13 de noviembre 2009 - 00:00

“Francia” con Oreiro, también en Mar del Plata

Mar del Plata - El rincón de las conferencias de prensa rebalsó ayer de público. Era casi una multitud, que apenas dejaba lugar para los periodistas. Es que estaba Natalia Oreiro. Sencillita como siempre, algo disfónica, pero bien predispuesta, la estrella presentó «Francia» junto a su director Adrián Caetano, Mónica Ayos y Daniel Valenzuela. Faltaba la protagonista, Milagros Caetano, ausente en cumplimiento de su escolaridad. «No me gusta que hagan trabajar a los niños», declaró Natalia, «pero en este caso el rodaje fue muy distendido, y Milagros lo vivió todo con sentido lúdico».

«Ya en Un oso rojo hablé de la relación entre padres e hija (y justo había nacido mi hija), pero desde entonces yo sentía una deuda con la ternura. A eso se debe la relación de padres e hija en Francia, y el estilo mismo de la película», cerró Caetano. En efecto, la obra es sorprendentemente tierna, y hasta parece livianita, casi como apuntes de la vida cotidiana de una nena con sus padres separados que viven juntos por falta de plata, pero su mirada logra cierto peso en temas de importancia cotidiana. Actriz y director fueron severos, en cambio, con las malas de la película: las maestras que no prestan debida atención a sus alumnas.

Pequeña, refrescante, «Francia» fue la gran atracción de ayer en la competencia oficial. La otra, «V.O.S.» (versión original subtitulada), artificiosa pero entretenida, resultó una comedia de costumbres donde se alternan catalán, castellano, y algo de euskera, supuesta realidad y representación, y, sobre todo, se alternan parejas. Esto último es más fácil de entender. En cuanto a lo otro, para cierto armado escenográfico el catalán Cesc Gay recurre a su viejo compañero, el argentino Daniel Gimelberg, con quien había debutado en la codirección de «Hotel Room». Gimelberg es hoy más conocido como director de arte de «El ratón Pérez» y otros desafíos similares.

La competencia se completa mañana con «Life During Wartime», de Tod Solondz, que viene algo desprestigiado, y «Un hombre que comió sus cerezas», de Payman Haghani, Iran, un tapado a tener en cuenta, según entendidos. Si no se destapa lo suficiente, todo hace pensar que los premios Astor podrían repartirse entre la palestina «El tiempo que resta», de Elia Suleiman, ausente, «Habitación y media» (lástima que este año no participen los jurados de técnicos y directores de fotografía), «Cinco días con Nora», «Mother», y acaso también «Francia», «Vikingo», y «Mal día para pescar». Pero con los jurados nunca se sabe.

En la competencia latinoamericana picó en punta «Pecados de mi padre», que ayer fue presentada por el propio Juan Pablo Escobar, hijo del famoso narcotraficante. Momento único, la sincera charla de Escobar con los espectadores. Y en la competencia argentina «Andrés no quiere dormir la siesta», emotiva, bien hecha, ambientada en los 70, justificó sus cuatro premios ganados en Montreal y Trieste.

Cuatro actividades al margen, que vale la pena señalar: Sergio Neuspiller presentó sus cortos didácticos en 3D («El sistema solar en una cancha de fútbol», «Big Bang», «Salva tu planeta») y hoy da con Gustavo Cova («Boogie el aceitoso») una charla sobre la técnica del 3D en la Argentina. Lástima que para esta sección no se haya recuperado el primer corto argentino en 3D, «Buenos Aires en relieve», presentado en Mar del Plata 1954 (una copia plana se conserva en el Archivo General de la Nación).

El festival presentó ayer un esfuerzo también digno de relieve, «Homero Alsina Thevenet. Obras incompletas, Tomo I», 976 páginas de letra apretada, abarcando sus críticas y comentarios desde 1937 a 1955. La idea es publicar tres tomos, a uno por festival. Gran trabajo de recopilación, a cargo de Fernando Peña, Álvaro Buela y Elvio Gandolfo, aquí hay que sumar otro elogio: este año los cuatro libros presentados llegaron a tiempo (así es, también cambiaron al encargado).

Elogiable también, y muy divertida, la charla pública de Juan José Campanella con José Martínez Suárez, su maestro. Hoy habrá otra que también promete regocijo, entre Martínez Suárez y el humorista español Javier Fesser («El milagro de P. Tinto» y los cortos de la abuela pateadora, pero también «La gran idea de Binta» y la estremecedora «El camino»).

Por último, la resurrección del Glostora Tango Club, con dos documentales dignos de verse, «Tango, una historia con judíos», de Gabriel Pomeraniec (impagable la escena de Héctor Galvé recordando un tema lastimero bien de idische mamme popularísimo en los 50) y «El último aplauso», de Germán Kral, sobre la resurrección del Bar El Chino. Hubo una ovación cuando el público descubrió a los cantantes del film en la sala. Anoche, el elenco hizo también una actuación muy festejada al pie del Provincial, lo que impuso, de cajón, un tema inevitable: «Frente al mar». Hoy todavía se presentarán algunas películas. Mañana promete ser el día de la verdad, en más de un sentido.

* Enviado Especial

Dejá tu comentario