidencia de la Nación en forma provisional, por aplicación de la Ley de Acefalia, tras la caída del radical.

Solanas avanzó también el fin de semana sobre la nueva arquitectura de la oposición y el impacto de las marchas y cacerolazos en la decisión de formar un frente común en UNEN: "Eran marchas que tenían un denominador común, a pesar de su heterogeneidad: pedían unidad, basta de corrupción, de inflación, de inseguridad. Oímos ese reclamo", dijo.

Tambien dejó en claro, como lo hace Carrió, que la estrategia no es sólo la puja con el kirchnerismo: "Queremos derrotar al Frente para la Victoria, también estamos en condiciones de imponernos sobre el macrismo". Y sostuvo: "Esa derrota sería un golpe muy duro para el proyecto presidencial de Macri".

La estrategia de Carrió y Pino, entonces, parece estar cada día mas lejana de la de sus socios de la UCR en UNEN. El radicalismo volvió a plantear este fin de semana la necesidad de armar un frente común entre todos los bloques de la oposición, algo similar a lo que sucedió en 2009, para competir por la presidencia de Diputados.

El cálculo que hace el Comité Nacional de la UCR es que la proyección de los resultados de las PASO a octubre indica que el radicalismo, junto al FAP y algunos bloques del centroizquierda, podría llegar al número que sume el kirchnerismo.

Según cálculos optimistas, ese espacio podría componerse por entre 70 y 80 diputados, quienes conformarían un amplio interbloque, liderados por el exvicepresidente Julio Cobos y el exgobernador de Santa Fe, Hermes Binner.

Esa cantidad los dejaría por encima del resto de las fuerzas opositoras que compondrán el Congreso después del recambio del próximo 10 de diciembre y le daría una buena posición para negociar con el resto del PJ rebelde la elección de un presidente opositor.

Pero esta estrategia chocó con la definición de Pino Solanas y de Carrió y podría también enfrentarse a la que sigan el GEN y el socialismo . Hasta ahora, Margarita Stolbizer no fijó posición sobre el tema y prefiere esperar el resultado del 27 de octubre.

En el radicalismo, de todas formas, la estrategia de avance tiene sus matices. Mientras parte del bloque plantrea ir directamente tras la presidencia de la Cámara, hay convencimiento también que de poco serviría lograr el número para hacerlo sin un acuerdo con el resto de la oposición para manejar la cámara y una agenda de leyes a debatir. La idea es no repetir los errores de 2009.

Lo cierto es que, si bien es una costumbre que el bloque mayoritario se quede con la presidencia, el reglamento de la Cámara no establece por escrito quién debe ocuparla.Sólo afirma que la jefatura quedará en manos de quien cuente con los votos de la mayoría. El hecho de que sea sólo una costumbre es lo que permitió que se rompiera en 2001 y que en 2009 la oposición lograra el control de las principales comisiones, frenando ante la presidencia de la Cámara pero sólo por decisión política.

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