14 de agosto 2012 - 00:00

Fonzi: el humor como un mecanismo de relojería

Tomás Fonzi: «La obra habla de los egos desmedidos de los actores, de los vaivenes de la fama, de los momentos de inseguridad».
Tomás Fonzi: «La obra habla de los egos desmedidos de los actores, de los vaivenes de la fama, de los momentos de inseguridad».
A punto de cumplir 31 años, ya padre de una niña de 2, pero sin haber perdido ese aire adolescente que le sumó tantas fans, Tomás Fonzi dice de su profesión: «Cuando un actor tiene trabajo se siente pleno, y cuando no se siente una basura inservible, porque el desempleo pega directo en lo que uno es». Sus inicios como ídolo juvenil en la tira «Verano del 98" nunca llegaron a marearlo, como tampoco su intempestivo debut en cine con «Una noche con Sabrina Love», al que siguieron dos títulos taquilleros («Nueve reinas» y «Kamchatka») y un papel en «La tempestad» junto a Alfredo Alcón.

Fonzi siguió teniendo bastante continuidad en cine, teatro y televisión. Sin embargo, asegura que tuvo que aprender a convivir con los vaivenes de una actividad particularmente inestable. El próximo viernes 17 debutará con la comedia de Jim Geoghan «Buenas noches, muchas gracias» («Only kidding» en el original) que dirige Lía Jelín en el Teatro Maipo. Completan el elenco Pablo Brichta, Daniel Campomenosi, Campi y Gabo Correa.

Periodista: ¿De qué trata la obra?

Tomás Fonzi: Es sobre un grupo de comediantes de stand-up desesperados por triunfar en la televisión. La obra lleva por subtítulo «la otra cara del humor» y muestra lo que es capaz de hacer un actor por alcanzar el éxito. También se habla del detrás de escena y de los mecanismos del humor. Para mí fue una verdadera clase. Aprendí el valor que tienen los remates, los pies y los silencios para que un chiste tenga eficacia. Hacer humor requiere de un entrenamiento muy especial.

P.: ¿Son historias paralelas?

T.F.: Sí, pero al final se entrelazan. En el primer acto, un comediante ya mayor -que fue muy famoso en su momento y ahora está en decadencia- intenta volver al ruedo con la ayuda de un joven y exitoso escritor que lo admira y quiere rescatarlo del olvido. El segundo acto está protagonizado por un dúo cómico que trabaja en un tugurio, en una especie de café concert manejado por un tipo bastante turbio. Este representante les ofrece la oportunidad de dar el gran salto en «El show de Tito», el programa más visto de la televisión. Pero a un costo muy alto, a cambio de resignar la dignidad, entre otras cosas. En la tercera parte se encuentran todos los personajes, tres o cuatro años después, en el set de televisión.

P.: No hay que esforzarse mucho para encontrar varios equivalentes en el show business nacional.

T.F.: Es cierto. En la TV argentina pasan cosas muy similares. La obra habla del universo actoral y en particular de los humoristas. Se habla de sus egos desmedidos, de los vaivenes de la fama, de los momentos de inseguridad, en que uno pasa de estar en las estrellas a vivir bajo tierra. Es una profesión muy inestable de por sí. Los períodos sin trabajo son comunes y recurrentes. Hay que hacerse amigo de la idea y ahorrar para aguantar los períodos de inactividad.

P.: Pero usted no tiene ese problema.

T.F.: No crea. Cada tanto me ha tocado cuatro o cinco meses de espera. El año pasado hice «Código de familia» en teatro y tuve varias participaciones televisivas, en «Contra las cuerdas», «Un año para recordar» y en «Los únicos», donde interpreté a un villano muy divertido. Este año, en cambio, tuve varios baches en los primeros meses. Y después vino todo junto. Tengo varios proyectos de cine.

P.: ¿Qué prefiere, drama o comedia?

T.F.: Si es una tira televisiva, prefiero la comedia. Porque la tira diaria tiene un ritmo tan vertiginoso que sobrepasa a los guionistas. Si es comedia los actores podemos aportar cosas que ayudan a que el libreto resulte más interesante. Cuando surge una situación graciosa uno puede pescarla al vuelo y desarrollarla sobre la marcha. En cambio, con un drama diario no hay tanta cintura.

P.: ¿Es cierto que en «Botineras» le dieron carta libre para improvisar?

T. F.: Sí, cuando el programa fue girando hacia un policial más oscuro, mi personaje (el futbolista fiestero Adrián «Anguila» Muñiz) se mantuvo en tono de comedia.

P.: Háblenos de sus próximos proyectos.

T. F.: Anteayer terminé de filmar «Viento del sur». Es para televisión, un unitario de 8 capítulos sobre la Patagonia en la época colonial, producido por Daniel Stigliano. Todavía no sabemos si irá por Telefé o por la TV Pública. Y además vuelvo a confirmar que soy el actor fetiche de Diego Rafecas. Con él ya filmé tres películas («Rodney», «Paco», «Cruzadas») y voy a trabajar en su próximo film, «Ley primera». Es sobre el conflicto territorial en el impenetrable.

P.: ¿En qué época transcurre?

T.F.: En la actualidad. El conflicto surge cuando una multinacional intenta comprar tierras para talar los árboles y plantar soja, desplazando así a los auténticos dueños de esas tierras. Empezamos a filmar en el Chaco en el mes de octubre. Después me esperan otro par de películas de las que todavía no puedo hablar porque tengo que ver como encajo todas estas piezas en mi agenda. Además, con las funciones de «Buenas noches, muchas gracias» no voy a poder viajar mucho.

Entrevista de Patricia Espinosa