28 de julio 2011 - 00:00

Flavio Oliver, de artista de circo a estrella de la ópera

Para Oliver, «si la ópera quiere evolucionar y estar al nivel de otros lenguajes visuales, el cantante tiene que tener una formación más completa».
Para Oliver, «si la ópera quiere evolucionar y estar al nivel de otros lenguajes visuales, el cantante tiene que tener una formación más completa».
Sopranista, compositor, bailarín, actor, pianista, ex acróbata, Flavio Oliver es un artista cuya premisa fundamental parece ser la de no quedarse quieto nunca. Muy recordado por su actuación como Tolomeo en «Giulio Cesare» de HTMndel en el Argentino de La Plata el año pasado, el español (que actuó en el Metropolitan Opera House y otros grandes teatros líricos del mundo) está de regreso para protagonizar a partir de hoy en el centro experimental platense la ópera-performance «Intermedio», según idea de Claudia Billourou y Gustavo Basso. La obra se anuncia como una reescritura del «Orfeo» de Gluck que reinstala el mito «en los variados avernos que han atravesado el siglo XX». Dialogamos con Oliver.:

Periodista: ¿Cómo se llega de actuar en el circo a cantar en el MET?

Flavio Oliver:
Mi padre era acróbata y me entrenaba todos los días, para mí era un juego. A los diez años debuté en el circo y desde los seis cantaba, componía y había empezado a tocar el clarinete y el piano, a los trece grabé un disco solista con canciones de Juan Carlos Calderón, el autor del famoso «Eres tú» de Mocedades. Evelio Esteve, tenor amigo de Plácido Domingo, comenzó a darme clases justo antes del cambio de la voz y decidió no interrumpirlas, trabajando los resonadores altos, y terminada la muda yo tenía mi voz de barítono pero también una de cabeza que llegaba al Fa sobreagudo. Paralelamente me fui formando en danza, me enamoré de mi profesora de afrocubano y a los 18 me fui a vivir con ella, ya había terminado Piano y estaba finalizando Composición. Después de bailar profesionalmente dos años, me dediqué a componer. A los 27 me tomé en serio el teatro, gané un premio como actor en el Festival de Teatro de Chicago y volví a España.

P.: Es decir que desde la adolescencia hasta casi los 30 no usó su voz.

F.O.:
Sólo para algunas músicas propias, pero estaba intacta. Ya en Europa el régisseur Gustavo Tambascio me propuso intervenir como contratenor en una ópera contemporánea en el Teatro de la Zarzuela. En dos meses recuperé el training y me surgió muchísimo trabajo como sopranista. Más tarde audicioné para Plácido Domingo y me contrató para «Giulio Cesare» en Washington, y ahí comenzó mi carrera internacional en esa cuerda. Una vez al año trato de intervenir en alguna producción experimental, que tenga que ver con el canto y la improvisación. Este año Claudia Billourou me propuso esta maravillosa producción en el TACEC.

P.: ¿De qué manera se integran todas esas disciplinas en el momento de salir a cantar?

F.O.:
No puedo dividir lo físico de lo musical o lo dramático. Hago un entrenamiento constante de todas las disciplinas: ejercicios respiratorios, gimnasio, para mantener la estructura física lo más operativa posible, y siempre canto con todo el cuerpo.

P.: ¿Piensa que los cantantes deberían tener una mayor formación física?

F.O.:
No para el desarrollo de la voz, pero creo que si la ópera quiere evolucionar y estar al nivel de otros lenguajes visuales, el cantante tiene que tener una formación más completa. Salvando las distancias, el cantante de musical tiene un espectro mucho más amplio y una actuación mucho más veraz. En las escuelas de canto lírico eso no sucede. Ahora tenemos maravillosas grabaciones, pero la ópera es otra cosa.

P.: ¿Qué cosas inusuales le ha tocado hacer en el escenario?

F.O.:
En mi debut en Washington saltaba desde un obelisco de dos metros y medio, mataba a un soldado, daba un salto mortal en el aire, vueltas carnero, y después de una larga escena comenzaba el recitativo. Eso requiere controlar rápidamente las pulsaciones cardíacas, y haber hecho yoga me lo permite. También me ha tocado trepar o derribar paredes, cantar toda un aria cabeza abajo, etcétera.

P.: Usted ha encarnado al Orfeo original de Gluck. ¿Cómo es el personaje que interpretará en esta obra?

F.O.:
Representa al «Hombre 0», la potencialidad, está invisible y se permite hacerse corpóreo para manifestar distintas pasiones humanas, y allí es Orfeo. También es un trabajo muy físico, se ve un descenso real a los infiernos, el esfuerzo de entrar a un sitio terrible donde uno es rechazado. Musicalmente el canto se mantiene en su línea melódica, pero el acompañamiento, clave y dos contrabajos, está modificado, contemporaneizado. La obra está basada en las experiencias de pérdida y de salto al vacío que tuvo que realizar Claudia durante el Proceso militar, como las de tanta gente aquí, una peregrinación y la negación de la pérdida del ser querido y la voluntad de recuperarlo, y Orfeo encaja perfectamente dentro de ese contexto.

Entrevista de Margarita Pollini

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