14 de marzo 2017 - 00:00

Francisco cumplió cuatro años con amor en la calle y resistencias en la Curia

Ciudad del Vaticano - El camino de reformas que comenzó ayer hace cuatro años el papa Francisco atraviesa su momento más delicado con la oposición de una pequeña, pero poderosa, parte de la Curia que pone trabas a cualquier cambio en la Iglesia Católica.

La caja blanca que Benedicto XVI entregó a Francisco en Castel Gandolfo pocos días después de ser elegido el 13 de marzo de 2013 con los fascículos de los problemas internos en la Curia sigue presente en el pontificado del argentino.

Francisco explicó tras ser elegido que, durante las asambleas previas al cónclave, la mayoría de los cardenales pedía reformas en una Iglesia demasiado encerrada en el Vaticano, con una estructura demasiado compleja y poco transparente en sus cuentas, y comenzó con ahínco su faena. Por ello, decidió crear una comisión de ocho cardenales, a los que se sumó el secretario de Estado, Pietro Parolin, para que se ocupase de la reorganización de la Curia.

Algunos de los cambios ya se observan, como la creación de un Pontificio Consejo de la Comunicación o una Secretaría de Economía, que está poniendo orden en las cuentas de la Santa Sede, así como la transparencia del Banco Vaticano.

El Papa impulsó investigaciones sobre casos de pederastia, descentralizó las causas de nulidad matrimonial, abrió una discusión sobre el diaconato femenino y permitió que los sacerdotes puedan perdonar a mujeres que hayan abortado y estén arrepentidas.

Algunos de estos cambios ya habían provocado el murmullo dentro de los muros vaticanos, pero fue sobre todo la publicación de "Amoris laetitia", la exhortación escrita a la conclusión de los dos sínodos sobre la familia, lo que desencadenó una batalla interna contra Francisco.

Cuatro cardenales exigieron al pontífice que resolviese cinco "dudas" sobre la "Amoris laetitia", sobre todo relativas a la posibilidad de que los sacerdotes den la comunión a los divorciados vueltos a casar.

Resistencias aún más graves fueron las que denunció la irlandesa Marie Collins, víctima de abusos por parte de un cura cuando era adolescente y que formaba parte de la Comisión para la Protección de Menores, quien dijo que la Congregación para la Doctrina de la Fe bloqueó la creación de un tribunal que se tenía que ocupar de recoger las denuncias de las víctimas.

Agencia EFE

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